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Azucena del Valle Aureo
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Azucena del Valle Aureo

FARMEAR AURA

Hace años, me contaron que en algunos hospitales de Japón había personas expertas en la materia inmaterial que miraban el aura de los que entraban y no dejaban pasar a quienes lo tenían negra, como la de Pedro Sánchez. Supuse que me tomaban el pelo, pero ahora eso del aura está en todos los sitios, hasta en las granjas. Nos los cuenta la aurismática Azucena del Valle Aureo en "Farmear aura".

- Puri, palpo, noto, percibo un campo energético invisible que me atrae irremediablemente hacia tu persona a la vez que, entrecerrando ligeramente los ojos, observo el aura colorido que rodea tu cuerpo donde predominan los colores calientes: rojo, por la vitalidad y pasión que arrastras esta mañana; naranja, por el entusiasmo y alegría que destilas; amarillo, por el optimismo y la confianza que embarga tu cuerpo…

- ¡Para, Vani! Que te veo muy sensible después de limpiar tu aura tras un mes en la selva para lograr una conexión profunda con la naturaleza, meditando al sol naciente y practicando la respiración consciente cuando pensabas que todo te salía mal y no dabas pie con bolo. Te rodea un halo verde, azul, violeta y blanco que habla de tu excelente estado interno y transmite equilibrio, calma, espiritualidad, claridad… Y después de tirarnos el moco diciendo que nos percibimos el aura la una a la otra y, ni de coña, vamos a farmear un poco, que es lo que se lleva ahora.

- Con la que está cayendo, mejor vamos con estas frivolidades que entrar en temas más profundos. Qué lloro.

- Sí, tía, mejor farmear que berrear a moco tendido ahora que hemos encontrado el equilibrio. ¡A la plaza a la batalla, colega, y a sumar más puntos que tu prima Amparito!

- Desde que has leído el artículo del psicólogo Andrés Quinteros te veo muy puesta en esta moda absurda y gilipollesca que nació a través de TikTok, Instagram, X, comunidades relacionadas con videojuegos, anime, streamers y memes, y que afecta, fundamentalmente, a la Generación Z y Alfa. Si nosotras ya somos tías carismáticas, seguras e interesantes interesadas, no veo la necesidad de emprender litigios con adolescentes desnortados que no saben en qué emplear el tiempo que les sobra.

- Vani, renovarse o morir. Hay que estar en la pomada y saber de qué va la vaina. Si ellos tienen la necesidad de construir la propia identidad, encontrar un lugar dentro del grupo, experimentar con diferentes versiones de uno mismo y aprender a manejar la mirada y la valoración de los demás, no veo por qué nosotras vamos a quedarnos al margen.

- Tía, porque ya sabemos que no nos aguanta ni el tato, y reducir el aura farming a vivir dentro de un videojuego, moda absurda o hacer el ridículo con posturitas patéticas, es un análisis muy simple y nos pueden tildar de carcas mayores que no entienden a los jóvenes. Empecemos explicando que el aura es un halo que emana del cuerpo y de la mente, vinculada a los chakras, que muestra las emociones, los pensamientos y la salud de la persona a través de diferentes vibraciones y colores. Funciona como un escudo protector ante vibraciones negativas.

- El que lo perciba, que me lo cuente, tía, porque yo no veo nada. Sólo sé interpretar los gestos, cuando alguien gruñe porque está cabreado, o la sonrisa amplia y bobalicona del ser feliz; aunque ahora, con el bótox que se ponen algunas es complicado saber lo que sienten, porque con esa cara de peponas no transmiten nada. Y si veo a un grupo de mindundis compitiendo con poses, sacudidas, contoneos o gestitos en el parque, me entran ganas de mandarlos al guano.

-  De eso se trata, pequeño saltamontes, farmear aura significa realizar acciones, gestos o comportamientos que hacen que una persona parezca más carismática, segura, interesante o “cool” ante los demás.

- ¡Esa es la esencia de la existencia humana que necesita el rebaño! Ninguno queremos pasar desapercibido, queremos gustar y necesitamos sentir que pertenecemos. El objetivo de farmear aura es acumular, simbólicamente, carisma, prestigio o reconocimiento social.

- Pues el otro día me dijo Amparito que salió airosa de una situación complicada cuando los demás estaban nerviosos y le dieron 1000 puntos de aura, pero al mirar si la tropa estaba observando, se los quitaron por querer impresionar.

- Mucho mejor Anabel, que se dio un trompazo en la calle esta mañana, se levantó la criatura como si nada hubiera pasado y siguió contoneándose airosa sin mirar a nadie. ¡2000 puntos de aura! No le importó la evaluación social, porque trasmitió seguridad y presencia. Si alguien lo hubiera grabado y subido a las redes, los likes, seguidores, comentarios, visualizaciones y compartidos, la puntuación habría subido como la espuma.

- Claro, porque no se enteraron que se fue directa al traumatólogo a que la quitara el dolor… ¡Ojos que no ven, gabardina que se va al tinte! y seguro que los viandantes que estaban cerca a esas horas de la mañana eran jubilados que no compartían el código y los puntos se los dio ella misma. Y resulta que los puntos, bonita, los da el grupo, no uno a sí mismo.

- ¡Qué paradoja, tía! ¡Esforzarte para parecer que no te esfuerzas! según el artículo del colega citado antes. Y no seguimos con la presencia del yo, la autenticidad, la autoestima y cosas más profundas, porque quien esté interesado en el tema, que lea el artículo completo de Andrés Quinteros.

- Está claro que ya no entendemos a los jóvenes… quítate el traje de colorines y coge el andador, no te pase lo que a Anabel…

- ¡Cien por cien, tía!, ¡Cien por cien!

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