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Begoña Ameztoy

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Le he cogido prestado el título de la columna a Yolanda Díaz. No diré que es mi musa, pero se ha ganado a pulso el echarla de comer aparte. La vice segunda del gobierno con sus renovadas mechas rubias y con un par de ovarios ha dicho que desde el Gobierno se están haciendo “cosas chulísimas” (sic).

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Lo que me han traído los reyes ha sido incomprensión y quejas. Mira que he tenido columnas polémicas, pero ninguna tan criticada como la del martes pasado.

Este año queremos destacar diez libros totalmente inclasificables que nadie le recomendará, pero que tienen un gran valor, tanto en lo literario como en lo actual. Los libros pertenecen a géneros muy diferentes entre sí y que los trataremos en esta clasificación inclasificable; todos ellos son de una calidad insuperable y que les llamarán la atención por los temas tan dispares que tratan. Iremos de la poesía a la narrativa y del ensayo a la historia. No los pondremos por orden de importancia porque todos son igualmente trascendentes. Sumérjanse en estos libros que estamos seguros les engrandecerán el corazón y el alma.

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Mis sueños se pueden hacer realidad. Si a Isabel Celaá, ex ministra de Educación de infausta memoria, en lugar de mandarla de vuelta a casa, la nombran embajadora en El Vaticano, yo un año de estos gano el Planeta.

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Pedir perdón demuestra humildad y empatía. Otra cosa es que te pases la vida jodiendo al prójimo y creas que por decir “lo siento” has cumplido. Pues no, tío. A mí de pequeña me dijeron que el acto de contrición sin propósito de enmienda no vale ni pa`tomar por saco.

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Soy contradictoria y bipolar. No me gustan los gabachos, pero me encanta la canción francesa. Dirás que es empalagosa y cursi. Vale, esa es mi contradicción.

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Me revientan las efemérides y los santorales. Así que ya te imaginas la gracia que me hace la noche de difuntos. Y ni te cuento la horterada de Halloween.

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Reza lo que sepas, llega el frío y el tarifazo de la luz está más descontrolado que el Cumbre Vieja. Como no me fío del gobierno voy a negociar por mí cuenta con las eléctricas que están que lo tiran. Ofertones, descuentos y sorteos de luz y gas gratis para toda la vida.

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No creas que escribo lo primero que se me ocurre. Todos los días pasan cosas y los balances del año los carga el diablo. Sobre todo en tiempos de pandemia o como diría García Márquez “El amor en los tiempos del cólera”.

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De todas las palabras que he aprendido últimamente, “exponencial” es la que más me mola. Dices “exponencial” y te quedas como dios. Es un adjetivo poliédrico que vale para todo. Lo mismo para la subida del IPC, la incidencia acumulada o los ingresados en la UCI.

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Decir que la realidad supera la ficción es un aforismo trasnochado. Eso era antes de la pandemia, o sea A.P. como si dijéramos A.C. antes de Cristo, pues eso. Desde el ataque yihadista a las torres gemelas, ficción y realidad es lo mismo y lo vimos en directo por la tele.

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La princesa Charlene está triste ¿Qué tendrá la princesa? Lo sabemos de sobra, tío. Este montaje tenía muy mala pinta desde el principio. Recuerda que el día anterior a su boda con Albertito de Mónaco, la princesita subió a un avión rumbo a Sudáfrica. Novia a la fuga. Fue una movida de la leche.

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Dice Bertín Osborne que los hombres se ponen más nerviosos que las mujeres en la primera cita. Supongo que no lo dirá por él. Tampoco tenemos datos para establecer si se refiere a la primera cita como la “primera vez”.

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Ostras, tío, me entero por una colega columnista que me han puesto a parir en twiter. Algún tuitero pichabrava está cabreado por la visión que doy de la mujer, del amor y de la pareja en mi última novela “Los amores ingenuos” (aprovecho para recordártela) que por cierto es mi mayor éxito literario. Rebuznan, luego cabalgamos.

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Cuando empecé a escribir en este DV, mi madre, que era una diva frustrada (más que yo, que ya es decir) llevó a su merienda de los sábados en el Hogar del Jubilado un recorte de mi columnaMirad –dijo exhibiéndola como un trofeo- ¡es mi hija!.