• Diario Digital | Sábado, 18 de Agosto de 2018
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ENTREVISTA AL AUTOR DE “Y TODOS ÉRAMOS ACTORES… EN UN SIGLO DE LUZ Y SOMBRA”

Gustavo Gac-Artigas: “El mestizaje siempre me atrajo por la riqueza y complejidad que su fruto representa”

Gustavo Gac-Artigas es un hombre de teatro, activista y eterno enamorado, como el protagonista de su novela. Ahora, publica su nueva obra “Y todos éramos actores… en un siglo de luz y sombra”, una novela muy cinematográfica, tragicómica e iconoclasta basada en la experiencia profesional del autor chileno que en la actualidad reside en Estados Unidos después de haber recorrido medio mundo.

Gustavo Gac-Artigas: “El mestizaje siempre me atrajo por la riqueza y complejidad que su fruto representa”

Y todos éramos actores invita al lector a ser parte activa de un festín y a elegir, dentro de las múltiples posibilidades del texto, aquella parte que perfumará sus sentidos y le abrirá el apetito para degustar nuevos platos. Los invita a acompañar a nuestro héroe por el hambre y la abundancia, a devorar junto a él un rostro asado de cordero, regalo de los dioses y de los indios del altiplano boliviano. En la entrevista, Gustavo Gac-Artigas nos descubre buena parte de los misterios que hay detrás de las páginas de su novela.

“Y todos éramos actores” es su nueva novela. ¿En qué género la encuadraría?

Ya el título nos da una primera pauta, una novela en la cual el autor es parte de la acción y al mismo tiempo de la narración aproximándose así a la definición de "laboratorio de escritura y vida" propuesta por Chloé Delaume en su definición de la autoficción, o puede insertarse en la "ficción que emplea acontecimientos reales" propuesta por Doubrovsky. Como toda novela, puede insertarse o encasillarse de acuerdo a cánones del pasado, sin embargo, la escritura no es estática y a veces desafía los límites al igual que la lectura cambia con el pasar del tiempo y ello nos presenta un desafío tanto al lector como al escritor.

En una nueva propuesta la Dra. Priscilla Gac-Artigas nos habla de "colectficción o ficción colectiva de una época" la que como especialista percibe a través de los cambios en la perspectiva de narración en la novela donde el autor-narrador-protagonista, actor y testigo de la historia, pasa constantemente del “yo” individual de la autoficción a un “nosotros” colectivo asentado en este viaje por un pasado histórico, metáfora del theatrum mundi, donde se va desarrollando su vida y al cual los lectores se van sumando. “Y todos éramos actores” calzaría con esta definición.

¿Vamos hacia una literatura mixta, de maridaje o mestizaje?

El "vamos" me inquieta, la arrogancia llamaría a indicar un camino en la literatura y yo no escribo para abrir caminos. Hombre de teatro incorporo los silencios, las pausas que permiten respirar al lector, al espectador. Individuo nacido en el sur del Sur, en medio de los bosques salvajes, incorporo el lenguaje de los pájaros y de los insectos, el verde de las hojas o el crujir del otoño. Amante de la lengua incorporo la belleza del lenguaje. Hombre de compromiso incorporo la sonrisa y la angustia. Expreso político incorporo el filo de la palabra para cortar las rejas y liberar el pensamiento ensanchando caminos y fronteras.

El mestizaje siempre me atrajo por la riqueza y complejidad que su fruto representa. La simplificación, inmovilismo, falta de manejo de la escritura, el intentar atraer a un lector que no lee o perdió el amor por la lectura y entregar folletines de escaso valor en función de lo comercial sobre lo literario me inquieta.

Su novela tiene mucho de libro de viajes o “road-movie”. ¿Se encuentra cómodo en ese estilo?

Habría que preguntárselo a Homero.

Ahora, el viajar a mi entender tiene dos posibilidades, el viajar de no ver o ver solamente aquello que se puede mencionar sin compromiso para indicar con soberbia "yo estuve allí", ese viajar de catálogos de agencia de viajes, o el viajar de camino no recorrido, de aventura, de descubrimiento, el viajar sin señales, el viajar de mirar hacia el lado, hacia abajo, de mirar las sombras bajo el puente, el mirar aquello que incomoda, ese viajar que enriquece y amplía tu visión del mundo, del país, de la ciudad, del pueblo, de la aldea, del individuo. Es este último el viajar que me interesa.

El viajar por la vida me permitió expandir las fronteras de viajes aprendidos a través de las lecturas de mi infancia, de viajes fantásticos que alimentaron mi curiosidad, de los libros hermosamente ilustrados de la biblioteca de mi padre, pero cuando salí a caminar descubrí el sentido del viaje, conocí a aquellos que me alimentarían, la realidad que sobrepasaría las imágenes de la infancia para dar vida a mi triste oficio: escribir para morir en las páginas de un libro.

¿Influye su condición de hombre de teatro a la hora de narrar?

Sí, y no son las candilejas o los aplausos, son las luces y las sombras, el intento de traspasar el cuarto muro y entregarme al espectador, el estar vigilante para no caer en la tentación de dar lecciones, el entregar preguntas más que respuestas, aquellas que yo desconozco.

El viajar por la vida me permitió expandir las fronteras de viajes aprendidos a través de las lecturas de mi infancia

¿La vida no deja de ser un pequeño teatrillo en la que actuamos?

Sea como espectadores o participantes en los juegos en la Magna Grecia, ambos componentes del teatro del mundo en que vivimos, o la preparación de los diálogos en la Academia de Platón donde el uso de la palabra da voz al escenario del mundo, o el auto sacramental de Calderón, el gran teatro del mundo, este teatrillo que llevamos dentro puede ayudar a dar sentido a nuestra existencia.

Hoy, ese gran teatro del mundo, gracias a la tecnología, se ha expandido tanto que con un clic viajamos junto a Marco Polo, o nos creemos personaje principal y no figurante en el drama, comedia, entremés de una obra en desarrollo.

El problema radica en que quizás hemos perdido la perspectiva de si somos personajes de comedia, de drama o esperpentos, en que hemos perdido la sonrisa y el humor y buscamos dar a nuestra vida el sentido de epopeya cuando quizás el teatrillo de la vida, como dices, se encuentra en las calles y en la carreta de Lope y el personaje se pierde en un clic y cerrar del laptop.

¿Qué tiene de ensayo su novela?

Difícil de encasillar, difícil de definir, sin embargo, me atrevería a decir que nada, por la amplitud de la temática, por la multiplicidad de las voces, lenguajes y visiones que en ella interactúan, por lo que no tiene la ambición de ser educativo o de servir de lección.

Más bien sería un anti-ensayo que se aproxima más al ensayo teatral donde nada está definido, donde se construye la imagen y el texto que verá la luz pública y que una vez terminado cambiará noche a noche, representación tras representación, página a página, lectura tras lectura puesto que, igual que en el teatro donde no hay dos funciones iguales, en un libro no hay dos lecturas similares.

Nos encontramos con una doble historia de amor, una de personas y otra de máquinas. ¿Qué diferencias hay entre ellas?

Cuando los amores son verdaderos y logran romper las barreras, resistir las tormentas, cruzar las quebradas que hay que atravesar sin puentes y se desarrollan en la inexistencia de mapas, señalización y caminos, en ese momento son eternos más allá de la existencia del ser humano, de la máquina que se transformó en ser humano.

La amistad con el camión, el enfrentar juntos la muerte y el hambre nos llevó a amar, y la Bella entre las bellas cobró vida sostenida por los suspiros del camión.

¿Qué tiene el protagonista de usted y viceversa?

Soy, sin serlo, soy. Lo personal existe simplemente como punto de partida para ser abandonado rápidamente y tomar la curva equivocada en los caminos de la creación, para entrar de lleno en el resbaladizo terreno de lo desconocido, lo exterior que te observa, cuestiona, y te ofrece ser parte, sin ser tú, ser parte.

Consecuencias concretas de la dictadura de Pinochet se ven en la constitución chilena que aún no se cambia”

Gustavo GA¿Todavía se viven en Chile las consecuencias de la dictadura de Pinochet?

La dictadura se va alejando, las cicatrices quedan. Consecuencias concretas de la dictadura se ven en la constitución que aún no se cambia. Nostálgicos de Pinochet quedan, pero a mi entender son una minoría.

Dicho esto, y sin olvidar el pasado, me interesa el Chile del futuro, ese Chile donde un movimiento feminista nacido en la Universidad Austral --donde estudié en un momento de mi vida y fui dirigente estudiantil-- se extendió a las diferentes universidades del país y son las estudiantes quienes llevan la batuta y obligan a cambiar las políticas de las autoridades universitarias con respecto al sexismo en la educación. Ese movimiento lleva a interrogarse a los académicos de la lengua, a los escritores, a los hombres en una sociedad machista.

Me interesa el movimiento del Frente Amplio surgido al margen de los partidos tradicionales y que obtuvo el 20% de los votos para su candidata, Beatriz Sánchez, en las últimas elecciones presidenciales a los seis meses de su nacimiento constituyéndose en una nueva fuerza política de peso que cambia el panorama político al que Chile se había acostumbrado tras su regreso a la democracia.

Hay una nueva generación que no olvida, pero que no se queda anclada y quiere construir su futuro más allá de lo que nosotros algún día soñáramos.

¿No cree que es hora de volver o ya se siente estadounidense?

Vivo en los Estados Unidos y no me siento estadounidense, he regresado a Chile y pese a sentirme chileno me siento extranjero. Chile ha cambiado, afortunadamente en algunas cosas, desafortunadamente en otras, como en lo que se refiere a que se ha convertido en una sociedad de consumo e individualista en algunos sectores de la población. Yo he cambiado, afortunadamente, puesto que he vuelto a soñar con los pajaritos preñados de la leyenda. Al despertar cada mañana y dirigirme a mi escritorio me doy cuenta de cuán afortunado soy, llevo mi mundo en mi mente y en mi mundo viven los míos, los míos y los suyos.

¿Cómo son tratadas las voces discordantes por la sociedad?

Depende del tipo de sociedad al que hagamos referencia, si nos referimos a sociedades autoritarias el tratamiento es conocido, represión e intentar ahogarlas por la fuerza o a través del control de los medios de comunicación y la censura.

Paternalistamente, en sociedades democráticas que se niegan a cambiar, al progreso de nuevas ideas, sociedades que intentan conservar el statu quo. Ahí buscan disminuirlas, aislarlas, quitarles el peso, o tras apoyarlas a la luz pública, ahogarlas cuando sienten que no pueden hacer otra cosa, para luego manipularlas y continuar sin cambio.

Dando la apariencia de sumarse a ellas cuando la fuerza de las voces discordantes remece la sociedad y sus fundamentos para desviarlas de su objetivo, sumándose en una actitud populista para no perder privilegios adquiridos cuando ven que es imposible detener el avance.

Baste ver el avance en los derechos de grupos que eran discordantes, el avance en el reconocimiento de la diferencia en materia de género, de, aunque difícilmente, el derecho de la mujer al aborto, el derecho a la educación gratuita y universal en Chile por nombrar algunos.

En resumen, el camino se repite, primero represión o estigmatización, el negarles la voz en el espacio político y los medios de comunicación tradicionales, hasta que sus reivindicaciones se transforman en pueblo, en derecho, en norma, normas que mañana serán cuestionadas por otras voces discordantes que afortunadamente nos dirán que los tiempos han cambiado, que la sociedad ha cambiado, que nosotros hemos cambiado, que es hora de que ustedes, las voces discordantes del ayer, cambien cuando hasta el lenguaje cambia.

¿Se penaliza lo diferente?

Siempre lo diferente ha causado miedo puesto que nos confronta a lo desconocido o a aceptar reglas que ponen en juego nuestra tranquilidad.

Hasta el día en que osan salir a la luz pública clamando sus derechos se les persigue, estigmatiza y acompleja.

Cuántos años le costó a un poeta, ensayista, crítico rebelde como Lemebel en Chile el ser reconocido. Cuántos años le costó grabar con fuego en la sociedad, la Cordillera y la literatura, con sus yeguas del apocalipsis, su reivindicación de loca, no de locura, aunque fue una locura intentarlo, su loca --término despectivo dado a los gais en Chile-- término ennoblecido por Pedro.

Se penaliza sí, se elimina, no.

Siempre lo diferente ha causado miedo puesto que nos confronta a lo desconocido o a aceptar reglas que ponen en juego nuestra tranquilidad.

¿Qué escritores le han influido y a cuáles admira?

Los que cruzan las fronteras llevando marcada en su piel su historia, poemas nunca publicados, aquellos cuyos pies sufren del frío de los inviernos en Chile, o que humedecen sus labios en un caldillo de congrio, aquel que me llevó a la luna para permitirme viajar al centro de la tierra, al hidalgo caballero, pero igualmente a su querido escudero, aquel que preparaba las armas para librar batallas imposibles.

Aquel que me llevó a conocer la magia de su país y cuyas enseñanzas me permitieron salir vivo de esa mezcla de violencia y de amor, aquel que primero navegó turbulentas aguas e innecesarias guerras en pos del amor de su vida cuando a veces el amor de nuestras vidas se encuentra a nuestro lado en medio de la multitud.

Y sin ser escritor admiro a aquel que me enseñó a leer más allá de las palabras, más allá de la intención del autor, que me enseñó a leer reescribiendo en mi mente y en mi corazón, ello me permitió ser valiente y ser cobarde a la vez.

¿Cuál ha sido su relación con el mundo editorial?

Desafortunada. En el mundo editorial de Carmen Balcells en España, quien presentó un primer manuscrito mío, la respuesta por parte de algunas reconocidas editoriales fue "demasiado irónico, el mundo de los refugiados chilenos se puede ofender, no están preparados para una crítica."

Ediciones Du Seuil en Francia, pese a una excelente crítica de Severo Sarduy, en aquella época a cargo de la sección latinoamericana, no me publicó.

Algunas grandes casas editoriales, y se cuentan con los dedos de la mano, declinaron publicarme puesto que, pese a la calidad de la escritura, son libros "difíciles de leer".

En fin, consideraciones donde prima lo comercial sobre la calidad literaria, donde lo que antes era considerado una ofensa, ofensa para el lector, ofensa para el escritor, hoy en día es una cualidad "es fácil de leer".

Me preocupa la concentración del mundo editorial, hermanada con la concentración de los medios de comunicación y con la concentración del mundo editorial de libros de texto. Peligrosa concentración que puede llevar a formatear el gusto del lector, a conducirlo cual los algoritmos intentan conducirlo en sus gustos cinematográficos en Netflix por citar un ejemplo: si leyó esto le gustará esto, o a sus amigos les gustó por lo tanto a usted le gustará, y nos hacen sentir bien "mmm... conocen mis gustos" y uno se siente importante.

O te dicen, publique con nosotros sin compromiso, sin que lo leamos, sin que lo editemos y si el resultado de ventas es bueno lo podemos considerar para ser publicado bajo nuestro sello, pero en el sector serio. Ahora, en este tipo de publicación díganos dónde se ve como autor en los próximos cinco años y dependiendo de lo que pague, porque a partir de ahí no es gratuito, podemos conseguirle estar presente en varias librerías en España, en una feria de libros y conseguirle algunas críticas, todo depende de cómo vea usted su futuro como escritor dentro de cinco años.

O te ofrecen concursos en que participa la encargada o encargado del sector en español quien, y esto es solamente una sospecha, vuelca el resultado a sus autores o a aquel que responda a los intereses de "su" audiencia.

¿Ha tenido algún problema por su condición de exiliado?

No, quizás el ser "sospechoso", cuando a decir verdad prefiero ser sospechoso de querer cambiar el sistema que ser parte de él.

Al expulsarme de Chile, me negaron el suelo que pisaba, pero al mismo tiempo me entregaron el mundo.

Por favor, al leer estas líneas recuerden el tiempo que se vivía y la enorme simpatía que despertó en el mundo nuestro gobierno, el de Salvador Allende, y si pasamos pellejerías muchas de ellas fueron administrativas, pero en todas partes encontramos una palabra de aliento.

Sin embargo, cada vez que cruzaba una frontera me preguntaba si no me la habían cerrado para siempre y si era justo llevar conmigo a mi familia.

Cuán diferente es la situación hoy día de los miles y miles de demandantes de asilo que huyen de la guerra, la violencia y el horror desafiando la muerte para intentar llegar a puerto seguro y despiertan lo peor del ser humano en los xenófobos que los rechazan.

¿Se ha contado todo lo que pasó en la dictadura?

No, nunca se termina de contar el horror, las víctimas están desapareciendo, pero algún testimonio, el de aquellos olvidados por la historia permanece en una gaveta, en un cerebro y algún día saldrá a la luz pública.

No es fácil sumergirse en el pasado y aceptarlo, no es fácil despertar por las noches sudando y temblando, no es fácil responder violentamente a un abrazo de tus hijos cuando te sorprenden y tu mente te traslada al pasado en movimientos bruscos que se te negaron para defenderte.

No es fácil ver la tristeza en sus ojos como no es fácil ver la indiferencia en los ojos de aquellos que no quisieron ver, que quieren no ver por lo que es preferible mirar para el lado que asumir responsabilidades.

¿Hombre de teatro u hombre de letras?

Ambos, en escena escribo con el desplazamiento de mis actores, con las diagonales que abren perspectiva, con miradas, con un subir y bajar de pestañas, con una sonrisa, con una cómplice mirada al espectador, con un diálogo abierto a interpretación.

En mis libros, escribo con silencios, con imágenes que cobran vida en mi cerebro antes de bajar a la página.

Hombre de letras gracias al teatro y a los clásicos, mis maestros.

Defínase como artista.

Un hombre de sueños, pero de sueños ligados a la realidad, alguien que sueña no con el mundo que quise vivir sino con el mundo donde quiero que vivan mis hijos.

Para terminar, ¿cuáles serían las enseñanzas de su “Y todos éramos actores”?

No hay enseñanzas, quizás, si me lo permiten, el leer la novela con la mente abierta, una, dos, tres veces puesto que cada lectura representa una reescritura de un texto que se enriquece con sus experiencias, que se redescubre, un texto que ya no me pertenece y vive en ustedes, los lectores.

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