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Mónica Rouanet
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Mónica Rouanet

Entrevista a Mónica Rouanet: "Trabajo mucho en la construcción psicológica de cada personaje; necesito entender por qué sufren y qué les ha hecho ser como son"

jueves 11 de junio de 2026, 08:07h

Hay novelas que se leen con la respiración contenida y otras que, además, dejan una huella emocional difícil de borrar. La obra de Mónica Rouanet se mueve precisamente en ese territorio donde el suspense y la fragilidad humana conviven de manera incómoda y fascinante. A través de personajes heridos, secretos familiares y conflictos que laten bajo la aparente normalidad cotidiana, la autora ha construido una voz sólida dentro del thriller y la novela negra española contemporánea.

En esta entrevista, Mónica Rouanet nos habla de la necesidad de escribir sobre las sombras, de los límites emocionales de sus personajes y de esa capacidad que tiene la literatura para enfrentarnos a aquello que muchas veces preferimos callar. Una conversación íntima y directa con una autora que entiende el suspense no solo como entretenimiento, sino también como una forma de explorar las grietas de la condición humana.

Tus novelas suelen moverse entre el thriller psicológico y la novela negra. ¿Qué encuentras en esos géneros que no hallarías en otro tipo de literatura?

Encuentro la posibilidad de diseccionar la mente humana bajo presión. Mi formación en psicología y pedagogía me empuja inevitablemente a querer entender qué hay detrás de un comportamiento anómalo o de un secreto guardado durante décadas. El thriller me permite llevar a los personajes al límite y observar cómo reaccionan ante lo inesperado, algo que otros géneros quizás no permiten con la misma intensidad.

En tus historias hay una gran carga emocional. ¿Qué pesa más para ti al escribir: la trama o las heridas de los personajes?

Sin duda, las heridas. Para mí, la trama es el escenario, pero el motor real son los personajes y su pasado. Trabajo mucho en la construcción psicológica de cada uno; necesito entender por qué sufren y qué les ha hecho ser como son antes de decidir qué les va a pasar en la novela.

Muchas de tus novelas hablan de silencios, culpa y violencia invisible. ¿Crees que la literatura sirve para iluminar aquello que socialmente preferimos no mirar?

Totalmente. Llevo más de veinte años trabajando con menores y familias en riesgo de exclusión en barrios desfavorecidos de Madrid. He visto de cerca esas realidades que a menudo se barren debajo de la alfombra. Escribir es, para mí, una forma de dar voz a esos silencios y de obligar al lector a mirar lo que a veces es incómodo, pero muy real.ç

Despiértame cuando acabe septiembre aborda un tema tan delicado como LA PORNOGRAFÍA INFANTIL. ¿Cómo fue enfrentarte emocionalmente a una historia así?

Fue un reto doloroso pero necesario. Al haber trabajado con menores abusados, sé que es una violencia que deja cicatrices de por vida. Escribirla fue una catarsis.

¿Existe alguna escena o personaje que te haya acompañado durante mucho tiempo después de terminar una novela?

Amparo, de Despiértame cuando acabe septiembre, es alguien que se quedó conmigo mucho tiempo. Su vulnerabilidad mezclada con su valentía me conmovió. También me ocurre con los niños de No oigo a los niños jugar; representar la infancia desde la fragilidad y el misterio siempre deja una huella profunda en mí.

Tus escenarios suelen resultar cercanos y cotidianos, pero terminan convirtiéndose en lugares inquietantes. ¿Te interesa especialmente romper esa falsa sensación de seguridad?

Me fascina la idea de "pueblo chico, infierno grande". Me gusta que el lector reconozca la Albufera o un barrio de Madrid y piense: "esto podría pasarme a mí". La verdadera inquietud no nace de monstruos fantásticos, sino de descubrir que el peligro puede estar en la casa de al lado o detrás de la sonrisa de un vecino.

¿Cómo construyes la tensión narrativa? ¿Eres una escritora muy planificadora o dejas espacio a la intuición?

Aunque tengo una idea clara de hacia dónde voy, soy bastante intuitiva. Me gusta dejar que los personajes me hablen y, a veces, me sorprendan. Mi proceso nace mucho de la observación; de imaginar qué sucede detrás de las ventanas que veo al caminar. Esa chispa inicial guía la tensión más que un mapa rígido.

En la novela negra actual parece que cada vez importa más el componente social. ¿Cómo ves tú la evolución del género en España?

Creo que es una evolución natural y muy positiva. La novela negra en España siempre ha tenido un tinte de crítica social, pero ahora se está profesionalizando y diversificando muchísimo. Ya no solo importa "quién es el asesino", sino "por qué la sociedad ha permitido que esto ocurra".

Me nutro de autores que manejan muy bien la ambigüedad humana y la atmósfera

¿Qué autores o autoras han dejado una huella importante en tu manera de escribir?

Me nutro de autores que manejan muy bien la ambigüedad humana y la atmósfera. Desde los clásicos del suspense hasta voces actuales que saben combinar la crudeza con la sensibilidad. Ahora mismo estoy devorando El buen mal, de Samanta Schweblin. También he disfrutado muchísimo La picadura de abeja, de Paul Murray… Son tantos.

¿Hay algún libro que te haya cambiado como lectora o incluso como persona?

Me quedo con aquellos que me enseñaron que la literatura puede ser un refugio y, a la vez, una herramienta para entender el mundo. Títulos como Siddhartha, de Hermann Hesse, o Seda, de Baricco, me marcaron profundamente. Autores como José Carlos Somoza, con Clara y la penumbra, Donatella Di Pietrantonio, con La retornada, incluso Mary Shelley con Frankensteinc…

Tus personajes femeninos suelen tener mucha fuerza, pero también una enorme complejidad emocional. ¿Cómo trabajas esa dimensión humana?

Las doto de mis propias observaciones y experiencias profesionales. No me interesan las heroínas perfectas, sino las mujeres que tienen miedo, que dudan y que, a pesar de sus heridas, deciden seguir adelante. La fuerza real nace de la vulnerabilidad.

¿Te ha ocurrido alguna vez que un personaje termine llevándote por un camino distinto al que habías imaginado?

Constantemente. A veces diseño un final y, al llegar a la mitad del libro, me doy cuenta de que el personaje, tal y como lo he construido, jamás tomaría esa decisión. En esos momentos, siempre le hago caso al personaje; ellos saben mejor que yo quiénes son.

Cuando empiezas una novela, ¿qué aparece primero: una imagen, una emoción, un conflicto o el final de la historia?

Suele ser una imagen o una curiosidad casi infantil. Como he contado en varias ocasiones, de niña me caía por la calle porque iba mirando las ventanas de los edificios e imaginando qué pasaba dentro. Una luz encendida a deshora o un gesto extraño en un balcón son a menudo el germen de mis historias.

¿Qué importancia tiene la música, el cine o incluso la actualidad en tu proceso creativo?

La actualidad es fundamental, especialmente los temas sociales que trato en mi trabajo diario. La música y el cine también ayudan a crear atmósferas.

La tensión psicológica en tus novelas resulta muy real. ¿Observas mucho a las personas y a sus comportamientos cotidianos?

Soy una observadora compulsiva desde los diez años. Me apasiona agudizar el oído y la vista para detectar lo que no se dice con palabras. Esa observación es la que luego traslado al papel para que el lector sienta que lo que lee es auténtico.

¿Cómo convive Mónica Rouanet escritora con la Mónica Rouanet persona? ¿Consigues separar ambos mundos?

Es difícil separarlos porque ambos se alimentan. La persona que atiende a familias en riesgo es la misma que luego escribe sobre sus miedos y esperanzas. La literatura es mi válvula de escape y mi forma de procesar la intensidad de mi vida profesional.

¿Qué parte de ti queda inevitablemente escondida en cada novela?

Mis propios miedos y mi manera de ver el mundo. Aunque la historia sea ficción, la sensibilidad con la que trato ciertos temas es puramente mía. Hay mucho de mi mirada en cada ventana que abro en mis libros.

La escritura suele ser un proceso muy solitario. ¿Qué necesitas emocionalmente para sentarte a escribir?

Necesito silencio y, sobre todo, esa necesidad interna de no dejar que las historias que invento caigan en el olvido. Escribo para que esas vidas imaginadas no desaparezcan.

¿Hay miedos personales que hayan acabado transformándose en material literario?

Por supuesto. ¿Qué escritor no los usa?

La bondad a menudo aparece en los lugares más inesperados

Después de todo lo vivido dentro de tus historias, ¿sigues creyendo en la bondad humana?

Sí, sigo creyendo. A pesar de trabajar en entornos difíciles y escribir sobre la oscuridad, siempre dejo un resquicio para la redención o la esperanza. La bondad a menudo aparece en los lugares más inesperados.

Y mirando hacia el futuro, ¿qué te gustaría que encontrara un lector cuando abra una novela de Mónica Rouanet?

Me gustaría que encontrara una historia que le atrape, pero, sobre todo, una que le haga reflexionar y que le acompañe mucho después de haber cerrado el libro. Que sienta que los personajes son personas de carne y hueso con las que ha compartido un trozo de vida.

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