A la sombra de un genio, Rosario Weiss vivió su infancia. Como ahijada y probable hija de Francisco de Goya, pasó los últimos años de silencio y exilio del célebre artista aragonés junto a él y su madre, Leocadia. En una España marcada por el terror del reinado de Fernando VII, Rosario fue testigo de un periodo convulso lleno de conspiraciones liberales, sociedades secretas y exilios forzados, un tiempo que allana el camino hacia la modernidad, la libertad y, en cierta medida, la democracia. La mirada de Rosario permite al lector adentrarse en un mundo clandestino donde se entrelazan literatos como José de Espronceda y Leandro Fernández de Moratín, un espacio donde arte, política y literatura dan forma a la nueva sensibilidad del Romanticismo. Sin embargo, esta obra trasciende lo meramente histórico o intrigante; también narra la historia de una vocación, el amor entre padre e hija y un romance juvenil que resulta imposible. Amelia Noguera es una ingeniera informática que da clase de Lengua, Literatura e Historia en un instituto. ¿Escribir le ha cambiado la vida, a pesar de las dificultades con las que se ha topado? Cuando quise escribir mi primera novela, empecé a estudiar una carrera para aprender Literatura, Historia, Arte, etc. La terminé al tiempo que logré ir publicando seis novelas y ahora soy profesora, como mi profesora de Literatura del instituto me había recomendado cuando elegí estudiar Ciencias en vez de Letras. A veces, damos muchas vueltas para volver al principio. Conseguir que la obra sobre Rosario Weiss haya llegado a los lectores parece que ha sido toda una aventura -que esperamos cuente algún día-. ¿Qué hizo que no desistiera de su idea y reescribiera sin parar cuando rechazaban lo escrito? Me apasionó Rosario, su lucha por dedicarse a su pasión, el arte. Pero además me sentí muy identificada con ella y quise darle voz, ayudarla a salir del olvido. Siento un gran respeto por ella y por quienes luchan por causas perdidas, pero justas. Las fuentes sobre Rosario Weiss son escasas y el trabajo de documentación que ha tenido que realizar, inmenso. ¿Dónde ha encontrado las mayores dificultades? En reconstruir su vida privada. Lo que conocemos de ella está sobre todo en la correspondencia de Goya y sus amigos —Moratín, el abate Melón y otros—. Pero yo soy aficionada a la pintura y al dibujo y creo que son sus dibujos los que más nos desvelan quién fue en realidad Rosario Weiss. Yo la descubrí en su obra. ¿Qué datos ha descubierto que más le hayan impresionado más? El Goya tan distinto que me encontré al investigarla a ella. Desde siempre, la idea que tenemos del pintor es la de una persona atormentada que pasó sus últimos años como un ermitaño. Pero esos mismos dibujos que nos descubren a Rosario también nos hablan de un Goya que disfrutó de enseñar a la niña, probablemente su hija, emocionado además por ayudarla a convertirse en una gran artista. Formarse a la sombra de un genio, a pesar del cariño mutuo y la formación recibida, ¿pudo eclipsar el talento de la pintora? Yo creo que fue al revés: Rosario no podría haber llegado a aprender la técnica de dibujo que llegó a dominar muy pronto si no hubiera vivido con Goya. Esa técnica es esencial para un pintor. Él, además, la animó a seguir su talento innato, pero reconoció también la importancia de aprender de otros maestros. Por eso el trabajo de Rosario es tan interesante. La creciente sordera del pintor, lejos de acabar con su creatividad, da paso a una etapa fascinante en sus pinturas, ¿pudo aumentarse entonces el vínculo emocional que los unía? Sin duda, el arte los unió. Es una forma de comunicación universal. Imagine lo que debió de significar para él poder compartir con ella ese lenguaje especial que muchos otros no entienden. La emoción de crear una obra de arte a menudo solo la comparten quienes sienten la necesidad de crear. Y ambos la sentían. ¿Como se consigue conjugar de manera tan delicada la ficción sobre la vida cotidiana de la protagonista, la serenidad, con los tiempos complicados del exilio que vivieron, el terror y las conspiraciones? Goya y Rosario Weiss vivieron una etapa muy convulsa de la historia de España, con el rey Fernando VII obsesionado con que no le decapitaran como al rey francés. Pero además es el tiempo del Romanticismo del siglo XIX, del individualismo, de la lucha por la libertad, de la sensualidad. Yo he querido que esta novela tenga pinceladas de todo eso porque de otro modo no se puede entender a los personajes. Pero no me resulta difícil conjugarlo porque lo que más me importa al escribir es cómo sienten, cómo viven, lo que piensan, sus emociones. Por eso para mí es crucial esa delicadeza de la que hablas. Ellos son los protagonistas absolutos de mis novelas y podría insertarlos en una trama en Rusia, en el siglo XIX o en la actualidad.
La autora pone el énfasis en la vocación, los sentimientos, emociones, deseos de Rosario Weiss ¿le gusta bucear en el alma de los personajes? Como te decía, ese es el eje de todas mis novelas. Más allá del género, que me gustan muchos, escribo novelas de personajes. Su obra muestra un Goya distinto al que nos han presentado hasta ahora. ¿Parte de información creíble o es ficción de la autora? El Goya que yo he presentado en “La hija de Goya” es el que encontré en la documentación que revisé. Sus amigos lo muestran como yo he querido trasladarlo a la novela. Pero sobre todo se percibe así en su relación con Rosario a través de los dibujos. Un hombre huraño, siempre enfadado y deprimido no saldría a calle a dibujar con una niña payasos o animales del circo. Fernando VII impuso un reinado de terror, pero Goya era pintor de cámara. ¿Fueron Los caprichos su manera de criticar la sociedad de la época que podía poner en peligro, incluso, su vida? Goya fue una persona de una gran calidad humana. Él siempre tuvo un bando: el de quienes sufrían. Y eso lo demostró en su obra especialmente desde que fue testigo de las barbaridades de la invasión francesa. Y además era un ilustrado, creía en el poder que tenía la educación de transformar la sociedad. Criticó la superstición y la ignorancia como mejor supo, con su arte. Los caprichos son una crítica más que a punto estuvo de costarle la vida, como a su amigo Moratín y a tantos otros. Por eso terminaron emigrando a Burdeos. Fueron muchos miles los ilustrados que abandonaron España en esa época y muchos miles más los asesinados que no tuvieron esa suerte. Hay muchos dibujos de la protagonista que en, un principio, se le atribuyeron al pintor aragonés hasta que en 1956 José López-Rey demostró que eran de Rosario. ¿Hay que seguir reivindicando la obra de tantas mujeres eclipsadas por la historia? Yo creo que la historia no eclipsa a las mujeres, lo hacemos nosotros. Y me parece necesario reconocer quiénes son los autores de obras que nos fascinan, sean hombres o mujeres, simplemente por justicia. Luego, tras ese reconocimiento, es más fácil entender que todos tenemos la misma necesidad de crear arte y también habilidades similares. ¿Es la historia de Rosario Weiss la de otras pioneras olvidadas? ¿Queda mucho camino por recorrer todavía para que sean reconocidas? Rosario fue en cierto modo una privilegiada. Goya le enseñó y la apoyó. Aunque también por ser hija de Goya, liberal como él y mujer, fue olvidada. Su historia es por eso especial, pero hay muchas otras mujeres que abrieron el camino a las creadoras actuales que sufrieron otras dificultades y, cuanto más sepamos de ellas, más fácil nos resultará normalizar que todos los seres humanos tenemos los mismos derechos y obligaciones. ¿Sentiría que su trabajo ha merecido la pena cuando, gracias a su libro los amantes de la buena pintura visiten los lugares donde se exponen obras de Rosario? Ya siento que mi libro ha merecido la pena. Se está vendiendo muy bien y las críticas son maravillosas. La obra de Rosario Weiss está expuesta en el Museo del Prado y la conoce cada vez más gente. Si además, gracias a este libro, hay lectores a quienes les apetece conocer más de ella y de su obra, visitar el Museo del Romanticismo, el Museo Lázaro Galdiano o el Museo de Bellas Artes de San Fernando, o incluso visitar Burdeos, eso me hace aún más feliz. Puedes comprar el libro en:
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