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El río Tormes a su paso por Alba del idém
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El río Tormes a su paso por Alba del idém (Foto: Maudy Ventosa)

ALBA DE TORMES, BAJA DE MUROS Y ALTA DE TORRES…

La Puri y la Vani han estado la pasada Semana Santa en Alba de Tormes; se han pasado comiendo hornazo y torreznos, que son los culpables de los cuatro kilos que han cogido cada una. También han estado oyendo los muchos refranes que por allí se dan. Come dice el título "Alba de Tormes, baja de muros y alta de torres..." debía de estar de lumis y ladrones hasta el río. Me figuro que lo dicen por la tumba de la Santa, que se han llevado tantas reliquias que casi no quedan. Algunas llegaron hasta el Pardo y aquella lucecita que había por las noches... Azucena del Valle nos da una pequeña lección de historia, pero con mucha retranca abulense.
  • Estatua de Santa Teresa en Alba de Tormes

    Estatua de Santa Teresa en Alba de Tormes

- Me da Vani, que antaño la envidia entre las villas que despuntaban y tenían notoriedad no era moco de pavo. De hecho, los lugareños se arreaban mandobles como panes para desprestigiar a los vecinos utilizando insultos descalificantes para vejar a los habitantes. Suerte tener amigos que te despiertan el interés por investigar tales afrentas cuando les dices que acabas de visitar Alba de Tormes.

- Y nos viene al pelo tirar del hilo y encontrar que Fernando Rodríguez de la Torre ha escrito un delicioso artículo para la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes titulado Las cuatro letras. El supuesto puterío de algunas localidades españolas. Recolecta de refranes tópicos y reflexiones como estas:

Alba de Tormes, baja de muros y alta de torres;

llena de putas y más de ladrones,

mira tu capa dónde la pones,

que padres e hijos todos son ladrones.

(Gabriel Mariavergara, Refranero Geográfico Popular, 1936)

- Pues no, señores, Alba de Tormes no está llena ni de putas ni de ladrones, sino de gente acogedora y trabajadora que vive en un entorno privilegiado disfrutando de un paisaje singular a la orilla del río Tormes. La villa se yergue orgullosa sobre un cerro, tiene un pasado nobiliario brillante unido a la Casa de Alba y mística y espiritualidad de la mano de la Santa Andariega que recaló en Alba en 1571 para fundar el Monasterio de La Anunciación, donde descansan sus restos.

- Y una gastronómica que conquista los estómagos más exigentes, con la afamada chanfaina, las sopas de ajo con torreznos y tacos de jamón, las judías blancas con chorizo y oreja, los peces fritos o escabechados, las perdices guisadas estofadas o en escabeche, los asados de cordero, tostón o cochinillo lechal, ternera de la tierra que se prepara asada y se deshace en la boca, el tradicional hornazo, las natillas, flanes y arroz con leche, las almendras garrapiñadas, las yemas de Santa Teresa, merengues y, en Navidad, el exquisito turrón de piñón. ¡Vamos, que se me hace la boca agua con tanto manjar!

- Sin contar con los dulces que elaboran las monjas carmelitas del Monasterio de la Anunciación de N.ª S.ª del Carmen y las benedictinas del Monasterio de Santa María de las Dueñas: pastas de almendra, yemas, bizcochos y otras delicias que siguen recetas de hace muchos años. Y si pienso en pastelerías no monacales, como La Madrileña, situada en la plaza, o la Pastelería Teresiana, me dan ganas de volver corriendo.

- Puri, te pones a hablar de comida y se nos va el santo al cielo, nunca mejor dicho, en este remanso de paz ahora que ya dejaron de guerrear. Primero damos un paseo por la isla que hay en el río, desde la que se aprecia una vista increíble de la villa, y después cruzamos el puente para perdernos por los vericuetos de calles empedradas de Alba de Tormes que, como dicen las crónicas, es de origen incierto, según reza la nota del ayuntamiento: según el P. César Morán corresponde a un castro prerromano y luego a un núcleo de población romana con el nombre de Albocola. Hay indicios que hunden las raíces de su ocupación a los primeros períodos prehistóricos en relación con su situación topográfica en la margen derecha del río Tormes. En las terrazas del río, próximas a la villa, encontramos yacimientos de industrias líticas Achelenses del Paleolítico Inferior que se corresponden con bifaces fabricados a partir de cantos rodados de cuarcita. Además, la ribera del Tormes está salpicada de restos de sepulcros megalíticos, el más común es el dolmen de corredor, del Neolítico final y del Calcolítico.

- Largo lo fías, pequeño saltamontes. También afirman que los romanos dejaron su huella al encontrar restos de cerámica tosca y fragmentos de tégulas del poblado de Las Revillas, al sureste de Alba de Tormes; en las proximidades de la villa, se reconoce la calzada romana a Salamanca y se intuye el trazado aproximado del puente de esta época. Y continúan diciendo que en el siglo X, era frontera entre cristianos y musulmanes en el río Duero. El monarca leonés Ramiro II, tras la derrota del ejército musulmán en Simancas (939) y la victoria en Alhandega, pobló las ciudades abandonadas con gentes leonesas y de otras naturas, aunque la repoblación de la "Extrema Durii" no se consolida hasta la caída de Toledo en el año 1085, y fue ordenado por Alfonso VI al conde francés don Raimundo de Borgoña y a su hija la infanta doña Urraca, cuando cesaron las incursiones de Almanzor y Ghalib.

- Pues si a la historia vamos, hay que constatar que el 4 de julio de 1140, el rey Alfonso VII, el Emperador, otorga en Salamanca el Fuero al concejo de Alba, con jurisdicción sobre un amplio marco territorial conocido como "villa y tierra". Y como no queremos aburrir yéndonos tan atrás -hay mucha documentación para quien quiera profundizar-, diremos que, tras muchos avatares, será doña Beatriz de Portugal, señora de Alba hasta 1411. García Álvarez de Toledo y Carrillo de Toledo será el primer duque de Alba de Tormes, y Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, tercer duque de Alba, que será conocido como el “Gran Duque de Alba” (nació en Piedrahita, Ávila, en el año 1507 y falleció en Portugal en 1582); fue Gobernador en los Países Bajos y en el Ducado de Milán; Virrey de Nápoles y de Portugal, famoso por sus grandes hazañas bélicas y su labor a favor de las artes y las letras.

- Sí, tía, su fama será tan grande que, en los Países Bajos y Bélgica, para asustar a los niños, no se decía ¡Que viene el coco!, sino ¡Que viene el Duque de Alba!

- Y aquí, en el S. XV, es donde la cultura florece como nunca en esta villa, de la mano del III Duque de Alba y de Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada, Santa Teresa de Jesús, la santa de mi pueblo que visitaba Alba de Tormes para asistir a la boda de su hermana doña Juana de Ahumada con Don Juan de Ovalle, contador de la Casa de Alba. Como era dada a las fundaciones, fundó un monasterio de la orden del Carmelo. Murió en su celda del Monasterio de la Anunciación el 4 de octubre, de 1582, lugar donde reposa su cuerpo y que se ha convertido en ruta indiscutible de peregrinación teresiana.

- Poco queda del esplendor del castillo, fortaleza palaciega, el tiempo y las luchas, sobre todo la Guerra de la Independencia, lo dejaron reducido a la torre del homenaje que se alza imponente y desde cuyo mirador ofrece vistas espectaculares del río y alrededores.

- Todo esto viene en las guías de viaje, colega: la Iglesia de San Juan, de arquitectura románico-mudéjar del siglo XIII; la Iglesia de Santiago; la Basílica inconclusa dedicada a Santa Teresa de Jesús… Pero lo que nos interesa de verdad, es conocer los ilustres escritores que visitaron la villa y crearon obras para la posteridad:

Miguel de Cervantes, que escribe un poema a la Santa:

Aunque naciste en Ávila, se puede

decir que en Alba fue donde naciste;

pues allí nace, donde muere el justo.

Desde Alba ¡oh Madre! al cielo te partiste,

Alba pura, hermosa, a quien sucede

el claro día del inmenso gusto.

Lópe de Vega, cuya esposa e hija están enterradas en la Iglesia de Santiago. Reside en la Villa entre 1591 y 1595 y allí escribe algunas de sus obras más conocidas como La Arcadia. Y un poema dedicado a sus dos fallecidas:

Alba fue mi tierna noche,

murióseme en Alba el día…

Santa Teresa de Jesús, conocida sobre todo por sus obras místicas Camino de Perfección, Libro de la Vida y Las Moradas

"... tengo una ermita, que se ve el río, y también á

donde duermo, que estando en la cama puedo

gozar de él, que es harta recreación para mí."

San Juan de la Cruz, que tan pronto confesaba como tomaba las artes de albañilería…

Carta de Santa Teresa a Ana de Jesús:

“En gracia me ha caído, Hija, cuan sin razón se queja,

pues tiene allá á mi Padre Fr. Juan de la Cruz, que es

un hombre celestial y Divino.”

Garcilaso de la Vega, caballero de armas y letras…

Nemoroso (Égloga II)

En la ribera verde y deleitosa

del sacro Tormes, dulce y claro río,

hay una vega grande y espaciosa,

verde en el medio del invierno frío,

en el otoño verde y primavera,

verde en la fuerza del ardiente estío…

Calderón de la Barca, secretario del VI Duque, que aquí escribe El Secreto a voces, Guárdate del agua mansa y el drama musical: El Jardín de Falerina, ópera en dos actos, tal vez la primera zarzuela española.

Juan del Encina, vive en la corte. En la Navidad de 1492 se representa por primera vez una de sus églogas, siendo la primera obra de teatro moderno: La Noche de Navidad de Nuestro Salvador, haciendo del Castillo la cuna del teatro español. Se representa en el Castillo El Villancico de la toma de Granada.

Comamos y bebamos tanto,

hasta que nos reventemos,

que mañana ayunaremos.

Fray Juan de Ortega; el supuesto autor de El Lazarillo de Tormes no sería otro que Fray Juan de Ortega. Tomó el hábito de los Jerónimos en San Leonardo (Alba de Tormes). Fue nombrado Obispo de Chiapas (Méjico) por Carlos I y General de la Orden entre 1552 y 1555.

“Dicen que, siendo estudiante en Salamanca,

mancebo, como tenía un ingenio tan galán y

fresco, hizo aquel librillo que anda por ahí

llamado “Lazarillo de Tormes”.

- Pero Vani, El lazarillo de Tormes ¿no lo escribió un tal Jerónimo?

- No tía, lo escribió Anónimo… o el fraile de ahí arriba. ¡Ahí lo dejo!

Nota: Gracias, sobre todo, al Ayuntamiento de Alba de Tormes por la documentación que aportamos.

Castillo de los duques de Alba en su ciudad, se nota que pasaron los franceses por allí
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Castillo de los duques de Alba en su ciudad, se nota que pasaron los franceses por allí (Foto: Maudy Ventosa)
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