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El ambigú del editor

Cada año que pasa resulta más difícil escoger las mejores novelas históricas del año por la calidad de las obras que se publican. En esta ocasión, las votaciones han sido de lo más dispares y me temo que alguno de los buenos libros que se han editado en este insólito año no han entrado en nuestra clasificación. Se han publicado menos libros, pero precisamente este año las novelas históricas han sido de una calidad extraordinaria. De ahí, que pidamos perdón de antemano por los muchas novelas que se nos han quedado en elo tintero.

En los últimos cinco años estamos viviendo un florecimiento espectacular de la novela histórica en España. En el año 2018, los dos premios de la editorial Planeta que tienen mayor dotación económica, el Planeta y el Fernando Lara, han recaído sobre sendas novelas históricas de Santiago Posteguillo y Jorge Molist. La primera obra es lo que llamábamos, despectivamente hace unos años, una novela de romanos; la segunda una aleccionadora historia sobre Pedro III de Aragón y su conquista de Sicilia.

Coimbra fue capital del Reino de Portugal entre los años 1139 y 1255. El primer rey de Portugal, Afonso I, nació muy cerca de Coimbra, en el castillo de Guimarães, y murió en la capital del reino. Tanto él como su hijo Sancho I se encuentran enterrados, frente por frente, en el ábside del Monasterio de la Santa Cruz, en pleno centro de la ciudad y a unos centenares de metros del rio Mondego que divide en dos la ciudad.

Hoy hemos comenzado mal el día. La noticia del fallecimiento de Pau Donés nos ha vuelto a sobrecoger. Sabíamos de su enfermedad, sabíamos que la había enfrentado con coraje y ahora sabemos qué le vamos a echar de menos. En estos últimos meses, nos hemos acostumbrado demasiado a la muerte. Han sido muchos los familiares y amigos que nos han abandonado, no quiero dejar de recordar a personajes de la talla de Luis Eduardo Aute, Luis Sepúveda y Miguel Artola, entre los muchos que se han ido.

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Justo en el mismo momento que iba a empezar a escribir este artículo, me acabo de dar cuenta que cuando publico en este blog casi siempre lo hago para rendir homenaje a personas que han marcado mi vida para bien. Ayer fue un día muy triste porque me enteré de la muerte de dos personajes a los que siempre he admirado: Sean Connery y Javier Reverte. Al primero le copie las patillas que llevaba en la película de John Huston “El hombre que pudo reinar” para participar en una recreación artística sobre la Guerra Zulú de 1879 en la ciudad de Úbeda donde participé como miembro de las fuerzas expedicionarias británicas, al segundo siempre le quise imitar como periodista y escritor, desgraciadamente no lo conseguiré nunca.

En un reciente viaje a la ciudad portuguesa de Coimbra, antigua capital del Reino de Portugal, tuve la oportunidad de visitar la Biblioteca Joanina, una de esas joyas donde los libros no pueden encontrar un mejor acomodo. Lástima que las restricciones impuestas por el coronavirus no permitan que disfrutemos más de las obras que allí se encuentran. El turismo se ha impuesto y la visita a la biblioteca se ha quedado en un mero paseo por sus desiguales cinco salas. Todo se queda en un mero negocio mal gestionado.