Este texto identifica a las personas y sus orígenes geográficos que se beneficiaron del tráfico ilegal de seres humanos, centrándose en tres ciudades: Cádiz, Santander y Barcelona. “Cádiz fue uno de los núcleos españoles de la trata más importantes en el XVIII pues su bahía, situada en la encrucijada de Europa, África y América reunía las mejores condiciones para la trata clandestina. A partir de 1830 hasta la prohibición del comercio transatlántico de esclavos en 1866, su puerto fue el principal de toda Europa para aquel comercio. En 1817, Santander se consideraba un puerto negrero del que periódicamente salían barcos dedicados a la trata; el de Barcelona lo era ya en los años 20 y más aún en los 30, y el de Cádiz tenía la importancia de ser puerto de salida o de parada para aprovisionamiento. En los años 30, la mayoría de las expediciones negreras hispanas salía de Cuba, de donde se exportaban mercancías para África”, señala el autor en los primeros párrafos.
¿Qué se entiende por negrero? El autor aclara: “Se consideraba «negreros» tanto a quienes compraban esclavos en el Nuevo Mundo como a quienes los poseían, y comprendía así «a quienes disponen de una propiedad amparada por las leyes, promovida por la Corona y aceptada en la metrópoli como una de las actividades respetables y más lucrativas que podían hallarse».
Mediante un exhaustivo análisis de datos notariales, correspondencia privada y crónicas de la época, García Castañeda enfoca su investigación en un fenómeno histórico específico pero de gran relevancia: la participación de los indianos del norte de España —en especial aquellos de la región montañesa, hoy conocida como Cantabria— en la trata de esclavos en las Antillas. Mientras que el puerto de Santander prosperaba públicamente gracias a la exportación de harinas hacia América, las bodegas de sus financistas y las redes comerciales asociadas a sus apellidos más reconocidos llevaban a cabo un negocio clandestino que ya era desaprobado por la moral contemporánea y perseguido por los tratados internacionales: el secuestro y transporte de mano de obra esclava hacia los ingenios azucareros en Cuba.
De los palacios coloniales a la miseria rural: las historias de las familias
Negreros tiene un gran valor al desmitificar la narrativa del indiano que se hace a sí mismo, evidenciando que muchas de las fortunas más destacadas de la España del siglo XIX surgieron directamente de las bodegas de los barcos negreros. A través de un análisis exhaustivo, el libro explora en profundidad a figuras clave originarias de Cantabria.
Antonio López y López, originario de Comillas en Cantabria, se convirtió posteriormente en el primer Marqués de Comillas y Grande de España, representando un ejemplo arquetípico que se examina en la obra. Desde una situación de extrema humildad, emigró a Cuba. El ensayo investiga cómo sus capitales iniciales y fundamentales se formaron en Santiago de Cuba, gracias a redes matrimoniales y comerciales estrechamente relacionadas con el tráfico y la inversión en plantaciones que dependían del trabajo esclavo. Esta fortuna posteriormente financió la Compañía Trasatlántica, el Banco Hispano Colonial, así como el desarrollo urbano y arquitectónico de Barcelona y Comillas.
Juan Manuel de Manzanedo, originario de Santoña en Cantabria, se convertiría más tarde en Marqués de Manzanedo y Duque de Santoña. Sin recursos al llegar a Cuba, su ascenso fue rápido gracias a la trata y al comercio negrero, a pesar de que en ese momento el tráfico ya era teóricamente ilegal debido a las presiones británicas. Con el tiempo, Manzanedo logró acumular una fortuna enorme que luego reinvirtió en la Península. Esto lo hizo a través de la creación de redes bancarias, inversiones en bienes raíces en los barrios acomodados de Madrid y generosas donaciones benéficas en su ciudad natal de Santoña, buscando así mejorar su reputación social.
La notable paradoja: mientras en el Norte se practica la filantropía, en el Caribe persisten las cadenas.
La profunda contradicción moral de esta burguesía norteña es expuesta con maestría por García Castañeda. Tras obtener ingentes beneficios en Cuba, estos magnates regresaban a sus pueblos de origen en Cantabria transformados en benefactores públicos: financiaban iglesias, costeaban suntuosos palacios, abrían escuelas para los hijos de los campesinos locales y modernizaban infraestructuras públicas.
Además, el libro revela cómo pequeños inversores, armadores y capitanes de barco de la costa cantábrica desafiaron de manera activa los bloqueos marítimos internacionales. Para asegurar que los barcos continuaran descargando “piezas de ébano” en las costas cubanas, establecieron alianzas de corrupción con las autoridades coloniales y la propia Corona española.
Aspectos fundamentales sobre Negreros:
La trata del Norte se representa en un mapa que revela cómo el puerto de Santander y la cornisa cantábrica funcionaron como puntos clave para la logística, las finanzas y la reclutación de tripulaciones en el tráfico ilegal.
Fuentes notariales accesibles: Contratos, testamentos e inversiones ocultas se revelan por parte del autor, quienes están enredados en complejas redes societarias de la época.
La lucratividad de la trata se incrementó notablemente al transformarse en un negocio ilegal tras las prohibiciones establecidas por los tratados de 1817 y 1835, lo que resultó en un aumento significativo de los márgenes de beneficio para las familias montañesas.
Un debate que aún está por resolverse: La propuesta de ensayo incorpora a España en la tendencia historiográfica global que demanda una revisión del origen de las grandes riquezas que fomentaron la Revolución Industrial en Europa.
Salvador García Castañeda (Santander, 1932), catedrático emérito de la Universidad de Ohio, es una de las voces más autorizadas y respetadas en el estudio de la literatura y la sociedad de la España del siglo XIX. Formado en la Universidad de Salamanca y doctorado en Berkeley, ha dedicado su carrera a desentrañar las complejidades del costumbrismo y las relaciones transatlánticas.
Entre su producción académica destacan estudios sobre la obra de José María de Pereda y ediciones de clásicos como Escenas montañesas. Su labor investigadora ha sido reconocida con su nombramiento como académico correspondiente de la Real Academia Española y de la Real Academia de la Historia.
Con un estilo riguroso y una capacidad analítica, García Castañeda explora en sus textos la identidad cántabra y su proyección en América. Actualmente, reside en Estados Unidos, donde continúa contribuyendo al hispanismo internacional mediante ensayos que combinan la precisión histórica con una narrativa ensayística de alta calidad intelectual.
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