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El pelotazo
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El pelotazo

EL PELOTAZO

El cuento de nunca acabar
lunes 26 de octubre de 2026, 17:16h

El dinero no siempre compra el silencio, pero a menudo financia la función principal.

El pelotazo
El pelotazo

En este gran teatro de la corrupción, un alcalde sobrevenido, el alcalde Damián, se prepara para dar el pelotazo de su vida, transformando un bosque centenario en un tablero de monopolio donde los árboles caen al ritmo de una pegadiza melodía de tres millones de euros, como mínimo.

Dicen que dicen, y cuentan que cuentan, mientras cantan que cantan, en este El pelotazo de Miguel Morenza, en la Sala Tarambana y en los pasillos del ayuntamiento, de cualquier ayuntamiento, que se rumorea lo que luego desmienten en voz alta.

Dicen y cuentan y cantan que las excavadoras calientan motores mientras el edil sonríe ante el espejo, ensayando el discurso del "progreso sostenible". Los papeles se firman con pluma de oro bajo mesas de madera noble, sellando el destino de una fauna y flora que no vota ni cotiza en bolsa. El tiempo apremia. Una legislatura es un suspiro, cuatro años se pasan volando, una loca carrera contrarreloj donde los escrúpulos estorban y la meta consiste en llenar los bolsillos antes de que suene el silbato final.

Hacen y deshacen a su antojo. Enmudecen las quejas de los idealistas ecologistas con promesas de empleo o amenazas de ostracismo. Compran voluntades, venden el patrimonio de todos y causan un estupor generalizado que se ahoga en el ruido del hormigón y en las piscinas prometidas. En este patio de monipodio, todos son amigos entrañables, compadres de cacerías y banquetes, hasta que alguien decide no seguirles el juego o hasta que aparecen unos huesos que hay que estudiar, primeramente. Entonces, la sonrisa del político se congela y la maquinaria del poder aplasta al disidente sin pestañear.

Juegan con la ingenuidad de la gente llana, de esa ciudadanía que aún confía ciegamente en el buen hacer de sus representantes, en la justicia de las leyes y en los cuentos de hadas democráticos. Mientras, el pueblo mira hacia el balón esperando el ansiado gol de la victoria colectiva, los de arriba meten el tanto en su propia portería financiera, anotándose un beneficio netamente superior a cualquier inversión moral. Es el verdadero pelotazo, un disparo directo al corazón de la honradez pública.

Emprender proyectos temerarios donde el cemento sustituye a las raíces parece el deporte nacional. No importa cargarse el pulmón verde de la región si las comisiones florecen con más fuerza que la primavera. Los desmanes, por todos sabidos y por pocos castigados, se convierten aquí en una divertida fábula tragicómica. Las canciones suavizan el golpe, pero no ocultan la cruda realidad de unos personajes desahuciados de toda decencia, interpretados por Reinaldo Peñalver, Paloma San Millán, Adrián López, Jon Toro y Álvaro Roig.

Al final, las conciencias inocentes, o aquellas que simulan serlo para dormir mejor por las noches, se sientan en el patio de butacas a contemplar el desastre. Nos va como nos va porque la verdad se tapa, se disfraza de falso progreso o se diluye en el frenético ritmo de un musical hilarante, de un teatro de bajo presupuesto, de una fábula no precisamente de Samaniego, de un cuento de los de León Felipe, que se los sabía todos.

Pero la mierda flota, y aunque la tapen con asfalto de lujo, el eco de este pelotazo urbanístico seguirá sonando, recordándonos que, en esta vida, a veces, los peores goles nos los meten desde el propio palco presidencial.

 

INFORMACIÓN

EL PELOTAZO

Guion, Dirección y producción: Miguel Morenza

Elenco: Reinaldo Peñalver, Paloma San Millán, Adrián López, Jon Toro y Álvaro Roig

Una producción de El Espejo Producciones

Espacio: Sala Tarambana

 

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