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Actualidad literaria: Se presenta “Berlín 1961” de Frederick Kempe

jueves 23 de octubre de 2014, 13:23h

“La guerra fría fue la Tercera Guerra Mundial”

Por Javier Velasco Oliaga

“La guerra fría fue la Tercera Guerra Mundial que vivimos”, afirmó hoy el periodista y escritor Frederick Kempe en la presentación de su último libro Berlín 1961, que ha publicado la editorial Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. Un libro que trata un acontecimiento esencial del siglo XX bajo el prisma de los recientes documentos desclasificados por alemanes, estadounidenses y rusos, claro está, los últimos en menor medida.

John F. Kennedy comenzó su presidencia con con innumerable problemas

Cuando en enero 1961 John F. Kennedy accedió a la presidencia de los Estados Unidos no se podía imaginar lo que se le venía encima. Fue el peor primer año de un presidente americano. Además, su juventud (43 años) - fue el segundo presidente más joven de su país - le hacía como un verdadero novato en las lides de la política exterior. Aprendió rápido pero en un principio no supo ver las señales que Nikita Jrushchov le envió.

El prólogo a la crisis del muro estuvo en Cuba, en la fallida invasión de Bahía de Cochinos, lo que se denominó la crisis de los misiles de Cuba. Esta invasión no se pudo llevar a cabo por la incompetencia de la CIA. ¿Estaban los soviéticos dispuestos a entrar en guerra con Estados Unidos por Cuba? Para Frederick Kempe, no. “Cuba no era una de las prioridades soviéticas, Berlín, sí”, afirma el escritor americano.

Berlín era muy importante para los soviéticos. Jrushchov era una persona muy inteligente, analfabeto hasta los veinte años, trabajó en diversas fábricas como especialista metalúrgico y su militancia comunista le hizo que fuese ocupando pequeños cargos, hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, donde ya empezó a ocupar puestos de relevancia y donde pudo formarse. Era pues muy distinto a Kennedy, persona formada para ocupar las más altas cotas de poder.

Pese a las diferencias Jrushchov estaba dispuesto a entenderse con Kennedy. Le mandó ciertos mensajes de buena voluntad: primero fue la liberación de unos pilotos americanos el día siguiente a la toma de poder por Kennedy, que habían sido hechos prisioneros en Siberia cuando el avión espía en el que iban cayó en suelo soviético; el segundo fue no interferir los discursos radiofónicos del presidente americano. Pese a esos gestos, Kennedy no llegó a entenderlo y el posterior fracaso de Bahía de Cochinos hizo que Jrushchov lo apercibiera como un signo de debilidad.

Después llegaría la cumbre de Viena que fue un auténtico calvario para el presidente americano, “los dos peores días de mi vida”, escribiría Kennedy en sus diarios. En esa cumbre no se solucionó nada y el enfrentamiento cada vez se hacía más patente, tanto más cuanto el flujo de refugiados de Alemania del Este iba en aumento. Desde el final de la guerra más de 2.800.000 alemanes se pasaron al sector occidental controlado por los aliados. Ese flujo debía parar y a Jrushchov no se le ocurrió otra cosa que construir un muro para que las huidas no se siguiesen produciendo.

En agosto de 1961 se comenzó la construcción del Muro de Berlín

En agosto de 1961 se comenzó a instalar alambradas, siempre en terreno oriental, a lo que Kennedy dijo: que mientras sea en su territorio no tengo nada que objetar. Se construyó dos metros dentro del territorio del sector oriental. Ahí comenzó lo que se tradujo en treinta años de guerra fría, que en algunas ocasiones pudo haber saltado por los aires. Como casi ocurre dos meses después cuando los tanques de ambas potencias casi se llegaron a tocar en el Check Point Charlie.

Si se hubiese hecho algo, por parte de las dos potencias, se hubría acabado en una guerra. “Prefiero tener un muro a tener una guerra”, dijo Kennedy al respecto. Lo que fue interpretado por los soviéticos como un signo de debilidad, más aún después de la crisis de los misiles de Cuba. Se notaba que Kennedy era un presidente novato, “que fue mejorando con el paso del tiempo, ganando experiencia”, adujo Frederick Kempe.

Berlín 1961
nos ofrece una visión única de uno de los acontecimientos más cruciales de la reciente historia europea, combinando la técnica narrativa periodística, la habilidad analítica de un investigador político y el rigor propio de un historiador. Frederick Kempe cree que su libro concita tres focos de interés: el primero es la importancia que tuvo la guerra fría en la historia europea; el segundo, que es una historia en sí muy interesante y el tercero, que las propias conclusiones de John F. Kennedy, que están expuestas en el libro, confieren una importancia al texto muy relevante.

Sin embargo, pese a haber utilizado durante siete años mucha información, “todavía quedan por desclasificar los papeles de la negociación de Robert Kennedy, fiscal general del estado y hermano del presidente, con los soviéticos”, aclara Frederick Kempe en la presentación de su libro.

“Mi libro no es ideológico, es periodístico y trato de desentrañar las causas del conflicto. Los americanos prestan muy poca atención a la historia y tienen una idea romántica sobre la liberación de Europa. Que fue –no nos olvidemos- el mayor logro de la política exterior de Estados Unidos”, afirmó el investigador. Calificó la decisión de creación del euro como el otro mayor logro de Europa del pasado siglo. La creación de la moneda única europea es un factor de cohesión para el continente. Aunque cree que gracias a eso “Alemania está al frente de Europa, lo que puede llevar a muchas suspicacias y decir que ha conseguido gracias a la economía lo que no consiguió en dos guerras”.




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