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Claudio López de Lamadrid y Javier Cercas
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Claudio López de Lamadrid y Javier Cercas

Javier Cercas nos muestra en “El impostor” el gran engaño de Enric Marco

“Todos somos novelistas de nosotros mismos”

Por Javier Velasco Oliaga
lunes 17 de noviembre de 2014, 08:40h

Vivimos tiempos de impostura. Todos tenemos un poco de impostores, de mentirosos. Algunos más que otros, evidentemente. Pero si alguien se lleva la palma ese es el sindicalista catalán Enric Marco. Javier Cercas, en su nueva novela “El impostor”, nos cuenta la historia de esa persona que fue capaz de engañar a todo el mundo diciendo que era superviviente de un campo de exterminio nazi. Hasta tal punto que llegó a ser presidente de la asociación española de los supervivientes.

  • Javier Cercas

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Javier Cercas (Fotos: Javier Velasco)
Javier Cercas (Fotos: Javier Velasco)

Cómo se monta una historia como la que él fue capaz de idear, es algo increíble. “Hasta los cincuenta años fue una persona gris, oscura, dedicada a su trabajo de mecánico en un taller cercano al Nou Camp”, describe el escritor extremeño Javier Cercas en la rueda de prensa que convocó para presentar su última novela El impostor. Eran los tiempos de la Transición y comenzó a militar en la CNT. Allí consiguió ser Secretario General de la Federación catalana en 1977 y, posteriormente, de todo el Estado español, hasta que fue expulsado.

Coqueteó con asociaciones de padres, pero vio un posible filón con la llegada de la memoria histórica. Buscó un campo de concentración donde apenas hubiera habido españoles, y como el tiempo se muestra inexorable con los supervivientes, lo dejó correr, hasta que no quedase nadie en algún campo de exterminio. Flossenbürg fue el campo escogido para su coartada. Sólo 14 españoles estuvieron en ese campo, uno de los pocos en suelo alemán, y en la década de los noventa ya no quedaba nadie con vida. Ese fue el gran momento de Enric Marco.

Sólo 9.000 españoles fueron deportados en los campos de exterminio nazi. En los años noventa muy pocos quedaban con vida. Muy pocos podrían contradecir lo que él contaba en decenas de entrevistas, en centenares de actos. Hasta llegó hablar en el parlamento español ante la mirada bobalicona del presidente Rodríguez Zapatero. “Carme Chacón lloraba a moco tendido oyéndole hablar en aquella ocasión”, recuerda el escritor. ¡Daba gusto oírle hablar! Tanto es así que iba a hablar en la conmemoración del cincuenta aniversario de la liberación del campo nazi de Mauthausen-Gusen ante los presidentes austriaco y español, entre otros. Engañó a todos, bueno a todos, no. Siempre hay alguien al que todo esto le chirría, que pone el sentido común del raciocinio. En este caso fue el historiador Benito Bermejo el que señaló que Marco estuvo en Alemania, pero como trabajador voluntario del franquismo, como lo atestiguaban diversos papeles del ministerio español de Asuntos Exteriores.

Bermejo fue tachado de miserable y de traidor. Pero la realidad al final prevalece y el escándalo estalló llevando por delante al gran impostor. “Yo he querido narrar la historia ficticia de este gran impostor, pero también la real, por eso he escogido hacer un thriller de indagación sobre las falsas pistas de la vida de Enric Marco”, explica con soltura el autor de El vientre de la ballena.

“Me interesa la historia de Marco por lo extraordinario que es él. Es radicalmente normal y, al mismo tiempo, radicalmente extraordinario. Su vida es asombrosa, histriónica. Lo es a lo bestia, a lo grande”, describe Javier Cercas al protagonista de su libro y añade “pero aún más me interesa porque todos somos un poco como él. Todos mentimos en nuestras vidas, todos somos unos pequeños impostores que nos montamos la vida que nos gusta porque no estamos contentos con nuestras vidas”.

A todos nos gusta ser aceptados por los demás, “pero para Enric Marco esto era enfermizo. Era un auténtico sociópata. Siempre en primer plano y en medio de cualquier fotografía. Buscaba el que le quisiesen, que le admirasen y todo lo hacía de forma altruista, nunca lo hizo por dinero, no cobraba en ningún sitio al que iba a hablar. Esto nos muestra la incapacidad que tenía para vivir con la realidad”, afirma con rotundidad el autor de Las leyes de la frontera.

“Todos somos novelistas de nosotros mismos”, apunta el novelista. Y la vida de Marco no deja de ser una peculiar lectura de El Quijote. “Enric Marco se inventa una personalidad. Se convierte a sí mismo en un héroe”, reflexiona. Su capacidad de decir sí a todo es infinita, ahí nace la impostura. Por eso, como sostiene el autor, impostores somos todos. El único que no lo fue es el historiador que denunció la alteración de la historia real. “Benito Bermejo sí que fue un héroe; dijo que no cuando todo el mundo decía que sí en esa gran fiesta de la memoria histórica”, puntualiza el autor.

Javier Cercas se mostró muy crítico con la ley de la Memoria Histórica, de la que dijo que “soy muy crítico con esa ley. Perdimos la última oportunidad de poner todo en su sitio porque no ha servido para nada. El Estado tenía la obligación de hacerlo sin ninguna ley, sólo ha valido para sacar réditos políticos para algunos, por desgracia”, explica con conocimiento. La solución habría sido “resarcir a las víctimas de la guerra y de la dictadura por completo y afrontar el pasado español de la forma más dura y crítica posible. Algo que no es fácil”, asevera convencido. El único país que lo ha hecho realmente bien ha sido Alemania.

Y no es fácil porque en su opinión en España se creó la industria de la memoria. “Se sustituyó lo objetivo por lo subjetivo y se convirtió en un negocio. Esa industria produce un pasado embellecido, un falso pasado”, aclara. Y ahonda más cuando señala que “vivimos el chantaje del testigo. Hemos aceptado que el testigo siempre dice la verdad. Pero el testigo, la mayoría de las veces, no se entera de casi nada. Y la perversión absoluta es la conversión de las víctimas en héroes. Las víctimas sólo son víctimas. Los héroes son los que dicen que no, cuando todos dicen que sí”, reitera convencido y convincente.

Además, Javier Cercas se mostró disgustado cuando se le dijo que si sus novelas son históricas. “Mis novelas hablan del pasado para explicar el presente. Ocurría en Soldados de Salamina y ocurre en El impostor. Creo que el presente sin el pasado no se entiende, de ahí que me valga del pasado para explicarlo, pero nunca se debe calificar a mis novelas como históricas”, apostilla.

Para finalizar no quiso dejar pasar la oportunidad para recalcar que la historia que ha contado es la mejor con la que se ha encontrado en su vida. “Espero haber estado a la altura de esta gran historia. Una historia en la que, por otra parte, nadie queda bien. Ni siquiera yo”, finaliza con ironía.

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