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Nuestro poema de cada día
Félix de Samaniego y Miguel Agustín Príncipe
Félix de Samaniego y Miguel Agustín Príncipe

Félix María de Samaniego y Agustín Príncipe: La paja en el ojo ajeno

Vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro” es paremia que ya figura en El Quijote (II, 43) con esta formulación: “El que ve la mota en el ojo ajeno, vea la viga en el suyo”; aunque su fuente es bíblica (San Mateo 7, 1-5; San Lucas 6, 41). Y este es su significado: Con mucha facilidad nos damos cuenta de los defectos ajenos, cuando los nuestros pueden ser mayores.

Los fabulistas Samaniego y Príncipe han tratado este tema en dos breves fábulas:

La alforja
En una alforja al hombro
llevo los vicios:
los ajenos delante,
detrás los míos.
Esto hacen todos:
así ven los ajenos,
mas no los propios.

Félix María de Samaniego: Fábulas. Madrid,
Editorial Castalia, 2002. Biblioteca Clásicos Castalia,
núm. 75. Ernesto Jareño, editor literario.

Fábulas de Samaniego ilustradas por Grandville. París, Librería de Garnier Hermanos, 1882.

https://es.wikisource.org/wiki/F%C3%A1bulas_de_Samaniego

“La alforja”. Libro quinto.

Los ojos
Los ojos, si miran bien,
de los ojos allá, lo ven todo;
mas de ojos acá, no hay modo,
pues ni ellos propios se ven.
Ojos los cielos me den
que miren adentro y fuera.
¿Qué ves de la otra manera,
lector, si no te incomodas?
Las faltas ajenas, todas.
¿Las propias? Ni una siquiera.

Fábulas en verso castellano y en variedad de metros, por Don Miguel Agustín Príncipe.
Zaragoza, Prensa de la Universidad de Zaragoza, 2002.

Primera edición de la obra, Madrid, 1861 y 1862.

https://bnedigital.bne.es/bd/es/viewer?id=94d44126-cd6d-4060-9808-38d2fd1c75ac&page=9

“Los ojos”. Libro II, XXXIV, pág. 71.

Las dos fábulas reproducidas concluyen con una moraleja que puede resumirse en la siguiente frase proverbial: “Ver las paja en el ojo ajeno y no verla viga en el propio”; o, lo que es lo mismo, fijarse en los defectos ajenos y censurarlos, sin darse cuenta de que uno mismo los tiene iguales o mayores. En realidad, ambas fábulas son una crítica a la hipocresía y, de algún modo, en ellas se aconseja corregirse a uno mismo antes que criticar a los demás.

Y vayamos con el origen de la mencionada sentencia, para lo que hay que retrotraerse al Sermón de la Montaña, recogido en el Evangelio de San Mateo (capítulo 7, versículos 1-5): Jesús advierte con sus palabras a sus seguidores de los peligros de juzgar a los demás, afirmando que ellos también serán juzgados por el mismo rasero.

«No juzguéis para no ser juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis se os juzgará, y con la medida con que midáis se os medirá.»¿Por qué te fijas en la mota del ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en el tuyo? ¿cómo vas a decir a tu hermano: «Deja que saque la mota de tu ojo», cuando tú tienes una viga en el tuyo? Hipócrita: saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad cómo sacar la mota del ojo de tu hermano.

Volvamos ahora a las fábulas de Samaniego y de Príncipe. Ya sabemos lo que tienen en común, aunque hay diferencias en la forma de exponerlo. Samaniego es mas breve: su fábula está compuesta por siete versos cortos, dos heptasílabos (versos 1 y 6) y el resto pentasílabos (2, 3, 4, 5 y 7). La parte argumental la conforman cuatro versos: los pares riman en asonante /í-o/ (“vicios/míos”) y los impares carecen de rima; y la parte temática -la moraleja- la forman tres versos, con rima asonante /ó-o/ los impares (“todos/propios”), mientras que el verso 6 queda libre. El enlace entre ambas partes corre a cargo de la rima /ó-o/ (versos 1, 5 y 7). La simplicidad sintáctica es pareja a la métrica.

La fábula de Príncipe es de mayor complejidad formal, con predominio de la subordinación (la variedad de nexos -“si”, “mas”, “pues”, “que” [relativo]-) hacen que el estilo se vuelva más retórico. Y se divide en dos partes: ocho versos para la parte anecdótica y otros dos para la moraleja. Y todos los versos son octosílabos, excepto el segundo, que es decasílabo. Por otra parte, son agudos los versos 1 (“bien”), 4 (“ven”) y 5 (“den”). Por otra parte, los versos 1 a 4 forman una redondilla (rimas consonantes abab:

bien/todo/modo/ven”); y la rima /-én/ se prolonga al verso 5 (“den”); mientras que en los versos 5 a 8 solo riman en consonante /éra/ los versos 6 y 7 (“fuera/manera”), una rima que alcanza al verso que cierra la moraleja, el 10 (“siquiera”); y el verso 8 rima con el 9 -que ya forma parte de la moraleja- en consonante /ódas/ (“incomodas/todas”). De esta forma, la rima ayuda a la coherencia interna del texto. Finalmente, el autor no se dirige a alguien en abstracto, sino al lector de su poema, al cual interpela en los versos 7 y 8 con una interrogación retórica, aunque le pide disculpas por ello: “¿Qué ves de la otra manera, / lector, si no te incomodas?”.

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La parábola de la paja y la viga. Dibujo de Ottmar Elliger el Joven (1666–1735).
La parábola de la paja y la viga. Dibujo de Ottmar Elliger el Joven (1666–1735).
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