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Vic Echegoyen
Vic Echegoyen (Foto: Javier Velasco Oliaga)

Entrevista a Vic Echegoyen: “El Barroco fue un tiempo de excesos para bien y para mal”

Autora de “La voz y la espada”
lunes 09 de marzo de 2020, 08:00h
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Vic Echegoyen es una escritora hispano-húngara nacida en Madrid que vive a caballo entre Hungría, Viena y Bruselas. Parecido le ocurre a la protagonista de su nueva novela “La voz y la espada”, Julia d´Aubigny, que también vive a caballo, pero ésta de manera literal porque su vida siempre fue un movimiento constante por tierras francesas, belgas y españolas donde ejerció ocupaciones a cada cual más original y peligrosas.

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Vic Echegoyen
Vic Echegoyen (Foto: Javier Velasco Oliaga)

Esta biografía novelada de Julia d´Aubigny es su segunda novela histórica, la primera, “El lirio de fuego” pasó casi desapercibida, debido a la desidia de su editorial de entonces. En esta ocasión, la editorial Edhasa y su editora Penélope Acero han apostado por ella con buen criterio. La autora ha sabido imprimir a su novela un ritmo tan trepidante que más que una novela histórica parece una novela de aventuras, una road-movie de la época moderna o más concretamente del Renacimiento.

El título de la novela ya nos indica cómo fue la vida de la protagonista, dividió su tiempo entre el florete y las arias de ópera. “Julia pertenece a la mitología de la ópera”, señala nada más comenzar nuestra entrevista en un conocido local madrileño muy torero cerca del estadio Bernabéu de Madrid, o como narices se llame ahora. “Yo he crecido en un ambiente donde las batallitas sobre la ópera se contaban todos los días. Mi madre era directora de ópera y mi padrastro tenor”, recuerda la escritora con ojillo chispeantes.

“Esta época –el Barrocoo- no deja de sorprenderme, tanto por su refinamiento, como por su belleza, sensibilidad y originalidad, que como por su crueldad y atrocidad. Era un tiempo de excesos, para bien y para mal”, analiza con rotundidad con un ligero acento centro europeo. Vic Echegoyen habla un puñado de idiomas europeos con la fluidez de los intérpretes profesionales, ocupación que tienen muchos de sus amigos de Bruselas.

La novela es tan original que comienza por el epílogo. “Quería que el lector tuviese en mente que es una historia que tiene un acertijo y yo lo invito a que lo descifre. Es un juego, me gusta jugar con el lector y que participe en ese juego”, dice la autora. La novela está escrita en primera persona, pero con varias voces, tanto masculinas como femeninas. “La voz dominante es la de Julia que permanece durante todo el relato, las otras van entrando y saliendo según mi conveniencia. Para mí, escribir en primera persona es una prueba de fuego, saber que puedo meterme en la piel de distintos personajes, si no funciona es que no he asimilado a un determinado personaje”, expone Vic Echegoyen.

La novela se basa en datos históricos rigurosos, escrita con un desarrollo cronológico. “Lo he hecho así para que fluya la historia, las escenas siempre se basan en la anterior. El proceso de creación me ha llevado seis meses sin dejar de escribir”, cuenta Vic, que cuando comienza el proceso de escritura de una novela ya tiene pergeñado todo su desarrollo. “No me pongo a escribir hasta que no tengo todo bien delimitado en mis apuntes”, confiesa.

Para la escritora, “Julia era una persona muy dominante y radical. Una mujer tan completa y compleja que uno no puede aportar mucho, lo que sí se le puede dar es una cierta voz. Una mujer que escapa a toda clasificación. Fue un fenómeno único en la historia”, señala y continua diciendo “he respetado todo lo que se sabe de ella y del resto de los personajes y de sus costumbres, lo que yo aporto es el por qué y el cómo de la historia”.

“He disfrutado indecentemente contando la historia de Julia d´Aubigny”

Vic Echegoyen se ha identificado tanto con su personaje central que reconoce que “he disfrutado indecentemente contando su historia”. Pero no sólo las aventuras de esta mujer simpar, también la de personajes como Max, el elector de Bruselas o su profesor de canto. A todos les imprime esas ganas de vivir de la época. “Vivían rápido y morían pronto”, era la máxima de la época que retrata la escritora.

De ahí que la espada estuviese muy presente en esos tiempos. “Por mi familia, conocía bien lo rudimentos de la música, pero por mi educación conocía los rudimentos de la esgrima. En Alemania hay muchos clubs de esgrima y lo aprendíamos en las escuelas. Es un deporte durísimo que exige un esfuerzo mayúsculo. Además, allí siguen celebrándose duelos de verdad de manera clandestina”, nos descubre la novelista madrileña. Madrid también tuvo una gran tradición duelística y hasta hace poco menos de un siglo hubo varias salas de esgrima en la capital en el entorno de la Puerta del Sol.

La esgrima resume un poco lo que era ella. Belleza y peligro. Amor y odio

“La esgrima resume un poco lo que era ella. Belleza y peligro. Amor y odio. Julia era un personaje muy ambiguo y muchas de sus reacciones eran de alguien acorralada. Un auténtico camaleón. Ahora estas características se denominan resilencia, lo que toda la vida ha sido aprender de uno mismo”, sintetiza la personalidad de nuestra heroína que no fue la única de estas características en esta época. “El papel de la mujer ha estado bastante oculto, pero Julia no fue la única ni la más famosa. Ahí están los casos de Cristina de Suecia, la duquesa de Sussex o las sobrinas del cardenal Mazarino”, evoca. La sexualidad de Julia también era fuente de escándalos, tuvo repetidas relaciones tanto con hombres como con mujeres.

Además de dar a conocer a un personaje como Julia, Vic Echegoyen quiere que su novela entretenga. “He querido utilizar un tono desenfadado y con un cierto humor que aporte el sabor de la época que era muy desinhibido y ciertamente irreverente. Se burlaban de todo, en el teatro, en las canciones. Había muchas ganas de vivir pese a las injusticias que se cometían continuamente”, reflexiona la autora.

Para conseguir ese tono desenfadado y ágil, Vic Echegoyen no ha utilizado apenas más que tres adjetivos en toda la novela y unos cuantos enigmas al estilo Patrick O’ Brian, que los periodistas que la han entrevistado no han sabido reconocer, como tampoco lo han hecho con una de las ilustraciones del libro, las láminas que están a comienzo de cada capítulo son originales de Vic que es tan brillante con la pluma como con el pincel, que han identificado una escena como a Romeo y Julieta en vez de a Cyrano de Bergerac, que era tan buen espadachín como poeta.

Esta escritora, que confiesa su gusto por la literatura de Pío Baroja, László Passuth o Patrick o’ Brian, nos ha regalado una novela llena de sorpresas, aventuras y sobresaltos. Su libro, desde ya, queda candidato como uno de los mejores del año en la modalidad histórica. Nos despedimos con la promesa de que la próxima que nos encontremos jugaremos una partida de mus; juego que se está perdiendo, como muchas de nuestras tradiciones, y en la que espero desplumarla como ella ha hecho conmigo con su brillante novela.

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