La obra, que hasta ahora no había sido publicada en castellano, constituye una de las crónicas periodísticas más valientes y crudas sobre la lucha por la independencia de Cuba frente al dominio colonial español. Como observador directo, el autor realiza un análisis detallado de la situación en la isla, visitando provincias, campamentos militares y ciudades asediadas para ofrecer un testimonio sin filtros acerca de la realidad del conflicto. Además, el texto explora las devastadoras consecuencias de la política de reconcentración impuesta por el general Valeriano Weyler, documentando tanto el sufrimiento de los civiles como la destrucción sistemática del paisaje agrícola.
Davis, en su obra, entrelaza la denuncia de atrocidades con una minuciosa descripción de las tácticas bélicas a través de capítulos que abordan tanto la ejecución de Adolfo Rodríguez como la ineficacia estratégica de la trocha militar. Sin reservas ni eufemismos, expone su visión del ejército español, que no recibe ningún tipo de favorable consideración: “Hablando desapasionadamente, y con pleno conocimiento de los detalles de muchas matanzas, me es imposible pensar en los guerrilleros españoles de otra manera que como algo peor que animales salvajes. Un animal salvaje mata para obtener comida y no meramente por la alegría de matar. Estos guerrilleros asesinan y luego se ríen de ello. El caníbal, al que se le supone hasta ahora como el grado más bajo del hombre, es, en realidad, de una casta superior a la de estos asesinos españoles —hombres como el coronel Fondevila, Cerreros y el coronel Bonita—, pues un caníbal mata para mantenerse vivo. Estos hombres matan para alimentar su vanidad, con el fin de posar como soldados valientes y para que sus amigos puedan darles banquetes en los salones de los hoteles. (...)”.
El análisis de la corrupción en el ejército español es el punto de arranque del libro. El autor se refiere a sus miembros como “salvajes españoles que se llaman a sí mismos ‘los más católicos’”. En sus palabras, “La paga legítima del oficial de más alto rango apenas alcanzaba para comprar vino tinto para la cena, ciertamente no para pagar champán y diamantes, así que no es injusto suponer que la rebelión es una experiencia provechosa para los oficiales, que no tienen intención de perder los huevos de oro (...)”. Handing Davis sostiene que la corrupción se ha convertido en un medio habitual entre las tropas españolas: “La única tienda en Matanzas que hacía un comercio próspero cuando estuve allí era una joyería, donde habían vendido más diamantes y relojes a los oficiales españoles desde que estalló la revolución de lo que habían sido capaces de despachar antes a todos los hombres ricos de la ciudad (...)”.
Las condiciones precarias en las que se enviaba a los periodistas a cubrir conflictos bélicos como este son denunciadas, y lamentablemente, esta situación persiste hasta la actualidad. “Están asumiendo riesgos que ningún corresponsal de guerra asumió jamás en ningún conflicto en otra parte del mundo. Porque esto no es una guerra: es una carnicería sin ley y los derechos de los corresponsales, de los soldados y de los no combatientes no son reconocidos (...)”.
Las ilustraciones de Frederic Remington enriquecen el texto al reflejar la atmósfera de tensión y miseria que dominaba en Cuba hacia finales del siglo. En ese periodo, él se desempeñaba como corresponsal para el “New York Journal”. Se dice que, abrumado por el aburrimiento, decidió enviar un telegrama a William Randolph Hearst, propietario del periódico, solicitando su regreso a Estados Unidos: “Aquí no pasa nada. No habrá guerra. Quiero volver”. La respuesta de Hearst fue clara y directa: “Quédese. Usted ponga las imágenes, que yo me encargo de poner la guerra”. La influencia de la prensa resultó crucial para favorecer la intervención de EE UU, utilizando sin reparos noticias falsas que se alimentaban continuamente.
El libro es un documento histórico fundamental para entender las tensiones geopolíticas que llevaron a la intervención de Estados Unidos en la guerra de 1898 es esta obra. Con claridad, Davis evita adoptar una posición neutral y destaca las violaciones de derechos humanos, así como la falta de acción por parte de la comunidad internacional frente a una tragedia humanitaria que ponía en peligro la isla, transformándola en un territorio desolado.
Richard Harding Davis (1864-1916) fue un influyente periodista y escritor estadounidense, pionero en el ámbito de la corresponsalía de guerra moderna. Nacido en Filadelfia, se formó en la Universidad de Lehigh y la Universidad Johns Hopkins antes de iniciar una meteórica carrera en medios como el New York Sun y Harpers Weekly.
Su estilo directo y su capacidad para narrar conflictos bélicos desde el frente lo convirtieron en una figura icónica de finales del siglo XIX. Cubrió eventos determinantes como la guerra greco-turca, la guerra de los Bóeres y la Primera Guerra Mundial. Entre sus obras más destacadas se encuentran novelas de éxito como Soldiers of Fortune y colecciones de relatos como Gallegher and Other Stories. Davis fue reconocido por su integridad profesional y su compromiso con la verdad en el campo de batalla. Su legado literario combina el rigor informativo con una narrativa vibrante que definió el estándar del periodismo de acción de su época.
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