Es imposible que las emociones y los sentimientos no estén a flor de piel durante la charla. No quería escribir un libro sobre la muerte; quería un libro sobre la vida, sobre esas mujeres que resistieron hasta el último segundo y que intentaron vivir la vida que querían tener, lo que soñaban, algo accesible a todo el mundo, que no lo fue para ellas. “La noche en el corazón” es un libro que nunca quiso escribir, ¿qué siente después de su publicación, tras haber expuesto esa parte de su vida a millones de personas? Muy contenta de haberlo hecho. Contenta de haber tomado esa decisión, de haber atravesado noches oscuras para ir hacia mi propia noche oscura. Esa última noche que pasé con ese hombre no quería volverla a atravesar; tenía que trabajar de forma emocional, pero también con la lengua, porque no sabía qué es lo que daría. ¿Saldría algo muy alejado, o demasiado cercano? ¿Algo demasiado plano? Y yo quería que el lenguaje estuviese a la altura de lo que yo sentía, y a la altura de la joven que fui, y hoy, me doy cuenta de que, imponiéndome este trabajo -porque es un trabajo que me impuse queriéndome poner al mismo nivel que Emma y Chahinez-, no quería contar una historia mirándolas desde arriba, sino más allá de la muerte, quería decirles que yo también, puedo ser escritora, puedo recibir premios, pero que a mí también me había ocurrido. Entre mujeres, necesitamos reconocernos con algunas cosas. Un año después, estoy realmente contenta de haberlo hecho, y me doy cuenta de que, muy a menudo, la sencillez, la sinceridad, la honradez más básica, es la forma más auténtica de comunicarse con el otro. La psicología ha estudiado el perfil del maltratador, a nivel de pensamiento y cognición, a través de las emociones y sentimientos, y a través de su conducta y cómo se relacionan. ¿Cuáles son los primeros síntomas que deben alertar a las víctimas? Creo que un hombre que está demasiado presente. Que siempre está allí, aunque no esté allí. Es muy importante eso como alerta. Hay hombres que tienen la capacidad de vigilarte a distancia, y creo que cada mujer tendría que ser capaz de reconocer, según el contexto en el que viva, la diferencia entre el deseo del cuerpo y la propiedad del cuerpo. Es verdad que eso varía de pareja en pareja, por eso estas historias son tan complejas, porque cada cuerpo no ama de la misma forma; cada pareja no convive de la misma forma y, por lo tanto, esta es una pregunta que nosotras, las mujeres, nos tenemos que hacer constantemente. ¿Es una cuestión de deseo? ¿Soy deseada o le pertenezco? Si hay un perfil sobre maltratadores, ¿puede estudiarse también qué tienen en común las mujeres maltratadas? No, porque incluso para los agresores, ese perfil está poco determinado, es diferente. Son agresores que, como en el libro, pueden ser poetas, y podemos imaginar que un poeta es alguien sensible, es un ser que conoce la diferencia entre amor, deseo, propiedad… es decir, sopesa el acto de estrangular a alguien… ¿Lo hace, incluso de manera más racional…? Si, y sobre todo lo hace de manera muy tranquila, de tal forma, y recuerdo muy bien esto… No lograba saber, es decir, ¿me estrangula o no me estrangula? ¿sonríe y ya no sonríe?, ¿me estrangula diciendo palabras bonitas? Y estoy en tal momento de vulnerabilidad, de miedo, que esa manipulación intelectual es muy fuerte. Ese “luz de gas”, esos momentos turbios son tan extremos que en la escritura del libro entendí mejor la complejidad y los niveles de manipulación. Para los agresores tampoco hay un perfil común, puesto que a la sociedad le gusta decir que los hombres que matan a sus mujeres, los hombres agresores, los hombres asesinos, y que agreden y violan también, son hombres que han vivido eso en su infancia. Se suele decir eso, pero para esos tres hombres no era cierto. Por eso no podemos establecer un perfil sencillo, y para las mujeres tampoco, porque desde la publicación de La noche en el corazón, puedo afirmar que me he encontrado con decenas y decenas de mujeres de perfiles muy diferentes; mujeres que no imaginaríamos que… abogadas, directoras de banco… y, por desgracia, de todas las edades… a veces mujeres muy ancianas, de más de 70 años, a veces son jóvenes que sufren grooming… la complejidad de eso es justamente no poder establecer un perfil exacto. La violencia no tiene que ver con la clase social, ni con la edad… pero yo sí he conocido mujeres que, de alguna manera, han seguido el mismo patrón que sus madres. A su madre la maltrataban y la hija eligió un hombre que también la maltrataba… Ahí nuestro papel tiene que ser preciso. Lo que dices, me hace pensar que ayer, una mujer vino a pedirme que le firmase el libro y me dijo que su abuela y su madre y su hermana, habían sufrido maltrato. Ella no, y desde hace años intenta sacar a su hermana de esa relación, y es ahí, donde romper la cadena es muy difícil. A menudo, por ejemplo, en mi familia, he oído decir: en todas las parejas hay bofetadas. Yo también lo he soportado, así que a ti te toca aguantarlo. Por lo tanto, hace falta mucha fuerza para decir no, para entender que porque tu abuela y tu madre lo aguantasen ¿eso es normal? Eso es lo más difícil. Esta mujer que vino ayer, me pareció muy admirable porque decía, para mí es un esfuerzo, y compró mi libro porque había visto que hablo de la dificultad de irse, y me decía, sé que es así, es difícil irse; para ella era un esfuerzo decir ¡no!, y me preguntaba qué hacer para que su hermana salga de ello, si no puede forzarla a que se vaya. Lo único que yo le pude decir es, lo importante es que siempre estés ahí, que no le digas, me cansas, o estoy harta, ya te he dicho que te vayas, no me escuchas, no te vas… es más complejo que eso. El miedo es una emoción básica que provoca una reacción de huida ante un peligro real o imaginario, pero también hay un miedo paralizante… Tu miedo te hizo huir. Emma y Chainez no lo consiguieron. La misma emoción paraliza o salva. Creo que es más complicado que eso, porque corrieron, no se quedaron paralizadas, al contrario, porque sabemos que Emma corrió durante mucho tiempo en la noche. Cuando se está en Europa, la noche nunca es noche, siempre hay luces, y puedo decirte que la noche en Isla Mauricio es negra, es un muro negro, y correr descalza durante mucho tiempo, durante minutos en la noche… No estaba paralizada. El crimen de Chahinez Daoud está muy bien documentado, cuando asistí al proceso judicial, vi la velocidad con la que reaccionó… no, efectivamente, no, no estaba paralizada, y de hecho, su madre, me dijo que su hija era una mujer muy deportista, corría muy rápido, y me dijo, por eso, el asesino cogió un fusil ese día, porque si no tuviese un fusil, se habría escapado. Sin embargo, yo sé que mi miedo me paralizó, porque intentaba correr, pero no lo lograba. Y sé que, en lugar de entrar en un patio, me quedaba en la calle. No lograba pensar. Es algo que también me empujó a escribir este libro. El problema es que todos, cuando el final llega nos cuesta creer en nuestra propia finitud. En nuestra humanidad, nadie quiere creer que su hora ha llegado. Y, sin embargo, recuerdo que tuve ese pensamiento. Que tal vez era mi hora. En francés, la noche en el corazón es una expresión que no existe. Es lírica, la he inventado porque pensaba en la expresión francesa que dice tener el miedo en el cuerpo, miedo en el vientre se dice literalmente, y así lo transformé, en “la noche en el corazón”. La sumisión de la mujer muchas veces tiene que ver con la cultura, con las normas sociales, con los valores que se interiorizan desde la infancia, con la religión también. ¿Todo eso puede actuar como un agravante para que una mujer no pueda salir de una situación tan extrema? ¿Quieres decir que desde jóvenes aprendemos ese sometimiento? Ligado con la pregunta anterior, vemos que ocurren ciertas cosas y no tenemos las armas necesarias para decirnos ¡yo puedo hacerlo de forma diferente! Pero, aun así, cuando veo a la generación de mis abuelos, de mis padres, ha habido cambios, pero no suficientemente fuertes o disruptivos. Y también me parece que en muchas de nuestras sociedades hoy llevan la institución de la pareja, hogar, del matrimonio, utilizada como pegamento social, cemento social, entonces, en esa institución, la mujer es siempre la que hace más para sostener ese cemento. Me interesa mucho esa palabra, la de sometimiento, de dónde viene, quién nos enseña a someternos, quién nos enseña a hacer unas cosas y no otras, ¿una transmisión intergeneracional? Las mujeres son las que transmiten las tradiciones… como la ablación... Salimos del ámbito del libro…, pero ellas saben que eso es doloroso, difícil, pero una chica que no ha sufrido la ablación es una paria. La rechazan, desde luego, entonces es decidir no hacer la ablación a tu hija, es como matarla. Hay métodos de mutilación que cuando se observa bien, las mujeres los han integrado como métodos de protección, ¿cómo es posible? ¿Cómo es posible que sean métodos de protección? Y es cierto, tienes razón, a menudo se transmite de madre a hija y tenemos una responsabilidad cuando educamos, y lo veo. Por ejemplo, ese sentimiento de vergüenza, es un sentimiento que las chicas conocen muy pronto. La vergüenza de ser una chica, cuando la joven desarrolla su cuerpo, el cuerpo cambia, los otros le dicen te está creciendo mucho el pecho, o has tenido ya la regla, es decir, son reglas sociales, normas sociales que la chica tiene que respetar y la vergüenza viene a menudo a través del cuerpo y la mirada de los otros sobre nuestro cuerpo.
"Este libro me permite aceptar todos los trozos de mi vida, de mí misma, trozos a lo mejor rotos"A través de la investigación que ha realizada en la vida de estas dos mujeres ¿ha llegado a conocer en profundidad quién fue Nathacha? A menudo me preguntan, ¿este libro te ha reparado? ¿te ha curado? Y yo no pienso en esos términos, yo pienso que es un libro que me ha permitido entender, pero que no tengo nada que reparar. Lo que ocurrió, ocurrió. Me gustaría volver al primer día en el que me encontré con ese hombre y que podría haberme cogido a mí misma del brazo y haberme sacado de allí, pero eso no existe. Por eso creo que lo que hace este libro me permite aceptar todos los trozos de mi vida, de mí misma, trozos a lo mejor rotos, trozos que no tomaron la buena decisión, trozos fuertes, trozos que han conservado una dignidad en los momentos más indignos, trozos que han mentido… todas esas partes soy yo.
¿Cómo se puede sobrevivir a una historia tan dura como esta sin romperse? ¿Cómo se puede volver a confiar en un hombre? ¿Cómo se puede amar de nuevo? Es la gran pregunta. Creo que las mujeres que llegan a salir de esta situación deben aprender de nuevo a confiar en ellas mismas para empezar. Lo digo de una forma totalmente sincera porque es lo que yo he vivido. Cuando volví a casa de mis padres, lo que me encontré, casi de forma palpable en mi habitación, eran todos los sueños que yo tenía, porque vivir en una situación de violencia conyugal es como si nos borrásemos por dentro, nos deshiciésemos, capa a capa, física, moral, emocional, pero también espiritual. Ya no se cree en nada. Entonces, creo que antes de volver a confiar en los hombres, hay que confiar en una misma, recuperar, saber que no somos eso herido solo, también somos la fuerza, y que todo lo que habíamos soñado para nosotras es todavía posible. Y a lo largo de estos años, ¿ha encontrado alguna de las respuestas que se hacía cuando estaba viviendo esa situación? Si, y es el libro. Es la trayectoria de Emma, la trayectoria de Chahinez, son todas las trayectorias de las mujeres de las que he podido leer la historia. Es conocer la definición exacta de ese sometimiento, la dominación, del control coercitivo, del grooming. ¿Qué son cosas que existen, que están documentadas? Por supuesto, las entiendo, es exactamente lo que ocurría. Así, que sí, menos mal. Ha contestado un poco antes, pero… ¿el libro ha supuesto catarsis, liberación? Es un libro que leo mucho. Lo ligo mucho a mi experiencia de escritora, a mi trabajo. El trabajo es tan importante para las mujeres, ¿verdad?, es mi trabajo y lo quiero ejercer de la forma mejor posible, afinar las palabras, quiero entender, y para mí es un libro que me ha permitido, espero, afinar todavía más mi saber hacer. Como si fuese una escultora que hasta ahora solo había esculpido mesas y ahora soy capaz de esculpir un cuerpo entero. ¿Feminicidio es más correcto que violencia de género?, el género no mata… Hay una especie de resistencia social a utilizar una palabra precisa, no sé por qué, una palabra que diga que se mata a las mujeres porque son mujeres. Un hombre que mata a su mujer cuando su mujer quiere dejarlo, la mata de tal forma como si la castigase. La castiga por ser una mujer, la castiga por ser un cuerpo deseado, un cuerpo sexual, y la castiga, sobre todo, por tener otros deseos más allá de él. "La noche en el corazón" es un libro de vida, porque quiere poner el foco, sobre todo, en la vida de las mujeres que fueron antes. Algunas murieron dos veces, incluso tres, en el caso de Emma. ¿Existe mayor aberración que después del maltrato y el asesinato con alevosía y premeditación se escupa en la memoria de la víctima? Si, totalmente, porque son los supervivientes y participan en esa creencia que ha existido de forma jurídica, incluso, hasta hace algún tiempo, que es el crimen pasional. Cuando hay crimen pasional es que hay dos responsables. Cuando hay un crimen pasional y la mujer, tal vez, tiene un amante, o tal vez está enamorada de otra persona, entonces la mujer es plenamente responsable. Así que hay corresponsabilidad o incluso inversión de responsabilidad. Rara vez, por así decirlo, dicen, si, la maté, tenía intención de matarla. Dicen siempre, no estaba en mis cabales, no quería llegar a eso. Es muy difícil para ellos asumir totalmente su acto. Puedes comprar el libro en:
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