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Javier Gómez Santander
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Javier Gómez Santander (Foto: Javier Oliaga)

Javier Gómez Santander presenta su novela negra “El crimen del vendedor de tricotosas”

“El Quijote es un bestseller desde el primer día, uniendo calidad y diversión”

sábado 12 de septiembre de 2015, 10:22h
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Hubo un tiempo que las tricotosas estuvieron de moda, se publicitaban por la radio y la venta de máquinas de coser era un negocio muy productivo. No había casa en que no hubiese una Singer u otra por el estilo, hasta recuerdo una tienda de dichas máquinas en la glorieta madrileña de Cuatro Caminos. Era el Madrid de las modistillas; sí, aquéllas que en San Antonio, 13 de junio, iban a echar los alfileres al santo en el paseo de la Florida para encontrar novio.


  • Javier Gómez Santander firmando su libro


  • Javier Gómez Santander junto a nuestro colaborador Nikolay Yordanov

Javier Gómez Santander
Javier Gómez Santander (Foto: Javier Oliaga)

Creía que eso había pasado. Estaba en un error y Javier Gómez Santander me ha hecho salir del mismo. El que fuera director del programa televisivo, La sexta columna y tertuliano de Al rojo vivo , ha vuelto a poner de moda las tricotosas con su primera novela publicada, ya que nos confesó que había escrito otra antes que no ha visto la luz. Para ello, se ha inventado un protagonista, Daniel Ortiz, que si en un principio parece un poco paleto, por su manera de desenvolverse en la M-30 madrileña, inmediatamente después nos sorprende por su manera de conducirse. “El único protagonista de la novela que no es real es Daniel”, dice en la presentación. ¡Vaya pena, me hubiera gustado conocer a alguien como él!

Todos los demás personajes están sacados de la vida real, o bien son conocidos, amigos y hasta familiares. “Muchas de las frases que utilizo son de mi padre”, nos desvela el autor de "El crimen del vendedor de tricotosas" y añade “hice la novela para regalársela a mis amigos por Navidad”. Quizá porque muchos se sienten reflejados en los personajes que ha escrito, aunque los ha desfigurado un poco, claro está, para que no le terminen tomando ojeriza. Algo que creo no pasará porque es una persona afable, cercana y simpática. Vamos, un tío que cae bien. Por lo menos a mí sí.

Quizá también sea porque hemos sido vecinos del mismo barrio de Fuenlabrado o porque una parte de su novela discurra cerca de mi pueblo en la Sierra Pobre madrileña, bueno, ahora la llaman Sierra Norte pero siempre ha sido pobre, muy pobre y olvidada hasta hace unos pocos años. Sus descripciones de Miraflores, Rascafría, Lozoyuela o El Berrueco se ajustan perfectamente a la realidad y quien tenga oportunidad de leer mi cuento Virgen de teta, publicado en una antología de la editorial Pigmalión se darán cuenta de cómo son esos pueblos de piedra berroqueña, piedra conocida como granito, y que ya saben de dónde viene el nombre, son fríos, ventosos y solitarios. En invierno nadie camina por ellos y parecen casi desiertos. Si a eso unimos que el protagonista huye de unos nazis, la mezcla es explosiva, pero no vamos a contar el final.

Cansado del ritmo frenético de la televisión, decidió parar unos meses, dos concretamente y pedir una minúscula excedencia para escribir el libro. En tan sólo dos meses prepara una primera versión de la novela. Se la envía a un amigo editor de libros de no ficción y le dice a los pocos días que se la publica. Como en la cadena que trabaja son los dueños de la editorial más grande de España, no puede por menos que decirles que tiene una novela negra. Ese sentido corporativista se demuestra eficaz, ya que a Planeta le gusta la novela y le dice que se la quiere publicar. Se pone a realizar las correcciones y en otros dos meses tiene ya la versión definitiva. “Fueron muy indulgentes conmigo respecto a los plazos. En todos me retrasaba”, confiesa divertido.

La paciencia de Planeta parece justificada y aunque no llegó a la Feria del Libro, lo cual era su primera intención, sí ha llegado de los primeros a la temporada de otoño y eso que no tenía ni título. “Soy malo titulando y creía que en la editorial tendrían buenos tituladores, como así ha sido”, comenta. Así que ya con ese título que nos retrotrae a tiempos pretéritos se pone a la venta con el éxito garantizado, porque a los amigos que la han leído les ha gustado y como, además, tiene muchos amigos, el éxito puede ser monumental ya que los lectores tienen ganas de divertirse y pasar un buen rato leyendo, -no mucho-, porque la novela se lee con rapidez.

“Mi intención era pasármelo bien y que lo pasasen bien los lectores”, dice en la presentación del libro. Ya sabemos que el género de humor parece mal visto por muchos lectores pero hay que recordar que “El Quijote es un bestseller desde el primer día, uniendo calidad y diversión”, afirma. No es que quiera compararse a Cervantes, pero sí reivindicar la novela de humor. Humor que él derrocha por los cuatro costados contando anécdotas divertidísimas que le han sucedido.

Realmente se lo ha pasado bien escribiendo su novela y se nota. “El crimen del vendedor de tricotosas” es muy divertida, con un ritmo rapidísimo que él ha aprendido trabajando en televisión. “La novela es un continuo quebranto donde todo se va rompiendo rápidamente, teniendo la sensación de que se está cayendo por un precipicio”, analiza su propia obra.

Reconoce que no es todavía consciente de lo que ha realizado. “Soy muy torpe sintiendo; es ahora cuando estoy empezando a disfrutarla, de darme cuenta de lo que he hecho, “nunca se sabe lo que puede hacer gracia hasta que no escuchas los comentarios de los lectores”, comenta. Y se emociona cuando lee las primeras críticas publicadas, que no pueden ser más favorables. Con esta novela ha aprendido una cosa fundamental para él: “he aprendido a trabajar sin obsesionarme. Cortar del trabajo y olvidarme para poder escribir”. Tal es así que no está obsesionado por escribir una nueva novela. Cuando salga saldrá, pero seguro que será pronto porque el gusanillo de la literatura recorre sus venas y el humor también, “me reía muchos mientras escribía”, concluye. Y ahora son los lectores los que se ríen con este Daniel Ortiz que lo más importante que había hecho en su vida era comprarse un colchón visco elástico.


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