Primero un ensayo excepcional, "Oteiza y lo sagrado". Ahora otro igualmente apabullante, tan lúcido como exhaustivo, pero sobre todo saludablemente crítico: ‘Oteiza en la cultura vasca. Fecundidad y malentendido’.
Esta es la palabra clave, deudora de la definición de Bloom en todo lo que afecta a la controvertida recepción de la obra de Oteiza y su influencia a lo largo de dos generaciones. ¿Qué ha sucedido con su impronta en la tercera, la actual, la de los millenials?
La respuesta comienza a escribirse como le gustaba a aquel remero de Orio, el mismo Oteiza en su juventud: “remo hacia adelante, miro hacia atrás”. Euskal-Herria años ’60. Oteiza publica su ‘Quosquoe Tandem’ y genera, en nuestra escala, una convulsión estética- también política- comparable a la del Mayo francés. La potencia del texto desborda sus contradicciones. ¿Cómo conciliar una apuesta de vanguardia con un nacionalismo de raíz esencialista por más mítico-poético que se pretenda? ¿Cómo sentar un canon doctrinal simultáneamente estático y dinámico, tan pronto cóncavo como convexo? ¿Cómo ser a la vez hombre de acción y profeta del desencanto?
Del Mayo del ’68 nació el movimiento situacionista, y de Oteiza la ‘Ley de los cambios’: una hoja de ruta innegociable, exigía acólitos sin dejar de predicar la heterodoxia. Así todo Oteiza y Oteiza en todo. En sus translaciones como en sus transfiguraciones, en sus disyunciones y en sus conjunciones. Un cruce de tangentes, un fractal. De ahí el gran malentendido.
Pero volviendo la vista a ese momento fundacional, el del grupo Gaur, y a los años que siguieron, dramáticos en lo político, deslumbrantes en lo creativo, ¿qué panorama nos ofrece la comparativa?
Una generación de creadores irrepetible, tanto en el País Vasco como en toda España. Un debate cultural más que vibrante, cuajado de autores como Luis Martín Santos, Juan Marsé, los tres Paneros o los tres Goytisolo. Un nivel a años luz del que respiramos ahora, el del grado cero del pensamiento, el del hombre unidimensional de Marcuse, paradigma final de la obsolescencia programada.
Gaur landatzen duzuna bihar jasoko duzu -lo que siembras hoy lo cosecharás mañana-, dice el viejo refrán vasco. La siembra del grupo Gaur, como la del grupo El Paso, como tantos y tantos, fue estéril. Oteiza aró en el mar. “Amo a un país que no existe”. No queda nada.
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