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Vicente Garrido y Nieves Abarca
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Vicente Garrido y Nieves Abarca (Foto: Javier Oliaga)
Antonio Garrido y Nieves Abarca
Antonio Garrido y Nieves Abarca (Foto: Javier Oliaga)

Entrevista a Nieves Abarca y Vicente Garrido, autores de “Los muertos viajan deprisa”

“En una novela tiene que haber mucha sinceridad”

lunes 08 de febrero de 2016, 10:03h
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Nieves Abarca y Vicente Garrido son una extraña pareja que ha unido el destino. La primera impresión es que se llevan mal, pero nada más lejos de la realidad. Discutir, discuten mucho, pero es por un afán de perfeccionismo. Ambos quieren que sus tramas, sus novelas e incluso sus entrevistas, resulten lo mejor posible. Con ese mismo afán han escrito su cuarta novela negra que lleva por título “Los muertos viajan deprisa”.

  • Vicente Garrido y Nieves Abarca

    Vicente Garrido y Nieves Abarca


  • Vicente Garrido y Nieves Abarca

Vicente Garrido y Nieves Abarca
Vicente Garrido y Nieves Abarca (Foto: Javier Oliaga)

Los protagonistas de la novela son los mismos de su famosa saga: la inspectora de policía Valentina Negro y el criminólogo Javier Sanjuán, que en esta ocasión se tendrán que enfrentar a un cruel y violento violador de adolescentes. Hasta aquí todo muy de novela negra, pero la originalidad que han encontrado ha sido el entorno: llevar la trama a una conocida semana de novela negra.

El primer crimen se produce en el tren donde escritores y protagonistas se desplazan desde la capital de España hasta Gijón. “Ha sido un poco como venganza. Llevamos cuatro novelas negras y no nos han invitado a asistir a la Semana Negra de Gijón, así que hacemos que se cometa un asesinato allí y creamos nuestra propia semana negra, pero esta vez en A Coruña”, cuenta la escritora gallega Nieves Abarca, que con toda la razón se ha montado una semana negrísima en su tierra.

Si bien Nieves es gallega, el criminólogo, escritor y profesor, en su día, de Nieves, Vicente Garrido, es valenciano. Parece que se han juntado dos escritores de tierras con fama de corruptas en cuestiones políticas. Una desde Galicia y el otro desde Valencia mantienen una comunicación fluida para poder escribir sus novelas. “Charlamos interminablemente por teléfono o por mail. Llevamos años así, discutiendo, a veces de forma árida pero siempre reconduciendo nuestro trabajo”, explican casi al unísono quitándose la palabra, uno a otro, esta pareja de escritores que recalcan que no son pareja sentimental. ¡Mejor! Así pueden discutir con más libertad.

Cuando empiezan a escribir lo hacen sobre una “idea principal” que se les ha ocurrido. Después comienza un proceso de construcción con “brújula”, sabiendo de dónde parten y a dónde quieren llegar. “Las peripecias concretas las desconocemos, este es un proceso muy intuitivo que hacemos capítulo a capítulo”, aclaran. Se dividen el trabajo por capítulos. “Estos dos los escribes tú y estos dos yo”, se dicen, luego se los intercambian y los corrigen las veces que hagan falta hasta que quedan convencidos de que funcionan y procurando que sea un único estilo.

Los muertos viajan deprisa” comienza con dos tramas independientes que se terminan por unificar. Aunque el comienzo es bastante violento, quizá lo más fuerte de la novela, la trama se relaja, hasta tal punto, que sus lectores la consideran las más “light” de su producción aunque la violencia está latente en toda la novela. Los personajes están basados en personas reales de la sociedad que gallega: “lo incluimos de forma subrepticia”, confiesan, siempre después de consultar a los abogados de la editorial por si acaso.

Muchos de estos personajes son aceptados por la sociedad. Vemos todos los días cómo ciertos personajes salen de la cárcel y son llevados a los platós de televisión. “Estos personajes que han formado parte del establishment son aceptados inmediatamente. Además, la administración funciona de manera corrupta de forma endémica”, sostiene Pilar Abarca.

“En nuestra novela tiene que haber sinceridad”, opinan. Es algo necesario para producir un buen libro. “Aunque al lector no hay que darle todo de forma muy explícita, hay que intentar crearle dudas para que forme su propia opinión”, mantienen con contundencia. También están de acuerdo, -al final están mucho más de acuerdo de lo que ellos mismos reconocen-, en que la novela policiaca no tiene que ser un reflejo de las injusticias de la sociedad, no ha de ser una novela social, ni debe ser una obra de tesis.

Para esta singular pareja de escritores, lo importante de la novela no es que denuncie injusticias, sino que esté bien escrita y que se aleje lo más posible de los clichés. “La trama de la novela negra ha de ser interesante y que tenga una cierta profundidad interior y esa profundidad ha de ser sobre todo psicológica, que trate las motivaciones que llevan a los personajes a cometer los actos”, puntualizan con precisión casi forense.

“Lo que nos gusta reflejar en nuestras novelas es que los policías son muy humanos y no llegan a todo. De hecho, los hallazgos más importantes no los hace la policía, sino los ciudadanos a través de las llamadas. Por eso nos gusta destacar que el trabajo policiaco es sobre todo un trabajo en equipo”, expresan ambos. Convertir a los policías en cercanos, huir de los súper héroes es uno de sus objetivos principales.

Para Vicente Garrido “el mal nunca podrá ser derrotado en sentido absoluto. Lo único que puede hacer la policía es acotarlo o detenerlo. La policía siempre es débil frente al mal y a la violencia. Si no fuese así, desaparecería la delincuencia”. Pero siempre quieren tratar aspectos potentes de la profesión para hacerlo atractivo a los lectores y tratar a los personajes en sus múltiples facetes, con sus claroscuros.

Nieves Abarca reconoce que no le gusta la actual novela negra nórdica, “los aborrezco”. Sus autores favoritos del género son Jim Thompson y Patricia Highsmith. Vicente Garrido es más clásico, es un gran seguidor de la novela victoriana y de escritores como Gaston Lerroux y cree que en “la novela hay muchos momentos hamletianos”.

Pese a los problemas que pueden surgir de escribir una novela a cuatro manos, ambos creen que “fue más fácil acabar la novela por el hecho de ser dos que si la hubiese escrito uno solo, aunque nos ha costado mucho escribirla: todo un año. Pero cuando uno de los dos se quedaba bloqueado, el otro le desatascaba”. En cualquier caso, hay que reconocer que el tándem funciona y que se lo pasan bien. En la conversación que mantuvimos con ellos se notaba un buen rollo increíble y se percibe también en la novela, ya que pese a lo que pueda parecer, “no es una novela atormentada”.

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