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Entrevista a Mario Cuenca Sandoval, autor de "Los hemisferios"

"El fragmento es la literatura del siglo XXI"

Por Javier Velasco Oliaga
jueves 23 de octubre de 2014, 13:23h

Mario Cuenca Sandoval es un joven e interesante escritor. Nacido en Sabadell, emigró como profesor de filosofía a la ciudad de los califas. Desde allí, no sólo enseña lo que es la filosofía a sus adultos estudiantes nocturnos del instituto donde trabaja, sino que tiene las mañanas libres para escribir su obra poética o narrativa. Los hemisferios es su tercera novela y la ha publicado con Seix-Barral.

Pero, ¿Los hemisferios es una sola novela o son dos? Son dos en una, "son dos novelas que nacen de un mismo acontecimiento con dos narradores distintos que desempeñan el mismo rol, pero que cambian sus circunstancias", así nos lo explica el escritor de adopción cordobesa, que después de sus novelas Boxeo sobre el hielo y El ladrón de morfina, espera con una gran editorial dar un salto de popularidad. "Era justo la editorial de mis sueños, mi agente me preguntó en qué editorial quería publicar y le dije que en
Seix-Barral, justo la que estaba interesada en mí", nos descubre el escritor humildemente.

La novela es un juego de espejos y como señala el autor "se espejean las dos novelas, proponiendo al lector que haga su propia novela. Para ello he dejado cabos sueltos y una serie de conexiones para que el lector rellene y cree su propio espacio novelístico. Los protagonistas en ambas novelas son los mismos. En la primera es el hombre quien lleva la voz cantante y en la segunda es la mujer. "Algunos protagonistas cambian de profesión, de nombre, incluso de género", nos advierte solícito en la charla que hemos mantenido con él en la librería La Central de Callao.

La primera parte, La novela de Gabriel, es una anti novela negra, una parodia del género policiaco, con una intriga y una ambientación muy del género, incluso con una cierta pedagogía para que todo cuadre. La segunda parte, La novela de María Levi, es una road-movie un poco loca, mezclada con una historia de vampiros en la Barcelona de la transición. Ambas novelas tienen una misma obsesión amorosa quediscurren en direcciones distintas. Son dos formas de ser, de entender el arte en todas sus variantes que nos arrojan experiencia estéticas de lectura completamente diferentes. La primera tiene su raíz en la película de Alfred Hitchcock, Vértigo y la segunda en el delirio onírico del Dreyer de Orden.

"Es una novela de ideas que se encarna en pasiones, es una obsesión que exhala pasión", define el autor cordobés. Para él, el destino delos protagonistas es circular y del cual se intentan escapar. Mario Cuenca Sandoval está muy relacionado con los escritores de la generación Nocilla, para los cuales el arte se produce de manera fragmentaria, como en una isla de la mente, una especie de limbo que parte de los propios estados mentales del creador. Es el mito de eterno retorno del que los protagonistas quieren escapar pero están atrapados.

Para el escritor afincado en Córdoba, "los medios de comunicación han cambiado todo. El fragmento es la literatura del siglo XXI. Sin embargo, en esta ocasión no he querido fragmentar, he querido ser más tradicional y la novela es muy lineal", señala. La primera parte discurre entre los años 1895 y 2012 y es como si fuese un episodio que se rompe.

La segunda es mucho más arriesgada desde el punto de vista del narrador, ya que pierde el contacto con sus órganos y tiene que ir evocando y reconstruyendo sensaciones.

A Mario Cuenca Sandoval no le interesa escribir sobre temas que no conozca, aunque en esta ocasión ha entrado en una cuestión hasta cierto punto espinosa, como la abolición del toreo en Cataluña, más viviendo en una ciudad tan torera como en la que vive, "no sé mucho de toreo, pero desde luego soy partidario de la abolición. Los taurinos tienen sólidos argumentos estéticos, pero soslayan los éticos", opina.

Los hemisferios parte de dos conocidas películas, cree que cine y literatura están profundamente ligados y "el cine tiene un carácter fundacional en mi creación", afirma. Aún así es consciente de que pese a ser su obra muy visual, cree que será difícil de llevar a la pantalla por su estructura, hasta cierto punto, innovadora y rompedora, ya que en un principio podrían haberse publicado ambas por separado. En la versión definitiva, la novela tenía más de 600 páginas. Tuvo que hacer un trabajo de limpieza para conseguir una novela de lectura intensa pero accesible con un ritmo y una prosodia adecuada.

Aun así opina que ambas partes "son por sí mismas autónomas, aunque se establecen conexiones", apunta. La novela gira con los grados de un ángulo plano que comienza en el 90 y va bajando hasta el 1. La segunda parte comienza en 1 y sigue hasta el 90. Dejando el 0, lo que sería el nexo de las dos historias a criterio del lector. Termina una historia justo donde empieza la otra y ese 0 es el ecuador que tendrá que rellenar cada cual.

Está claro que su novela requiere un cierto esfuerzo de lectura. "La literatura de puro entretenimiento que no cuente conmigo como lector y menos como autor. Me interesa la literatura que va más allá del puro entretenimiento, que utiliza una forma de sabiduría.", matiza y cree que la literatura española lleva en su ADN el realismo. El lector que lea la obra de Cuenca Sandoval tiene que tener claro que el entretenimiento no lo encontrará, pero sí el deleite de la buena literatura.

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