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"Revancha", de Kiko Amat

miércoles 27 de enero de 2021, 14:00h
Revancha
Revancha
El primer día de trabajo del año una paloma se empotró contra una de las ventanas de la editorial donde trabajo y ya no pudo remontar más el vuelo. Y yo, sin querer tomármelo como presagio de lo que estaba por venir (como aquello que escribió Leila Guerriero en alguna de sus columnas en El País Semanal: «En el alféizar de mi ventana había una paloma muerta, una metáfora de este tiempo caníbal»), me lo tomé como un buen símil de lo que podrían ser los dos personajes centrales de la nueva y esperadísima novela de Kiko Amat (esperadísima por lo menos para mí). Algo te persigue, tú no quieres o no puedes hacerle frente, huyes, en la huida te golpeas, y ese golpe, esa herida, te marca de por vida. La novela se titula Revancha y la publica, cómo no, Anagrama.

En Revancha hay dos personajes centrales y un peaje a pagar, porque es de esos libros que te piden cierta adaptación al medio para saber qué está pasando ahí dentro. Por un lado tenemos a César, de quien se nos hablará en tercera persona. Jugador de rugby que ha acabado haciendo de sicario. Mata o hiere bien, es tranquilo, lo hace todo tal y como se lo piden, es limpio, frío, seco. Hasta que se mete lo personal en su trabajo y ya no lo es. Por otro lado tenemos a Amador, Fran Amador, de quien leeremos a partir de la segunda persona. El peaje viene por parte de Amador, porque todo el texto que girará en torno a su vida irá cargadísimo de jerga callejera, un léxico que caracterizará a todo el conjunto de los Lokos FC. Y esto es importante, porque Amador será una pieza importantísima dentro de este grupo. ¿Y qué es el Lokos FC? Pues básicamente son los ultras del Fútbol Club Barcelona. Ah, ¿los Boixos? Pues eso.

Clepsa, bachi, machino, cafis, nodos, junchas, naka, ñatos, nursa o draga serán algunas de las palabras que tendrás que aprender por ti solo (no busques una nota al pie de página ni un apartado con las palabras al final del libro, tampoco busques por internet) para entrar en la rueda de este grupo criminal que se dedica a linchar Brigadas Blanquiazules (ultras del Espanyol), pegar palizas prepartido o asustar violentamente a gente que no les es cómoda. ¿Hay drogas? Sí. ¿Hay sangre? También. Y claro, es una novela de Kiko Amat, falta la pregunta clave: ¿hay música? Mucha.

Como digo, César es un sicario, mata por dinero. Le encargan una misión y la hace, sin más. Pero tiene una hermana con problemas psíquicos, enganchada al alcohol y las drogas, con una hija sorda que en cierto punto se verá amenazada por parte de los Lokos por culpa de una ex pareja de su madre. Y ahí tendrá que entrar César.

Por otro lado, Amador. Desde antes de la mayoría de edad siendo skin y de los Lokos, y gay, y pareja secreta del cabecilla del grupo. La combinación es importante, lo será. De familia humilde, del Baix Llobregat («Esto no es Jamaica, esto es el Llobregat»), es capaz tanto de matar a alguien con sus manos como de ponerse a llorar a escondidas al escuchar cantar a Tina Turner o a Aute. ¿Por qué? Amat nos cuenta con tal maestría los demonios de su infancia que no quiero destripar nada.

En Revancha lo que nos encontramos es la vida de dos figuras, César y Amador, que, como una suerte de Miren y Bittori (de Patria), nos van dando avisos de que en cierto punto se encontrarán. Como un embudo, la narración va haciendo círculos concéntricos cada vez más pequeños. Con flashbacks, con narración en presente, con otros personajes, pero siempre esta historia binaria que en realidad es una sola: la ruptura de algo dentro que va goteando de por vida, hasta secarse. Y cuando te quedas seco, cuando no hay más camino por donde huir, es hora de actuar. Y se actúa, vaya si se actúa.

Por en medio de todo eso vemos internadas en la cárcel, muerte de padres, amigos, hermanos, bebés, vemos fiestas y bares, palizas y sexo, violaciones, droga y besos. Vemos Barcelona y sus calles, recorremos la zona del Llobregat y sus discotecas, sus puticlubs, sus campings abandonados, sus playas. Conocemos a gente buena y mala, que pegan y que no, que sienten y que no. Presenciamos el mundo, al fin y al cabo. O como se dice en cierto momento de la novela: «Les conoces a todos, lo peor de la ciudad, una vida entera a su lado, liándola, hombro con hombro, arrancándole la bondad y la inocencia al mundo, revolviéndoos contra vuestra suerte, exigiendo pago por lo que había sucedido en vuestras casas».

En cierto momento del libro conocemos a Montal, el erizo de la hija de Paloma, la hermana de César. Se llama así por el parecido que tiene en su cara con el expresidente del Barça Agustí Montal, y creo que es el personaje que nos da las mayores claves de lo que está pasando en la novela. En cierto momento de tu vida te pasa algo, y puedes, como consecuencia de ello, encerrarte en tu propio caparazón o caminar y seguir viviendo. Mientras te encierras estás protegido, pero no avanzas. Cuando te desproteges estás a merced del mundo. Y el mundo quizá son unas gaviotas que si ven que ya no estás protegido te comen. ¿Qué hacer? ¿Seguir encerrado o caminar? ¿Protegerse o hacer frente? Ese es el dilema de César y Amador, y no hay mejor forma de conocer la solución que a través de las palabras de Kiko Amat. Todo dentro de un libro: Revancha. Ya en librerías.

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