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Una mujer se despide con una maleta en mano en un parque, capturando un emotivo momento de despedida.
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Una mujer se despide con una maleta en mano en un parque, capturando un emotivo momento de despedida. (Foto: Imagen generada por inteligencia artificial - Cibeles AI)

DESPEDIRSE ES ACEPTAR

La vida está hecha de encuentros y de despedidas; de momentos felices y de añoranzas cuando alguien se va. Decir adiós al país en el que hemos nacido, al trabajo que nos ha ilusionado, a los amigos con los que hemos compartimos buenos momentos, al familiar querido que nos deja... no significa olvidar. Hay que valorar los momentos sin dejar que se enquiste el dolor. Nos lo cuenta Azucena del Valle en "Despedirse es aceptar", porque hay que saber despedir para sanar.

- ¿Y dónde vas ahora, criatura? Te mueves más que los precios. No aciguas, tía.

- ¡Tengo los nervios alterados! ¿Pues no se va la Amparito a vivir a Oatman, un pueblo fantasma de Arizona? ¿Qué puñetas se le ha perdido allí? Nos quedamos sin una buena amiga, y sin embargo vecina.

- No te soliviantes, pequeño saltamontes. La vida está hecha de encuentros y despedidas. Es algo que esperábamos porque es un culo de mal asiento, por tanto, predecible y elegido, aunque nos duela. Lo malo es cuando perdemos algo, o a alguien, que no estaba previsto que se fuera.

- La echaremos de menos…

- Despedirse no significa olvidar. Nos sirve para darnos cuenta de lo importante que fue para nosotras mientras la tuvimos cerca. Nos da la oportunidad de recordar con agradecimiento los momentos en que nos hizo felices; podemos perdonar los desatinos cuando también nos provocó el llanto. No convivirá con nosotros de manera física, pero siempre estará en nuestro corazón. Estará cerca de manera emocional.

- ¿Y tenemos que aceptar, sin más, que se vaya? ¿Perderla?

- Cuando algo no lo podemos controlar, no cabe luchar, solo podemos asumir la pérdida aceptando la realidad, permitiendo cerrar etapas con gratitud, lo que supone integrar emociones como la tristeza y el dolor para que la energía fluya hasta la reconstrucción personal.

- Me cuesta mucho asumir las pérdidas… no puedo resignarme.

- Es importante, Vani, distinguir la aceptación de la resignación. La resignación es una forma de protegernos contra lo que va a ocurrir, contra el dolor que estamos sintiendo, pero de manera pasiva, adoptando el papel de víctimas, postrándonos ante la adversidad. Nos rendimos porque la resignación paraliza. Nos entumece y nos deja sin fuerzas para aceptar los cambios que se van a producir en nuestra vida; nos llena de rabia e impotencia. En cambio, cuando aceptamos, dejamos de luchar contra lo irremediable y estamos listos para actuar.

- ¡Propongo hacerle una despedida por todo lo alto! Con cenita, amigos y unos gin.

- Despedirse es importante siempre que se produce una pérdida, ya sea un trabajo, un cambio de residencia, una ruptura sentimental o, lo más doloroso, un ser querido. Aceptar la realidad nos permite tomar el control de nuestras acciones y hacer lo mejor que podamos dentro de la situación que nos ha tocado vivir. Este proceso nos devuelve la responsabilidad, el esfuerzo, y la capacidad de cambio. Aceptar que se ha llegado al final de una etapa. Es lo único que posibilita que las heridas se cierren y el dolor no se enquiste. Despedirse ayuda a sanar, reduce el sufrimiento añadido por la resistencia y permite avanzar hacia el futuro de forma más saludable y equilibrada.

- ¡Qué difícil es decir adiós a las personas que amamos!

- No se puede luchar contra lo que no se puede cambiar. Por eso, en esa despedida estamos iniciando el proceso de sanación para enfrentarnos a una nueva realidad y facilitar el duelo y el crecimiento personal.

- Siempre es más difícil que te dejen atrás que ser el que se va, decía Brock Thoene…

- No se acaba el amor solo con decir adiós. Tenemos que apoyarnos, en ese camino, en las personas que nos quieren y están a nuestro lado, eso facilitará ese tránsito evitando que los recuerdos nos duelan tanto que nos paralicen, y llegará un momento en que nos sintamos en paz y lleguemos a notar el amor de los que se fueron, porque ese amor traspasa incluso la muerte.

- El día que yo me vaya, recuérdame como decía Rainer Maria Rilke: Cuando pienses en mí, piensa en la hora en que más me amaste.

- ¡Cien por cien, amiga! ¡Cien por cien!

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