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EL TEATRO DE SALVADOR RUEDA

LA FUNDACIÓN UNICAJA PUBLICA SU TEATRO EN EDICIÓN DE F. LINARES ALÉS
jueves 12 de febrero de 2026, 12:11h
Salvador Rueda. Teatro
Salvador Rueda. Teatro

El profesor de la Universidad de Granada, Francisco Linares Alés, ha publicado en una magnífica edición cercana a las seiscientas páginas el teatro del escritor malagueño Salvador Rueda. Linares Alés ha publicado un centenar de estudios sobre diversos temas: teoría de la literatura, sociocrítica, comparatismo literario, teatro y semiótica…, y sobre autores como Vicente Espinel, María Zambrano, Américo Castro, Francisco Ayala o el propio Salvador Rueda con diversas monografías sobre este autor malagueño.

Salvador Rueda (1857-1933) es un poeta hoy olvidado a pesar de ser una figura clave en la transición del posromanticismo al modernismo, siendo uno de sus grandes precursores con una evidente renovación del lenguaje poético, la exaltación de la naturaleza, el color y la luz, así como un léxico lleno de plasticidad y una enorme musicalidad y riqueza sensorial. Así lo consideró Rubén Darío como uno de los grandes artífices de este periodo con libros como En tropel (1892), Dianas (1893), El poema nacional (1906)… También cultivó la prosa costumbrista, la novela y el teatro, con obras como El patio andaluz (1886), y la novela El gusano de luz (1889).

El profesor Linares Alés ha reunido en este libro su producción teatral conocida: El Secreto (1891), La musa. Idilio en tres actos (1903), Luz. Comedia en tres actos (1904), La guitarra. Drama en tres actos (1907), El poema de los ojos. Drama en dos actos (1908), Vaso de rocío. Idilio griego (1908), La epopeya del templo (1914) y La vocación. Novela escénica (1921). Lo habitual siempre en Salvador Rueda es que tratara de llevar a la escena las obras antes de ser publicadas, unas obras que están insertas claramente en el modernismo español y en cierto costumbrismo en algunos casos como veremos.

El libro lleva una importante Introducción de más de cuarenta páginas donde Linares Alés realiza un análisis somero de las obras propuestas. Los primeros estudios de Rueda como dramaturgo tuvieron lugar en el XVIII Congreso de Literatura Española Contemporánea, en 2007.

El secreto se centra en una temática sentimental donde están presentes las leyes sociales en un medio social altoburgués. Desarrolla la historia de dos jóvenes prometidos Sofía y Fernando, aunque aquella tiene una aventura con su hermano Luis. El conflicto pivota en torno al secreto. A través de un texto en verso octosilábico logra crear una auténtica poesía verbal y escénica centrada en la hipocresía de las clases altas y su utilitarismo. El idilio inicial parece que comienza desde los primeros versos a verse ensombrecido por el secreto al llegar el amante como invitado. El pasado ejerce su desenlace dramático cuyos efectos vamos viendo a través de un lirismo apasionante. Torres Nebrera observaba su disposición hacia el melodrama cainita, si bien se percibe que su tendencia es claramente crítica contra una sociedad hipócrita que se goza en condenar a la mancillada, como impura, y alabar la hombría y dignidad del seductor, aunque este se cree en la obligación de denunciar ante el hermano el turbulento pasado de su futura esposa.

La Musa, en tres actos, triunfó en los principales teatros de España y América. Un teatro con profundidad lírica cercano al naturalismo de Zola y la hondura de Ibsen. La acción transcurre al final del verano en un medio rural, la Axarquía, donde un duque pasa el verano con la familia y amigos. Hay mucho de lirismo en torno a la naturaleza y una evidente carga soñadora y voluptuosa en su desarrollo, con personajes como los jóvenes de buena posición, Arturo y Carlos, o Medialmeja –un personaje popular- o el duque, que se encargará de convencerlos de la salud y belleza de la naturaleza. El elemento esencializador de la obra. Lo que interesa, por tanto, es destacar las sensaciones y los sentimientos que esta puede generar más que en sí desarrollar una trama teatral, más atento al aire que expresa y su lirismo que al concepto dramatúrgico. El poema que recita María, hacia el final de la obra refleja simbólicamente esa sensación a la que nos referimos: “Adiós, Mar admirable, y adiós, Naturaleza;/ columnas sois del tempo sin fin de la belleza/ cuya infinita bóveda formáis entre los dos”.

Con Luz trataba de conformar una comedia idílica recreando las situaciones como poesía escénica en torno a Luisa, entregada al arte y al amor, pero también permite una lectura social por el enfrentamiento de clase, aunque conducido como un conflicto entre lo espiritual y social. Algunos han querido ver en esta obra, con Luisa como protagonista, antecedentes de la obra Yerma de García Lorca en esta mujer que ni tiene el hijo esperado ni da la sensación de esperarlo. Y sí se satisface, en cambio, a través de la apropiación de la hija del jardinero pobre. Carlos, su marido burgués, vive completamente ajeno a los sentimientos de su mujer, a la que ve como una antojadiza en su espera. Hay elementos simbólicos como los espejos rotos que muestran una visión precisa de esos pensamientos tanto como el énfasis entre el materialismo del marido y el idealismo de la mujer que trata de reconducirlo hacia su ideal. Dice Carlos: “Siempre con la imaginación volando por el quinto cielo”. Y Luisa responde: “Y la tuya, acaso demasiado apegada a la tierra. Con esta niña, yo descendería un poco, y tú ascenderías otro poco. Su corazón, con ser tan pequeño, podría poner a un nivel los dos nuestros. ¡Si fuese nuestra, esta niña!... Mira, si yo pudiera con mil mañas arrancársela a Juan, verías tú qué dichosos habríamos de ser”.

La guitarra y El poema de los ojos son dos textos costumbristas de ambientación andaluza.

La guitarra con la ambientación de los tablaos flamencos y la mujer fatal como símbolo de época, se presenta creando una suerte de predestinación ancestral. Un hombre con dinero siente deseo hacia la bailaora triunfadora, Concha, que también es requerida por un pintor de segunda fila, Paco, aunque ella viva ajena a ambos. Así le dirá Concha a Paco: “Soy… como Dios me jiso, y lo que no haré yo nunca es darle alas a un hombre para que suba y verlo caer”. Esta singular prisión en la que parece encontrarse la conducirá por mal camino cuando Paco, hacia el final de la obra, después de decir que su alegría se le va de las manos y su ilusión entera, coge un revólver y dispara a Concha diciendo: “La muerte a mí no. ¡Yo ya estoy muerto! ¡A ti, a ti; cae tú, que has hecho pedazos mi vida!”. Para concluir al final: “¡Muerta!, ¡Muerta, sí! Yo la maté. ¡Matarme a mí, matarme a mí!”.

El poema de los ojos transcurre en un lugar cercano al mar y con gente del pueblo, y con él trasciende la ceguera y el sufrimiento del personaje que la experimenta, Juan, en un texto de exaltación simbólica y mitográfica.

El pescador Juan está ciego y su madre Frasca hace las veces de trabajadora de la mar para sustituir a su hijo. Y en este ambiente el enamoramiento de Juan de Rosalía, de la que está enamorada a su vez Pedro, crea también una estructura a tres. Pedro la requerirá: “No me digas que tu corazón no está libre; no me digas que no está dispuesto a que mi alma entre en él”. Y esta le responde: “Me aturdes, Pedro, déjame; yo quiero a otro hombre toavía; yo no he acabao con Juan”. Si bien, hacia el final, sabremos del mal que le causa a Juan y las palabras dolientes de la madre, Frasca, contando a un pescador la historia de los males del hijo.

Vaso de rocío, La epopeya del templo y La vocación completan este teatro.

Vaso de rocío, con la temática griega como fondo y la ambientación mítica en torno al amor del escultor Fidias por la hija del rey, Gracia, que no sabe de inicio que lo es. Al comienzo nos llega ese amor de los jóvenes Andrónico y Gracia, que, desde las primeras escenas, van expresando este. Dice Andrónico: “Cada pensamiento mío/será una abeja dorada,/ y para hacer su panal/ de ti me trae en sus alas/ polen de tu boca fresca”. Y concluye el primer acto Gracia con estos versos: “No hay más que amor infinito,/y la luz es su palabra”. El segundo acto sería un intermedio de ausencias para llegar al tercero en el que la acusación sobre Fidias del segundo acto se resuelve y surge esa historia de amor referida en la última escena, la novena, donde dirá Fidias: “Mi esposa ideal, enciende/ en mí tu lámpara excelsa,/para yo admirar las líneas/ de ese río de belleza”. Pero lo esencial en la obra es la mezcla de la pasión por el arte al tiempo que la franqueza de la pasión amorosa.

La epopeya del templo, con una atrevida propuesta escenográfica, coreográfica y declamatoria, produce una alegorización sobre la defensa de la belleza y la misión del artista con el enfrentamiento entre Inspiración y Tragedia como personajes, con un fondo de ideología nacional-católica y cierta pretenciosidad pasada de moda. La historia se desarrolla en Cosmópolis, en época posterior a Cristo y la situación dramática nos habla del templo que quiere abrir la Inspiración, templo de arte y fe, que es amenazado por Tragedia, que intenta destruirlo. Finalmente Tragedia es vencida e Inspiración arremete: “Baja, baja/ al suelo tú, Iscariote/monstruo, reptil. Con mi planta,/ mira, te pateo el rostro,/ te pateo las entrañas”.

Y La vocación, finalmente, plantea la temática de la religión y la prostitución, y el intento de un cura depravado por colocar a su hija espiritual en un burdel y la salvación por su amado. Se ha visto una relación mitográfica o simbólica entre el sacerdote y el poeta y a los escritores de época, un paralelismo en el mercadeo de estos que prostituyen su musa. Así aparece en la nota inicial de Salvador Rueda y una apuesta por los valores humanos de la vida. La quema simbólica de la vestimenta del sacerdote sin fe al final de la obra es concluyente tras las palabras del personaje Homo que también hace referencia por extensión a los hombres sin vocación (médicos, artistas, maestros, políticos, comerciantes sin conciencia, legisladores sin fe) que debían ser marcados “con un hierro candente la cara” cuando abandonan las verdades razones de su arte o de su profesión. Por tanto, estamos en presencia de un discurso claramente moralizador.

Desde el punto de vista de un dramaturgo actual, como el que suscribe estas palabras, tendríamos que decir que el teatro de Salvador Rueda se caracteriza por un buen dominio de la escena y los diálogos teatrales donde la presencia del lenguaje popular ofrece una carga localista evidente. Algo que tiene una doble interpretación según se mire aunque en la época –pongamos el caso de los hermanos Quintero- era bastante frecuente. Un lenguaje que fue muy valorado en su momento tanto como la versificación llevada a cabo que tenía una cierta altura clásica.

Pero también se observa una ambientación plena en Andalucía, que es marco natural que se exalta con frecuencia en sus obras, con un color especial aunque a veces con tópicos al uso. Un teatro que en su época pudo tener una importancia, creemos que relativa, a raíz de la poca presencia que sus obras tuvieron pero que debe ser valorado como una apuesta decidida por transformar un teatro de época. Es evidente que si comparamos este teatro frente al que desarrolló Valle-Inclán o posteriormente el teatro de Lorca estaría muy alejado de la trascendencia histórica de estos que nacieron con un buen propósito. Como algún crítico ha dicho, a pesar de cierto éxito inicial, la suerte se le tornó esquiva y no hubo mucha ocasión de ver sus invenciones convertidas en representaciones teatrales.

Pero si todos estos elementos son valorados positivamente y existe una calidad evidente en su escritura, entendemos que en los momentos actuales ha perdido vigencia y pocos se acuerdan de su representación, salvo algunos grupos como, por ejemplo, el grupo de teatro María Zambrano que representó La guitarra hace unos años, en 2023, en el Centro María Victoria Atencia-Generación del 27.

En definitiva, un teatro que se adelanta a la renovación teatral del siglo XX en una magnífica edición muy cuidada por el profesor Francisco Linares Alés.

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