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Santiago Alba Rico
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Santiago Alba Rico (Foto: AFM)

Entrevista a Santiago Alba Rico, autor de “Ser o no ser (un cuerpo)”

“Rendimos culto a la imagen mientras ocultamos el cuerpo”

Por Javier Velasco Oliaga
miércoles 25 de enero de 2017, 09:52h

Santiago Alba Rico nos viene demostrando con sus últimos libros que es uno de los filósofos contemporáneos más reputados y brillantes, con una gran inventiva nos habla en “Ser o no ser (un cuerpo)” sobre la corporalidad a través de los cuentos tradicionales y los mitos clásicos, sin olvidar el contexto actual del capitalismo global y la sociedad tecnológica que él tan bien conoce.

Ser o no ser (un cuerpo)
Ser o no ser (un cuerpo)

Con un lenguaje actual y claro nos va desvelando en su último ensayo la relación que las personas tenemos con nuestro cuerpo y con nuestra imagen. Nos lo explica desde varias perspectivas. No es lo mismo en Oriente que en Occidente y lo va desgranando desde una posición anti-capitalista. Si el ser humano es el único animal que huye de su cuerpo, Santiago Alba no huye de nada y encara la nueva realidad de la izquierda desde un punto crítico e innovador. Nos cita en Vistalegre II para saber hacia dónde va el futuro. Él, seguro que nos lo irá explicando, mientras tanto, tenemos tiempo para leer "Ser o no ser (un cuerpo)".

¿Por qué un ensayo sobre la condición del hombre en la sociedad a través de la relación con el cuerpo?
La pregunta misma expresa la dificultad en que nos encontramos para situar el cuerpo en el centro de nuestras relaciones sociales, donde ha estado la mayor parte de la historia de la humanidad. Digamos que en las sociedades llamadas de mercado y en el contexto de la revolución tecnológica el cuerpo ya no es el “lugar” donde ocurren las cosas; ni siquiera el lugar donde reside la realidad. El cuerpo, con sus lentísimos cambios darwinianos, es casi un obstáculo para una cultura que se imagina -desde la economía a la comunicación- mucho más rápida y transparente de lo que permite un cuerpo humano.

¿Tenemos cada vez más culto por el cuerpo o lo despreciamos?
Rendimos culto a la imagen mientras ocultamos el cuerpo: la inversión exacta de lo que ocurría en El retrato de Dorian Grey. Y tanto se han emancipado las imágenes de nuestros cuerpos -a los que están secreta y trágicamente atadas, como un pájaro aleteante a una cadena- que cada vez maquillamos menos nuestros cuerpos y más nuestras imágenes. El selfi es la negación misma del cuerpo precisamente porque se parece a él.

Nuestra sociedad cada vez se mueve más deprisa. ¿Estamos huyendo de algo o es que sabemos realmente a dónde vamos?
La condición del hombre es la fuga: huimos del cuerpo que es resultado de esta misma fuga. Siempre hemos huido. Eso se llama sociedad y cultura. Lo que pasa es que por primera vez el orden social mismo, a través del mercado capitalista, pretende haber logrado impedir las “recaídas”: el hambre, el aburrimiento, el dolor, las verdaderas palancas de la cultura humana. Ahora bien, el mercado es insostenible.

¿Se niega realmente la esencia corporal de ser humano?
Se hurta, se escamotea, se esconde bajo la alfombra. El cuerpo humano es pesado, lento, opaco. Además, en la medida en que habla, yerra e introduce malentendidos. Tiene 40.000 años en un mundo que se quiere siempre joven, nacido de nuevo cada mañana.

¿Qué diferencias hay, en este tema, entre Oriente y Occidente?
Yo no opondría Oriente y Occidente, categorías occidentales, sino países -y franjas sociales- ricas y pobres. Es verdad que la India, Japón o China tienen una cultura del cuerpo diferente a la nuestra, una cultura que desde desde los años 60 del siglo pasado resulta mercantilmente atractiva para los consumidores de imágenes occidentales. Pero la verdadera diferencia estriba en el modo en que se vive la fragilidad y la muerte, dos categorías vergonzosas en condiciones sociales de mercado. La cuestión central es la de la “dependencia”. Occidente -es decir, el mercado capitalista- ha puesto siempre el acento en la independencia mientras que la más elemental sensatez nos obliga a definir la condición humana a través de la dependencia: de la naturaleza y de los otros cuerpos. Somos la única especie que, al nacer, para sobrevivir, tiene que ser vestida y nombrada por una mano ajena.

¿Internet qué papel cumple en la relación con nuestro cuerpo?
Internet está siempre vivo; nuestro cuerpo a veces duerme. Internet no distingue entre cerca y lejos, dentro y fuera, antes y después; nuestro cuerpo, en cambio, se mueve en un tiempo irreversible y en un espacio dividido. Las redes contribuyen a este desplazamiento del centro antropológico lejos del cuerpo: las cosas que verdaderamente ocurren ya no ocurren ni en nuestro cuerpo ni en sus alrededores. Australia es más real y está más cerca que nuestra propia cocina.

¿Vamos hacia un mundo dónde la imagen es lo más importante?
Uno de los temas favoritos del moralismo renacentista y barroco era esta oposición entre realidad y apariencia. Basta leer el Lazarillo o los poemas de Quevedo. Eso se llama “hipocresía” y ha sido consustancial a las relaciones humanas en sociedades más o menos refinadas; tan consustancial como su denuncia. El problema es que hoy se ha erosionado y debilitado hasta tal punto la realidad que la imagen no encuentra oposición ninguna del otro lado; sin referente real ha pasado a ser la realidad misma. No es una cuestión moral. Es un hecho.

¿Se volverá el mundo más espiritual cuando se tome conciencia de la finitud del cuerpo?
Se volverá más razonable, más cuidadoso y por lo tanto más”imaginativo”, en el sentido en que utilizo este término en mi libro. Se volverá más corporal, no más espiritual. Es ya demasiado espiritual. El problema -me temo- es que esta transformación, de producirse, sólo puede ser traumática, y será resultado de una gran “recaída” civilizacional, algunos de cuyos indicios ya están presentes.

¿Tenemos cierta obsesión por la trascendencia del cuerpo?
Estamos obsesionados con pararle los pies, con que no aparezca nunca en público. De hecho, incluso la sexualidad -el deseo- se ha emancipado del cuerpo. Vivimos una sexualidad sin cuerpo.

¿Qué apéndice del mismo es el que más podría trascender?
El antropólogo Leroi-Gourhan identificaba la condición humana con las manos. Freud con los genitales. Mi propuesta en el libro es la de recuperar las manos para hacer y deshacer nudos, contra la tentación de cortarlos, y la de civilizar al mismo tiempo el falo en una sociedad -dice el psiquiatra italiano Recalcati- “sin inconsciente”.

¿Por qué le gusta hablar sobre la corporalidad a través de los cuentos tradicionales?
Los cuerpos, como los cuentos, son puro tiempo coagulado. Y sólo se pueden defender con las manos o mediante los relatos -que son las manos de nuestra inteligencia.

Como ensayista, ¿ha notado que el género se está volviendo más accesible para el lector normal?
Creo que eso tiene que ver con dos factores, uno negativo y otro positivo. El negativo es que las nuevas tecnologías y el tiempo de las redes ha matado la filosofía, entendida como construcción de grandes sistemas omniabarcantes asentados en largas duraciones casi naturales. Era el modelo “letrado”, el tiempo de la madera y de las existencias más largas que la propia vida. Eso se ha acabado y es objetivamente malo. Lo positivo de eso “objetivamente malo” -de que el tiempo de la madera se haya acabado, de que el modelo letrado haya muerto, de que nuestra vida sea tan corta como nuestra propia vida- es que los géneros tradicionales han visto debilitadas sus fronteras y, muerta la filosofía, la novela tiene algo de ensayo y el ensayo algo de novela.

¿Es bueno acercar el pensamiento intelectual a la cotidianidad?
El filósofo alemán Gunther Anders decía que un filósofo que escribe solo para otros filósofos es como un panadero que hace pan sólo para panaderos. Pero tenemos que hacer pan, no galletas.

Cuando una persona pierda la curiosidad, ¿qué está perdiendo?
Las dos manos.

Como generador de opinión de la nueva izquierda, ¿cómo valora las discrepancias que hay entre sus líderes?
No estoy seguro de ser “generador de opinión de la nueva izquierda”. No creo que nadie me haga mucho caso. Como simpatizante de primera hora de Podemos las divisiones internas me producen desasosiego; como ciudadano de izquierdas preocupado por la desdemocratización global mucha irritación. Es una cuestión de responsabilidad histórica.

¿Son buenas esas diferencias o sería mejor dar una visión de unidad?
Las diferencias son buenas cuando hay marcos organizativos donde pueden debatirse democráticamente. Eso es lo que debería construir ahora Vistalegre II.

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