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Nuestro poema de cada día
García Lorca en el campus de la Universidad de Columbia, en otoño de 1929, acompañado por María Antonieta Rivas Mercado Castellanos y dos amigos sin identificar.(Fundación FGL).
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García Lorca en el campus de la Universidad de Columbia, en otoño de 1929, acompañado por María Antonieta Rivas Mercado Castellanos y dos amigos sin identificar.(Fundación FGL).

La complejidad simbólica del poema “Crucifixión”, de García Lorca

Los avatares del manuscrito. El Ministerio de Cultura de España, de común acuerdo con la Fundación García Lorca, compró el 28 de noviembre de 2007, por 30.757 euros, el único manuscrito del poema “Crucifixión” -una de las piezas más valiosas del legado de García Lorca-, perteneciente a su obra Poeta en Nueva York, que salió a la venta en la casa de subastas Sotheby's, de Londres. El hológrafo, -de 42 líneas y repleto de tachaduras y correcciones, de aspecto frágil y casi apergaminado, con las esquinas carcomidas por el paso del tiempo-, formaba parte de un lote que incluía también dos cartas mecanografiadas de García Lorca dirigidas a su amigo Miguel Benítez. Según la sobrina del poeta, “Crucifixión” completa el volumen de manuscritos originales de Poeta en Nueva York, que ya adquirió la propia Fundación por 230.000 euros en otra subasta celebrada en 2003 en la casa Christie's de Londres. La adquisición del Estado español supone el fin del largo y azaroso periplo de este manuscrito, que el autor escribió durante su estancia como becario en la neoyorquina Universidad de Columbia, agobiado por esa “oscura ciudad” de “temblorosos ríos de polilla”.

Poeta en Nueva York
Poeta en Nueva York

Esta única copia manuscrita del poema “Crucifixión” se la regaló García Lorca a su amigo Miguel Benítez Inglott en el invierno de 1935. Pocos días antes de morir, García Lorca le entregó a José Bergamín el manuscrito de Poeta en Nueva York, con indicación de que, para su edición, le pidiera el original de “Crucifixión” a Miguel Benítez, y lo incluyera en la parte VII, titulada “Vuelta a la ciudad”. El propio García Lorca se lo había reclamado a Benítez en una carta en que manifiesta la importancia que le concede a este poema: “Queridísimo Miguel: Estoy poniendo a máquina mi libro de Nueva York para darlo a la prensa el próximo mes de octubre; te ruego encarecidamente me mandes a vuelta de correo el poema Crucifixión puesto que tú eres el único que lo tienes y yo me quedé sin copia. Desde luego irá en el libro dedicado a ti. Por primera vez en mi vida dicto una carta que está escrita por mi secretario. Miguel, ten la bondad de ser bueno y mandarme ese poema, porque es de los mejores que llevará el libro”. Pero no hubo respuesta ni a esta carta ni a otra posterior. Tras el asesinato de García Lorca -el 18 de agosto de 1936-, nada más se supo del poema; y la imposibilidad de localizar el manuscrito impidió que fuera incluido en las primeras ediciones de Poeta en Nueva York, que se remontan a en 1940 (ni en la de Norton, en Estados Unidos; ni la de Séneca, en México). Pero en 1950, Benítez -que ocultó el manuscrito en un ejemplar del Romancero gitano-, le entregó el texto al poeta canario Agustín Millares -cuya familia lo ha guardado hasta que ha sido subastado, dado su mal estado de conservación- y este lo publicó en la revista Planas de poesía, junto a las dos cartas dirigidas a Benítez por García Lorca. A partir de entonces, “Crucifixión” se ha incorporado a las sucesivas ediciones de Poeta en Nueva York.

Texto del poema “Crucifixión”.

[El poema figura en tercer lugar, cerrando la sección VII (“Vuelta a la ciudad”]).

La luna pudo detenerse al fin por la curva blanquísima

/de los.

Un rayo de luz violenta que se escapaba de la herida

proyectó en el cielo el instante de la circuncisión

/de un niño muerto.

La sangre bajaba por el monte y los ángeles la buscaban,

pero los cálices eran de viento y al fin llenaba los zapatos. 5

Cojos perros fumaban sus pipas y un olor de cuero caliente

ponía grises los labios redondos de los que vomitaban

/en las esquinas.

Y llegaban largos alaridos por el Sur de la noche seca.

Era que la luna quemaba con sus bujías el falo de los caballos.

Un sastre especialista en púrpura 10

había encerrado a las tres santas mujeres

y les enseñaba una calavera por los vidrios de la ventana.

Los tres niños en el arrabal rodeaban a un camello blanco,

que lloraba asustado porque al alba

tenía que pasar sin remedio por el ojo de una aguja. 15

¡Oh cruz! ¡Oh clavos! ¡Oh espina!

¡Oh espina clavada en el hueso hasta que se oxiden

/los planetas!

Como nadie volvía la cabeza, el cielo pudo desnudarse.

Entonces se oyó la gran voz y los fariseos dijeron:

Esa maldita vaca tiene las tetas llenas de leche. 20

La muchedumbre cerraba las puertas

y la lluvia bajaba por las calles decidida a mojar el corazón

mientras la tarde se puso turbia de latidos y leñadores

y la oscura ciudad agonizaba bajo el martillo de los carpinteros.

Esa maldita vaca 25

tiene las tetas llenas de perdigones,

dijeron los fariseos.

Pero la sangre mojó sus pies y los espíritus inmundos

estrellaban ampollas de lagunas sobre las paredes del templo.

Se supo el momento preciso de la salvación de nuestra vida 30

porque la luna lavó con agua

las quemaduras de los caballos

y no la niña viva que callaron en la arena.

Entonces salieron los fríos cantando sus canciones

y las ranas encendieron sus lumbres en la doble orilla

/del río. 35

Esa maldita vaca, maldita, maldita, maldita,

no nos dejará dormir, dijeron los fariseos,

y se alejaron a sus casas por el tumulto de la calle

dando empujones a los borrachos y escupiendo la sal

/de los sacrificios

mientras la sangre los seguía con un balido de cordero. 40

Fue entonces

y la tierra despertó arrojando temblorosos ríos de polilla.

Federico García Lorca: Poeta en Nueva York. Madrid,

ediciones Cátedra, 1987. Colección Letras Hispánicas.

María Clementa Millán, editora literaria.

Recitación con acompañamiento de guitarra.

Interpreta Verso Trans-Verso Salvador Valle Almeda a la palabra. Juan Bautista Pino a la guitarra. Jerez de la Frontera 2020.

https://www.youtube.com/watch?v=9caq7_QtoUk

Manuscrito del poema “Crucifixión”, visiblemente deteriorado; un poema incluido en las ediciones posteriores a la original de Poeta en Nueva York. Está fechado el 18 de octubre de 1929 en Nueva York. García Lorca lo consideraba “uno de los más interesantes poemas del libro”.

Seguimos las notas de la edición preparada por el hispanista Eutimio Martín García (Palencia, 1935-Aix- en- Provence, 2023), uno de los mayores especialistas en García Lorca, en Ediciones de la Torre (1988-1989): Antología comentada. (Tomo I: Poesía; Tomo II: Teatro y prosa) que incluye selección, introducción, notas del autor e ilustraciones del propio García Lorca.

Versos 1-3.

La luna pudo detenerse al fin por la curva blanquísima

/de los caballos.

Un rayo de luz violenta que se escapaba de la herida

proyectó en el cielo el instante de la circuncisión

/de un niño muerto.

La luna, emblema de la muerte, ha logrado detener su luz maléfica sobre la grupa (“curva”) de los caballos (símbolos del impulso erótico). El calificativo “blanquísima” supone por parte de Lorca una espiritualización de la sexualidad. Paralelamente se proyecta en el cielo una escena de circuncisión de un niño muerto. Según el capítulo XVII del Génesis, Dios impuso a Abraham y a su descendencia la circuncisión para sellar el pacto de alianza con el pueblo judío al que distingue de los demás pueblos porque de él va a nacer el Mesías. El niño circunciso, por definición, es el Niño-Dios. Pero la circuncisión es nula por operarse sobre el niño muerto y, por consiguiente, inoperante el pacto de la alianza. Lorca pone en relación la maldición de la sexualidad (verso 1), y este nacimiento abortado: el hombre ha quedado así condenado a una sexualidad sobre la que ha triunfado la persecución condenatoria.

En los versos que siguen, se va a explicar la inutilidad del sacrificio en la cruz por cuanto que ha fracasado el mensaje de amor que lo motivó y, por consiguiente, es como si el Hijo de Dios no hubiera nacido. El “Amaos los unos a los otros” del Evangelio el poeta lo entiende en el sentido total -sexualidad incluida- del verbo amar.

Versos 4-5.

La sangre bajaba por el monte y los ángeles la buscaban,

pero los cálices eran de viento y al fin llenaba los zapatos.

La sangre de la crucifixión corre monte Gólgota abajo sin que la recojan los cálices de la comunión y al fin va a parar a los zapatos donde será pisoteada.

Versos 6-7.

Cojos perros fumaban sus pipas y un olor de cuero caliente

ponía grises los labios redondos de los que vomitaban

/en las esquinas.

La intelectualidad tan suficiente como grotesca y la vulgaridad hacen vomitar de asco.

Versos 8-9.

Y llegaban largos alaridos por el Sur de la noche seca.

Era que la luna quemaba con sus bujías el falo de los caballos.

Del sur de las pasiones insatisfechas se oye la desesperación de quienes son atormentados por la representación erótica. (“Bujías” son sinónimo de velas que adornan la frente de la mujer del Apocalipsis sentada sobre la luna, según Charles Marcilly).

Versos 10-12.

Un sastre especialista en púrpura 10

había encerrado a las tres santas mujeres

y les enseñaba una calavera por los vidrios de la ventana.

“Un sastre especialista en púrpura” (¿el Papa, que nombra a los cardenales? ¿Todo comerciante o “mercader del templo”?) en su egoísta aislamiento (“tras la ventana”) se burla de quienes, como las Tres Marías (San Juan, XIX-25), lloran la muerte de Jesús.

Versos 13-15.

Los tres niños en el arrabal rodeaban a un camello blanco,

que lloraba asustado porque al alba

tenía que pasar sin remedio por el ojo de una aguja.

En San Mateo (XIX-24) se lee “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos”. Los niños pobres de los arrabales (“tres” es cifra totalizadora) se compadecen, no de los ricos, evidentemente, sino del inocente (“blanco”) camello que ha de pasar por el ojo de la aguja.

Versos 16-17.

¡Oh cruz! ¡Oh clavos! ¡Oh espina!

¡Oh espina clavada en el hueso hasta que se oxiden

/los planetas!

El sacrificio de la cruz es una espina clavada en el tuétano del cristiano hasta el final del mundo.

Versos 18-20.

Como nadie volvía la cabeza, el cielo pudo desnudarse.

Entonces se oyó la gran voz y los fariseos dijeron:

Esa maldita vaca tiene las tetas llenas de leche.

Léase San Mateo (XXVII, 50-54): ”Dando “un gran grito” Jesús expira, se rasga el velo del templo y muchos cuerpos santos resucitan. “Este era, en verdad, el Hijo de Dios”, exclaman los que guardaban a Jesús). La vaca es principio y sustento del universo.

Versos 21-24.

La muchedumbre cerraba las puertas

y la lluvia bajaba por las calles decidida a mojar el corazón

mientras la tarde se puso turbia de latidos y leñadores

y la oscura ciudad agonizaba bajo el martillo de los carpinteros.

Sigue la descripción de los prodigios que acompañaron la muerte de Cristo. La lluvia quiere humedecer el corazón seco de los hombres que, creyendo llegado el fin del mundo, sienten acelerarse los latidos de su corazón mientras los leñadores cortan los árboles con que los carpinteros construirán los ataúdes.

Versos 25-27.

Esa maldita vaca

tiene las tetas llenas de perdigones,

dijeron los fariseos.

Los fariseos consideran el desastre como una venganza de Jesús cuyo mensaje amoroso se ha tornado en ira mortífera.

Versos 28-29.

Pero la sangre mojó sus pies y los espíritus inmundos

estrellaban ampollas de lagunas sobre las paredes del templo.

Pero la sangre derramada no les llega al corazón (solo les moja los pies), y el agua viva del Evangelio se torna laguna fétida que envilece el templo de la religión.

Versos 30-42.

Se supo el momento preciso de la salvación de nuestra vida

porque la luna lavó con agua

las quemaduras de los caballos

y no la niña viva que callaron en la arena.

Entonces salieron los fríos cantando sus canciones

y las ranas encendieron sus lumbres en la doble orilla

/del río.

Esa maldita vaca, maldita, maldita, maldita,

no nos dejará dormir, dijeron los fariseos,

y se alejaron a sus casas por el tumulto de la calle

dando empujones a los borrachos y escupiendo la sal

/de los sacrificios

mientras la sangre los seguía con un balido de cordero.

Fue entonces

y la tierra despertó arrojando temblorosos ríos de polilla.

¿Ha ocurrido realmente la Redención? Así parece (“se supo el momento preciso de la salvación de nuestra vida”). En efecto, la luna y “los fríos” alivian la sexualidad abrasadora. Hay un eco en la otra orilla de la vida a las ansias de inmortalidad y el remordimiento impide el sueño a los fariseos que tienen que abandonar el templo, asediados por los borrachos (más cerca de la muerte que de la vida), y excluidos de toda participación en los rituales sagrados.

Pero no, no ha sido más que un sueño que ha durado el instante preciso del tránsito mortal de Cristo (“Fue entonces”). Al inmediato despertar es la constatación de una tierra invadida por “ríos de polilla” irremediablemente condenada al polvo.

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