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Nuestro poema de cada día

José Cadalso: Un vistazo a su vida y obra literaria

10/10/2025@11:11:00

José Cadalso (1741-1782) -que utilizó el pseudónimo de Dalmiro- se incorpora a nuestra historia literaria con títulos como Los eruditos a la violeta (1772), Noches lúgubres (1793) y Cartas Marruecas (1798). Los eruditos a la violeta se hizo muy popular en la época]; y es una sátira contra un cierto tipo de educación entonces frecuente: la erudición basada en la superficialidad. El contenido y estructura de la obra quedan claramente reflejados en el subtítulo: “Curso completo de todas las ciencias, dividido en siete lecciones, para los siete días de la semana, publicado en obsequio de los que pretenden saber mucho estudiando poco”. El título alude a uno de los perfumes, el de la violeta, que se puso de moda por jóvenes que se las daban de cultos.

LECHUGAS TRAIGO, ¡ÁNIMO PEDRO!

La política se ha convertido últimamente en una casquería. Ya no hay gobernantes como los de antes; ahora les da lo mismo afanar chistorras, lechugas que misales. Antes se las llevaban a Suiza o a Andorra; ahora a la República Dominicana o a Panamá en el "todo vale". Antes no había falcons, ahora sí. Azuzena del Valle lleva un tiempo investigando el argot de esta gentucilla, y nos lo cuenta en "Lechugas traigo, ¡ánimo Pedro!" Sería para reírse si no jugasen con el futuro de tanto contribuyente.

EL PESIMISMO ALEGRE (Mi suicidio)

Mientras la lluvia cae

Cuando estás a punto de desaparecer para siempre por voluntad propia, en pleno uso de tus facultades mentales, sin problemas de salud, mientras la lluvia cae, la víspera del 7 de noviembre de 1925, nos cuentas que no volverás a encontrarte en el espejo, que has soportado toda clase de injerencias externas, pero que también has disfrutado de los mejores sentimientos y has tenido la suficiente sensibilidad para razonar sobre lo bueno y lo malo, sobre los límites del éxito y del fracaso, sobre la soledad y el amor, nos dices que has admitido tus luces y tus sombras, pero que tienes una pistola cargada cuya bala irá directamente a tu corazón.

Claudio Rodríguez: del camino, del hombre

¿Puede haber acaso un arte de sustancia sin la piadosa mirada de los solitarios?
Francisco Calvo Serraller

En el poeta ha de tener cabida necesariamente la certeza. Y por ende la duda. La certeza como virtud y la duda como prevención. La certeza como alegría y la duda como silencio, como reflexión.