27/10/2026@10:50:00
Pocos lugares han dado tanto juego a la novela del siglo XIX como una sala con tapete verde. Allí cabían el aristócrata arruinado, el oficial ambicioso, la viuda que observa desde una esquina y el croupier que anuncia el número con la misma voz para todos. Balzac, Pushkin y, ya en el siglo XX, Stefan Zweig entendieron que bastaba con sentar a un personaje frente a una ruleta o una baraja para que la historia echara a andar.