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"Las jefas", de Esther García Llovet

Ed. Anagrama. 2026
viernes 08 de mayo de 2026, 11:10h
Las jefas
Las jefas

Hay poetas que se dedican a escribir bellos versos y nos emocionan, y críticos que generan confianza por su independencia, rigor y autenticidad. En este doble segmento, se ubica, Rafael Ávila que me recomendó la lectura de Tres amigas de Jesús Marchamalo y, Las jefas de Esther García Llovet. Con respecto a este último, leo unas líneas en su blog:

https://andanzasrafaelavila.blogspot.com/

Una nueva entrega de esta escritora que ha ido creando un mundo narrativo propio y al margen de modas, la acción se desarrolla en ese espacio mítico-real del levante español, como ya ocurriera con Sánchez, moviéndose con soltura entre lo irreal y lo verdadero, entre lo excelso y lo marginal. Destacable, como siempre en sus obras, su capacidad para reflejar el lenguaje de la calle, y a través de las referencias culturales, sociológica de sus elecciones continuas, ir estableciendo sin juzgarlos, la catadura moral de sus personajes, con sus contradicciones, su ternura, su necesidad de amor y su lucha por la supervivencia. Magnífica novela que agranda la senda literaria de esta autora tan singular como valiosa”.

En efecto, con este nuevo título cierra la trilogía de los países del Este, tras las novelas de culto Spanish Beauty y Los guapos.

Una circunstancia que contradice a gran parte de la crítica, encasillando su obra como “rara” (sé bien de lo que hablo), pero que se toma la molestia de estructurar en trilogías. Desde luego, dista mucho ser una autora alejada de los focos de la convención, de la moda y con una apasionada defensa de la libertad creativa que ser una autora rara, solo aceptable desde el punto de vista de lo exclusivo, lo original, lo inhabitual. Desde luego, es una comedia negra que se ambienta en un complejo hotelero tan decadente como aislado de Villajoyosa que reúne a todo lo posible desde la perspectiva del aburrimiento. Tres pijas que oscilan entre el poder y lo rutinario con cierta sumisión, al menos dependencia, por parte de un empleado bueno para todo, llamado Primo. Una novela que se extiende sobre poco más de 150 páginas y que tiene la gran virtud, de esa reconocida rareza de aunar elementos y mundos muy dispares. El estilo que se balancea entre un aparente diario o cuaderno de bitácora, cuidadosamente capitulados (a veces con capítulos de solo unas líneas hasta completar los 40 de la novela) , recurre a destellos de novela psicológica con un singular retrato de personajes (Romana Romano, Gran y Petit Navarro, jugadoras de mus y bebedoras de cócteles, entre otros asuntos, el Primo, lugares reconocibles que juegan el papel de personajes secundarios, contextualizando la historia de Las jefas al tiempo que refuerzan su sello distintivo, y, un abanico interdisciplinar de música, cine, publicidad, historia que sustentan la trama y dicho retrato.

Hay una concepción inicial en la novela que no es otra que un tributo al surrealismo. La búsqueda de un caballo blanco, y, a la vez, la fragmentación del mundo y de la propia novelística, cuando no una sobrecarga de ironía con respecto a la realidad social de la costa levantina. Poder y corrupción, dinero y autoridad, aburrimiento y violencia. La clave está en sus inversiones constantes: “Es un poco unicornio, el caballo este”, pág.132. De hecho, podría leerse como una suerte del Rayuela de Cortázar, por mucho que sea lectura de juventud, acaso como la entrega de un puzzle. El gran trabajo, el diseño del puzzle nos lo hace la autora, el lectorado ahora debe encajar las piezas.

La crítica de nuevo, le asocia con una tradición literaria de personajes perdedores, a la deriva, si se quiere, incómodos. No hay azares, acaso un permanente juego, ilustrado fundamentalmente en el mus. Su propio formato, el de novela breve la hace más profunda, más conforme a los tiempos, necesitando afilar el lenguaje a límites extremadamente precisos, para resaltar un universo donde dominan las mujeres, rompiendo moldes reales y ficticios. Esther García Llovet quiere aprehender el mundo de inmediato. Así por ejemplo sus diálogos, efectivos, directos, breves. No hay tiempo ni deseos para lo artificial. La premisa esencial del lenguaje se cumple a rajatabla, una economía del lenguaje que no deja sacudir a lectores y lectoras. El fragmento es el soporte por antonomasia. La contradicción, la ley más evidente y pesada de nuestras existencias, donde la inversión de términos no produce un referente incomprensible sino nuevos significados. Por esta misma razón, unos mensajes de Whatsapp, pueden aparecer sin puntuación, cortos y seguidos, o bien en pentámetros yámbicos. Otra vez, Shakespeare.

De hecho, el mundo cinematográfico está muy presente, para formar comparaciones, para definir situaciones. Al leer la novela, se va imaginando qué viñetas o dibujos serían los apropiados. El texto sugiere siempre mucho más de lo que dice, puro cine del que no queremos despertar.

Sin duda, donde se coloca el adjetivo “raro”, me parece más adecuado colocar el “lúcido”. Novela donde no hay elementos innecesarios, en la que se discurre con absoluta libertad y honestidad. La permanente asistencia de la publicidad, de anglicismos, de medicamentos, todo un espacio urbano y social que va desde el saxo de Gerry Mulligan a la voz de María del Monte. El título por otro lado, no deja lugar al engaño, Las jefas, es decir el liderazgo de mujeres, y, como en toda batalla por el poder, hay disputa, a veces se gana y otras se pierde. Con tanta sugerencia como belleza nos lo expresa, desarrollando la famosa frase de la obra de Shakespeare, Ricardo III, expresando entonces la desesperacón extrema y la necesidad urgente de algo en un momento crítico, “mi reino por un caballo”, es decir, la inexorable curva de oferta y demanda de hoy.

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