- ¡Cómo me ha salido el salmorejo de remolacha, tía! El punto de acidez equilibrada y extra de frescura que le añade la manzana reineta, más el toque en la presentación de yogur griego, pistachos y el chorrito de aceite especial, le da categoría de plato Michelin.
- ¡Y dale, Puri! Si todos te han dicho que estaba exquisito, para qué sigues insistiendo dando el coñazo con el tema. Te encantan las alabanzas desmedidas por algo que haces en cero coma con la ThermoMari…
- La cuestión es que, si no existe refuerzo positivo, tal vez no volváis a catarlo…
- Yo pensaba que la técnica de modificación de conducta basada en el condicionamiento operante de B. F. Skinner, sólo era efectivo en la tierna infancia, colega.
- Error Vani. Es eficaz en cualquier edad porque se trata de celebrar los aciertos en lugar de recibir un bufido por los fallos, y nadie anda sobrado de que le den una palmadita cariñosa en la espalda. ¡Reivindico el refuerzo positivo senior!
- Recuerdo yo el que me dio en la adolescencia, también tierna, Skinner de la mano de Sor Matilde un día en la clase de francés… Andaba yo en las musarañas añorando mi dulce hogar y me olvidé de la letanía-texto que el resto de compañeras leían a coro. El bofetón que me atizó me devolvió a la realidad para corregir de inmediato mi inadecuada conducta. Seguro que la muy ladina nunca conoció las teorías del psicólogo y filósofo social americano Burrhus Frederic Skinner… no mejoró mi estado de ánimo, ni elevó mi autoestima. Me hizo más bien polvo, la sor cruel.
- Utilizó la técnica disciplinaria de estímulo tirando a negativo, pero eficaz al cien por cien para corregir tu conducta. Seguro que sí mejoró tu nivel de atención futura…
- ¡Ya te digo, Vani! Fue la única persona que se ha atrevido a tocar mi cara cuando no ha sido para acariciar mi bello rostro risueño. Una cabrona en toda regla.
- Se me está ocurriendo que un modelo tan eficaz podría aprovecharse en el Congreso ahora que todavía resuenan en el hemiciclo las sabias palabras del Santo Padre que cada uno ha entendido como mejor le salía de los cataplines. Orejas cerradas que no escuchan, corazones que no se abren. ¡Vaya tropa!
- ¡Buena idea, tía! Dejemos el refuerzo positivo para que los niños no sean cafres y se encarrilen como marca la sociedad imperante, que los ancianitos den largos paseos y jueguen al parchís sin rechistar, y que las mamás o papás sigan cocinando exquisitos platos a la entregada familia que se deja cuidar, y pongamos derechas a sus señorías descarriladas y vociferantes que lanzan insultos cada vez que abren la boca.
- Con el correctivo no llegamos a este miércoles de control a la oposición, como cada semana, pero para el próximo, vamos a arreglar este asunto de una puta vez y para siempre.
- Esa boca, bonita. Hay que predicar con el ejemplo y no decir tacos. Vamos por partes, como dijo aquel famoso descuartizador…
- Para rebajar la tensión verbal y obligarles a que cuiden el vocabulario, recordamos esta perla de León XIV que no llegó en un SEAT León: Quienes ejercen una responsabilidad pública tienen, por eso, una especial obligación de custodiar la palabra para desarmar el lenguaje. ¿Propuesta?
- Tiene que ser drástica porque son muy brutos. Propongo, colocar a los varones un electrodo en los cataplines, o la pajarilla mayormente, y para ellas, uno similar en la lengua. Cada vez que suelten un insulto o exabrupto, ¡Zas! Una buena descarga.
- No sé, tía, seguro que acababan achicharraos los morros y las entrepiernas de nuestros polític@s, porque tienen una boca muy sucia. ¿Te imaginas a Peíto -que dice Maque-, llamando al monaguillo Galgo de Paiporta? ¡Zas!, ¿a Feijóo diciendo a P.S. Capo de la mafia? ¡Zas!, ¿al vocinglero Puente gritando matón, abusón, imbécil… a todo lo que se mueva? ¡Zas! ¿A Ayuso a vuelta con la fruta y las manzanas podridas? ¡Zas!... y no sigo porque no acabaría nunca.
- Lo único que tengo claro, es que la magia del refuerzo positivo, no funciona con todo el mundo. El refuerzo negativo eliminando un estímulo tampoco lo veo yo con gente tan crecidita. En cambio, el castigo… empiezo a imaginarlo con sus señorías.
- ¿Condicionamiento operante sin recompensa, a secas?
- Solo con los catalanes, tía.
- Pues tendrá que volver su Santidad a pegar otro repaso a la tropa y poner un poco de coherencia… ¡Ahí lo dejo, tía!
- ¡Cien por cien, colega! ¡Cien por cien!