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María Oruña
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Tras el éxito de "Puerto escondido", vuelve María Oruña con más intriga y más misterio con "Un lugar a donde ir"

No es casual que regrese a Cantabria con un noir protagonizado por arqueólogos, científicos, historiadores y geólogos

domingo 19 de febrero de 2017, 13:31h
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Después de su irrupción meteórica con "Puerto escondido", su primera novela en el género negro, María Oruña regresa a Cantabria, su paisaje literario, adentrándose en el fascinante mundo de las expediciones arqueológicas con su nuevo noir "Un lugar a donde ir".

Construida con brío y al trepidante ritmo del thriller a partir de tres voces narrativas bien diferenciadas, Un lugar a donde ir es la contundente confirmación de una autora fuera de serie. Toda una revelación del noir que no ha dejado de cosechar elogios en las redes y entusiastes lectores desde su debut al género. Una narradora como pocas que se ha convertido en poco tiempo en una de las autoras más recomendadas y una de las mejores valoradas por los [email protected]

Como las mejores novelas negras, todas las piezas encajan a la perfección. No es casual que Oruña regrese a Cantabria con un thriller protagonizado por arqueólogos, científicos, historiadores y geólogos ya que es el territorio de mayor densidad de cavernamiento de la Tierra con cueva y media por kilómetro cuadrado. Sin duda, un buen lugar a donde ir para quien sabe que las respuestas para los grandes enigmas de la ciencia y de la historia se encuentran podrían encontrarse en el interior de la Tierra.

Los personajes de Un lugar a donde ir buscan una dirección en sus vidas, un motivo para levantarse por las mañanas. Todos ansían un lugar al que ir y una razón para continuar, cada cual tiene la suya propia: el amor, el conocimiento, la tranquilidad… Tener metas para no cuestionarnos por qué vivir: en esta novela veremos lo que ansía cada uno de los personajes y qué están dispuestos a sacrificar para lograr sus objetivos.

Construida con brío y al trepidante ritmo del thriller a partir de tres voces narrativas bien diferenciadas, Un lugar a donde ir es la contundente confirmación de una autora fuera de serie. Toda una revelación del noir que no ha dejado de cosechar elogios en las redes y entusiastes lectores desde su debut al género. Una narradora como pocas que se ha convertido en poco tiempo en una de las autoras más recomendadas y una de las mejores valoradas en las redes.

Apenas seis meses después de la truculenta serie de asesinatos que sacudieron la región, en Suances, el pequeño pueblo costero de Cantabria, todo parece haber vuelto a la normalidad. Y en ciertos aspectos, las cosas han cambiado para mejor. La teniente de la Unidad Orgánica de la Policía Judicial (UOPJ) de la Guardia Civil Valentina Redondo disfruta de una apacible relación con Oliver Gordon, el profesor británico en cuya heredada casona familiar apareció el cadáver emparedado de un bebé que desencadenó una cadena de crímenes ya resueltos.

Valentina se deleita con esos pequeños encantos de la vida en pareja cuando una mañana, tras el desayuno, recibe una llamada de su superior, el capitán Marcos Mancuso, con el encargo de máxima discreción. La conmoción de un nuevo crimen en la costa cántabra sería demasiado para la opinión pública, y al parecer eso es lo que ha ocurrido. El cadáver de una mujer sin señales de violencia yace en La Mota de Trespalacios, en el centro de unas extrañas ruinas circulares, los restos de una inusual construcción medieval. Pero lo más sorprendente del asunto no es sólo el atuendo y el aspecto nórdico de la joven, que va ataviada como una exquisita princesa medieval y en la escena del crimen los peritos ya se refieren a ella como Isabel la Católica, Blacanieves o Ginebra (la mujer del Rey Arturo); sino el objeto que lleva en sus manos: una moneda acuñada en 1563. Y más sorprendentes aún serán los resultados de la autopsia de la eficaz forense Clara Múgica con los que se topará la teniente Redondo.

Cuando hasta los más escépticos comienzan a plantearse la improbable posibilidad de una máquina del tiempo como única explicación plausible del misterio, una nueva serie de asesinatos vuelve a castigar la costa cántabra. Y todos ellos parecen guardar una extraña relación con la misteriosa muerte de la dama medieval.

Mientras la teniente Redondo y su equipo trabajarán a contrarreloj para detener esa cascada de muertes indisolublemente unidas entre sí, Oliver por su parte, ayudado por su viejo amigo de infancia, el músico Michael Blake, intentará desentrañar su propio misterio. Dar con el paradero de su hermano Guillermo, un veterano de la Guerra de Irak desaparecido hace dos años en confusas circunstancias. Y puede que la punzante verdad de uno y otro caso acaben dibujando sus contornos igualmente inesperados.

De ello trata Un lugar a donde ir, el regreso al thriller de María Oruña, tras el éxito de Puerto escondido, el primer caso de su peculiar sabueso Valentina Redondo, esa inolvidable teniente de la Guardia Civil de mirada bicolor. Y si para resolver aquel expediente la investigadora tuvo que remontarse hasta los años de la Guerra Civil, ahora la inmersión histórica será mucho más profunda porque el nuevo misterio la trasportará hasta el siglo XVI.

Pero tal vez lo más inquietante de este nuevo caso de la teniente Valentina Redondo en su denuedo por combatir el mal, sea la comprobación de que éste no necesariamente se esconde siempre en la enfermiza personalidad psicótica, sino que también puede residir en el alma de las personas normales cuando ya no tienen un lugar a donde ir.

Al igual que su popular personaje de ficción, la teniente de la Guardia Civil Valentina Redondo tiene un ojo de cada color, la mirada de María Oruña (Vigo, 1976) también es doble, como doble son sus raíces e idiosincrasia. Hija de padre cántabro y de madre gallega, María Oruña vive con su esposo y su hijo en una casa junto al mar en su Vigo natal, pero se encuentra muy apegada a la costa cantábrica que visitaba con frecuencia de pequeña y a la que aún vuelve a menudo. No en vano es el escenario habitual de sus novelas.

Oruña aún ejerce la abogacía por cuenta propia, pero lo hace de manera parcial. La mitad de su tiempo la dedica profesionalmente a la literatura. Actividad a la que la llevó su amor a Cantabria y, sobre todo, a historias que le contaba de pequeña su abuela paterna. Historias con las que construyó Puerto escondido (Destino, 2015), su exitoso debut al noir –traducido al alemán, francés y catalán y suma y sigue–, protagonizado por la teniente Valentina Redondo que le ha ganado el favor de miles de lectores.

Y esa dualidad de su personaje de ficción es la misma que define a María Oruña en la intimidad y que despliega de manera irresistible como autora. Mujer de fuerte carácter que no por ello deja de ser una persona sumamente hospitalaria y muy amiga de sus amigos. Si en su profesión sólo la letra escrita tiene valor y curso legal, en su vida privada le basta la palabra y el honor propios y de las personas que estima para cerrar cualquier trato. Apasionada por la historia y la arqueología, sus novelas rebozan en cambio de agudos conocimientos criminalista versada en procedimientos policiales y forenses.

María Oruña se toma muy en serio su trabajo literario y lo ejerce a conciencia, aunque no ahorra en ironía, humor negro y sarcasmo en sus ficciones. Su lema: “Estamos de paso y sólo hay una vida, así que mejor reírse un poco”.

Amante de la vida sencilla junto a su familia, le apasiona el olor del café por las mañanas, el senderismo, viajar, las personas que saben encontrar el lado bueno de las cosas y, sobre todo, escarbar poco a poco en pasado, como si desempolvara las piezas de un puzzle, hasta exhumar una historia viva. De allí que se defina a sí misma como una suerte de arqueóloga del crimen…

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