Tampoco sería raro. En 2º de bachiller le dediqué una redacción que ganó el concurso inter colegios patrocinado por Coca-Cola. Empezaba así “Sube a la alfombra mágica de mi imaginación y cruzaremos juntos el mar mediterráneo”: Sé que lo he contado alguna vez, pero oye, si tú no te das importancia, no te la va a dar nadie, tío. Y digo tío, porque no soy millennial ni centennial para decir “bro” o “pana”. Como esos carcas del sumario Plus Ultra que van de juveniles. Qué patéticos son, colega.
Si se puede nacer en el cuerpo equivocado, yo nací en el mar equivocado. El cantábrico es demasiado violento y agresivo. Mi espíritu provocador necesita el equilibrio y la calma de las cálidas aguas mediterráneas. El sol, el calor y sus playitas rodeadas de palmeras. Me encantan (y me puto flipan) las playitas rodeadas palmeras. Mejor en Cádiz que en Tarragona o Gerona, también te digo. Pero a cada cual lo suyo. Serrat es catalán y compuso “Mediterráneo”, elegida reiteradamente como la mejor canción en español de la historia. Y digo en español, porque en muchos países de Hispanoamérica es casi un himno nacional. Ahora mismo la escucho en mi play list, poniéndome al día de los últimos pifostios, excesos y desmadres de este país. Menos mal que Sánchez ha ido a Roma a rezar con el Papa. Como canta el rapero C. Tangana “Antes era ateo, pero ahora creo”. Nunca es tarde.
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