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Gianfranco Calligarich

Un credo: la vida. Una condición: sin límites. Una prisión: Roma. Un refugio: el amor… «Roma… era el único lugar donde podría vivir. Si pienso en esos años, sin embargo, apenas consigo ver con nitidez unas cuantas caras, unos cuantos hechos, porque Roma tiene en sí misma una ebriedad particular que abrasa los recuerdos. Más que una ciudad, es una parte secreta de ti, una fiera escondida. Con ella, no hay medias tintas, o le tienes un gran amor o debes marcharte, porque eso es lo que la dulce fiera exige, ser amada.»

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