www.todoliteratura.es

Bacanal

Catarsis compartida
viernes 24 de julio de 2026, 15:14h
Bacanal
Bacanal

He puesto a danzar a mis palabras. Les hacía falta para ser libres, para creer en la vida. Lo mismo pasa con el cuerpo. Nos mira de frente y nos pregunta cuánto hace que dejamos de escucharlo, cuánto hace que confundimos la libertad con la costumbre de sobrevivir.

El Teatro Romano de Mérida tiene ese extraño poder de convertir cada noche en un origen. La piedra no pesa; sostiene. El cielo deja de ser un techo para convertirse en parte de la escena. Allí todo parece dispuesto para que el teatro vuelva a ser lo que nunca debió dejar de ser: un acto de fe en el ser humano.

Bacanal entiende esa premisa desde el primer instante. No busca contarnos solo una historia o una idea, sino provocar una experiencia. La palabra convive con la música y con una coreografía que no embellece el movimiento, sino que lo convierte en sensaciones. Los cuerpos hablan porque han decidido no callar más. Cada desplazamiento contiene una emoción; cada encuentro y cada separación cuentan algo que no podría escribirse de otro modo. Ante la represión del cuerpo y el deseo, la obra plantea que la necesidad de disfrutar y el impulso continuo del cuerpo late por encima de cualquier intento de censura.

Los actores principales se entregan sin reservas. Desde Carlos Hipólito y Chevi Muraday, que también lo dirige, pasando por Toni Acosta, Juana Acosta, Elisa Hipólito o Mapi Sagaseta. Hay una total entrega que atraviesa sus interpretaciones y que evita cualquier artificio. No parecen interpretar para el público, sino compartir con él una necesidad. Esa es la diferencia. El teatro deja entonces de ser representación para convertirse en presencia. Y el elenco entero, moviéndose como un organismo único, consigue que la escena respire con la naturalidad de un corazón. Los conflictos de los personajes pertenecen inequívocamente a nuestro tiempo, aunque se basen en un imaginario grecolatino. Esa capacidad para tender puentes entre épocas convierte el texto en el auténtico eje de una propuesta que invita al espectador a preguntarse hasta qué punto seguimos levantando prohibiciones contra aquello que desafía el orden establecido.

Sucede entonces algo difícil de explicar y, precisamente por eso, profundamente teatral. La frontera entre el escenario y la cavea empieza a desaparecer. El público deja de mirar desde fuera. Entra. Respira con los actores. Se reconoce en ellos. A pesar de abanicos y estrellas fugaces que no atendemos. La emoción, como el viento calmo, cambia de dirección una y otra vez, como una corriente que une a quienes crean y a quienes estamos dispuestos a recibir. Esa comunión, esa catarsis compartida, es uno de los milagros más antiguos del teatro y también uno de los más necesarios.

En el fondo, Bacanal habla de la libertad. Pero no de esa libertad que se proclama, sino de la que se conquista. La que nace cuando uno acepta su cuerpo como territorio de expresión y no de límite. Cuando comprende que moverse también es una forma de pensar, que abrazar, caer, danzar o levantar los brazos son maneras de decir "aquí estoy".

Quizá por eso una frase permanece flotando durante toda la representación como una revelación: “solo quien baila puede creer en la vida”. Porque danzar, moverse, exige confianza. En el otro. En uno mismo. En el instante. Bailar es aceptar que la existencia no siempre necesita explicación; a veces solo necesita un impulso capaz de atravesarnos.

La grandeza de Bacanal, cuyo texto es de Juan Carlos Rubio, reside en que no quiere separar la realidad de la ficción. Las mezcla hasta hacerlas inseparables. Lo que ocurre sobre el escenario pertenece a los personajes, sí, pero también a quienes observamos. Nos reconocemos en sus miedos, en sus deseos, en sus recuerdos arrepentidos, en su búsqueda de una identidad más libre. El texto, sólido y sugerente, parte de la tradición dionisíaca para explorar una cuestión que nunca pierde vigencia: la lucha entre la libertad de ser y de sentir frente a quienes pretenden imponer el miedo, el control y la obediencia como única forma de convivencia.

Porque el teatro sigue siendo ese lugar donde la verdad encuentra disfraces para hacerse visible. Donde el ser humano ensaya la posibilidad de ser otro para regresar siendo más él mismo. Donde aprendemos que sentir no es una debilidad, sino una forma de conocimiento.

Y mientras la noche vuelve a abrazar las piedras milenarias de Mérida, queda una certeza difícil de olvidar: mientras exista un cuerpo dispuesto a bailar y otro dispuesto a emocionarse al verlo, mientras exista una historia que nos cuenten con toda la carga dramática necesaria, seguirá habiendo razones para creer en el teatro, en los demás y, quizá también, en nosotros mismos.

INFORMACIÓN

BACANAL

Reparto: Juana Acosta, Toni Acosta, Carlos Hipólito, Elisa Hipólito, Chevi Muraday, Mapi Sagaseta, Cisco Lara, Julen Pazos, Georgina Flores, Tamar Vela, Inés Valderas, Javier Aguilera

Coro: Candela Chamorro, Lucía Ferrán, Celia García, Altea León, María Rufo, Carla Trillo

Texto: Juan Carlos Rubio
Dramaturgia: Juan Carlos Rubio y Chevi Muraday
Dirección: Chevi Muraday
Direccion de actores: Ignasi Vidal
Coreografía: Chevi Muraday
Música original: Mariano Marín
Una coproducción del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Losdedae Compañía de Danza Contemporánea

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios