No cabe la menor duda que Rafael Soler, es una de las voces más singulares y polifacéticas de la literatura española contemporánea. Y ha sabido construir un puente entre las ciencias exactas y las ciencias sociales. Seguramente las matemáticas para él, como lo fue para Nicanor Parra (1914–2018, físico, matemático y poeta chileno) y como lo es para David Jou i Mirabent (físico, ensayista y poeta español), no son meras abstracciones frías; sino más bien el lenguaje secreto de su poesía. Y esta realidad, le ha permitido entrar a dimensiones profundas para encontrar un código lingüístico justo y cabal para su escritura. La sociología, en cambio, es su lente poderoso que le permite ver el mundo desde una perspectiva más amplia. Es, digamos, un fractal lleno de irregularidades y fragmentaciones. De ahí, el ruido esquizofrénico del mundo.
El año pasado tuve el privilegio de participar en el XXVIII Encuentro de Poetas Iberoamericanos en Salamanca (España). Y conocí a gente muy linda, poetas comprometidos con el lenguaje preciso, y que venían de diferentes países del mundo. Fue en ese inolvidable y hermoso encuentro que conocí a Rafael Soler, y tuve la oportunidad de conversar con él. Hoy les presento la siguiente entrevista:
- El título de uno de tus poemarios es «Ácido almibar». Sugiere una mezcla de dulzura y corrosión. ¿Qué aspectos de la vida te parecen más ácidos y cuáles más azucarados?
- La vida es un oximorón, y quien no lo vea así que siga remando.
- ¿Qué es para ti un buen poema?
- Aquel que tiene respiración y música propia. Aquel que admite muchas lecturas, y crece contigo con el paso de los años. Aquel que, bien nacido, sabes al leerlo por primera vez que está destinado a perdurar.
- ¿Ha influido tu formación como sociólogo en la estructura de tus poemas?
- Cada poeta tiene mirada y mundo propio. En un mercado, a la salida del parque, el poeta percibe una realidad singular y única, no digo mejor, pero sí distinta: el vuelo de una mosca, la manera de alzarse el cuello del abrigo pueden ser sustanciales. La poesía recoge el personal sentir con música de cada poeta. Y un sociólogo es observador permanente, notario crítico de cuanto acontece cerca y lejos. El sociólogo analiza, cuenta y concluye; el poeta canta, aunque no siempre sepa el por qué. Así que, en poemas donde destaque la narratividad y puede ser mi caso, el sociólogo puede ser buen maestro de ceremonias.
- Mucha gente cree que escribir poesía es juntar palabras al azar. Es decir, escribir sin ton ni son. La poesía a menudo se trivializa como un acto improvisado. ¿Qué opinas al respecto?
- Hay mucho sin ton ni son en nuestra sociedad, donde un «instagramer» sustituye a educadores, lo inmediato manda, y las redes sociales son el nuevo ágora donde todo acontece. Y esto acaba de empezar.
-¿Cómo enfrentas el vacío cuando las palabras no llegan?
- Leyendo. Las palabras, que son nuestro alimento natural, aguardan siempre en el recodo de una página, en el verso de un escritor afín que hemos leído muchas veces, en la pizarra que ofrece el menú del día. Basta con emboscarse y no ser impaciente.
- ¿Qué papel juega la ironía en tu poesía?
- Una herramienta eficaz, también en narrativa, que permite abordar asuntos de largo aliento sin atosigar. La grave, si es leve, mejor.
- Por último, ¿Qué me dices del mundo actual?
- Para no repetir.