www.todoliteratura.es

"Banderas lejanas", de Fernando Martínez Laínez y Carlos Canales Torres

EDAF. 2021
martes 30 de junio de 2026, 21:20h
Banderas lejanas
Banderas lejanas

Está ya bien documentada, en este libro, la estancia de los españoles en los Estados Unidos de América del Norte, y sobre todo su relación con los aborígenes, tales como apaches, comanches, cheyenes, navajos, semínolas y, aunque parezca extraño, también con todo el conglomerado de tribus lakota o siux. Por lo tanto, antes de que Georges Washington, John Adams o Thomas Jefferson fuesen el rodillo de la colonización anglosajona, los españoles, con todos los pros y los contras de rigor, ya habían combatido o pactado con todos estos indígenas.

Pues bien, esto es de lo que trata este estupendo análisis bibliográfico de la editorial Edaf. El reino de las Españas estuvo una ingente cantidad de años en esas tierras, y su presencia fue diluyéndose, a causa del desastre que se estaba produciendo en la metrópoli, con la genocida e inexplicable invasión imperialista del bonapartismo, que en ocasiones se suele disculpar, aceptar o solapar, por los franceses chauvinistas, sin ninguna razón que lo explique. Ambos autores han realizado un esfuerzo importante y laudatorio sobre todos estos pueblos y la relación con los españoles.

Este libro de Banderas lejanas es importante por tres razones principales. Una de ellas es que, por primera vez, se ofrece una visión coherente y detallada del proceso de exploración, conquista y defensa a cargo de España en ese inmenso, hostil y con frecuencia desértico territorio que se extiende desde el Río Grande hasta las gélidas costas de Alaska. La segunda razón viene marcada por el deseo (seguramente utópico) de superar el mutuo y gravísimo desconocimiento, tanto por parte estadounidense como española, de unos hechos que forjaron la existencia de Norteamérica y moldearon el propio marco geográfico del que surgiría la superpotencia actual de las barras y estrellas. La Historia -se ha repetido muchas veces- la escriben los vencedores. Y España perdió. La distorsión sistemática de sus empresas y hazañas, bien auxiliada por la calamitosa y torpe Leyenda Negra, no solo ha menospreciado y desvirtuado el hecho irrefutable de la tenaz, y muchas veces abnegada, acción de sus exploradores, soldados, marinos y colonos en América del Norte, sino que apenas ha reconocido la enorme ayuda (similar a la de Francia) prestada por los ejércitos y los dineros españoles a los incipientes Estados Unidos durante la lucha de independencia contra Gran Bretaña, en el momento mismo de su nacimiento como Nación. La tercera aportación notable de esta obra viene dada por la relación completa de todos los fuertes, presidios, asentamientos y misiones en los que alguna vez ondearon enseñas españolas en tierra norteamericana. Un listado indispensable que permite al lector actual darse plena cuenta del alcance y profundidad de la penetración hispana. Por supuesto que también hubo crímenes y errores por parte de España. Por desgracia, la historia no es un baile de salón ni una tómbola benéfica, sino una partera con las manos ensangrentadas. Avanza a tientas, con sufrimiento y lágrimas, guiada por la voluntad humana y los condicionamientos naturales, económicos y sociales. En este sentido, España no debería tener ningún complejo de inferioridad, algo que nos corroe desde hace mucho tiempo cuando se trata de establecer comparaciones con otros países punteros”.

En el año de 1493, cuando Cristóbal Colón comienza su segundo viaje a Las Indias, le acompaña un caballero de unos treinta años, nacido en el pueblo de Santervas, sito en el Reino de León, que tiene unos treinta años de edad, y que se quedará perplejo de aquellas aguas caribeñas tan límpidas y transparentes, sus islas plenas de verdor y la frondosidad de sus bosques, con aquellas aguas tan cálidas. Página-18: Error importante: ‘Castellano viejo de la cabeza a los pies, valeroso y audaz, había sido paje en la Corte del rey aragonés Fernando el Católico, tras la boda de éste con la infanta Isabel de Castilla…’. Corrección rigurosa: En ese momento Santervas es: ¡Reino de León y no puede ser castellano!, y los Ponce de León son de la baja nobleza leonesa como indica su apellido. La infanta, luego reina Isabel I “la Católica” se intitula como Reina de Castilla y de León: “…deben ser tratados como propios vasallos nuestros como ya lo son, y como si fuesen naturales destos dichos Reynos de Castilla et de León. Por ser la Reyna e subcessora destos Reynos de Castilla et de León”.

Como, y sobre todo el rey Fernando V “el Católico” de Castilla y de León no tenía muchas simpatías al Gran Almirante de la Mar Oceana, Cristóbal Colón, por sus exigencias de poder y autonomía, no extendió los privilegios del que pretendió ser visorrey a su hijo Diego Colón, nuevo almirante. Entonces, sería el momento de Juan Ponce de León para que colonizase y gobernase la isla de Puerto Rico, en el año de 1509. El primer asentamiento lo sería en 1508 en Caparra, actualmente la capital San Juan de Puerto Rico. La conquista y colonización de dicha isla fue bastante sencilla, ya que el cacique más conspicuo de los boricúas, llamado Agüeybana se convirtió rápidamente al cristianismo-católico, aunque aquí los españoles no fueron muy cuidadosos con los aborígenes, y se manifestaron ávidos de riqueza. Cuando Agüeybane pase a mejor vida, los indígenas se amotinarán por causa de la explotación intensa de los yacimientos de oro realizada por los europeos. Los indios perdieron su confrontación bélica, ya que no les fue posible hacer frente al mejor armamento de los soldados de los reinos de Castilla y de León. No obstante, y de forma inexplicable, el gobernador ordenó unas duras represalias, ya que no aceptaría nunca la rebelión indígena.

«En gran parte desconocida por los propios españoles, la gesta de la exploración, conquista y defensa que llevó a cabo España en lo que hoy son los Estados Unidos de América supone un acontecimiento histórico capital. Durante trescientos años, soldados, navegantes, misioneros, colonos y descubridores al servicio de España plantaron en fuertes, poblados, misiones y ciudades repartidas por toda América del Norte, desde los límites de México hasta la frontera canadiense y Alaska. Españoles fueron los primeros europeos que avistaron el Cañón del Colorado, cruzaron el río Misisipi, atravesaron las llanuras de Kansas, se internaron en los desiertos de Nevada o fundaron ciudades como Los Ángeles, Santa Fe o San Francisco. Mucho antes de que Estados Unidos existiera como nación, España había conquistado ya el Far West y combatido o pactado con las principales tribus indias que luego el cine de Hollywood haría famosas. Desde Florida a California las enseñas hispanas ondearon sobre un enorme territorio que tuvo que ser defendido con escasísimos recursos. Este libro incluye por primera vez lista de todos los fuertes, puestos fortificados, misiones y presidios españoles en Estados Unidos y Canadá. Con amenidad y rigor documental, presenta también una panorámica completa de los esfuerzos políticos y militares, y de los personajes que contribuyeron a fijar la historia apasionante, violenta en ocasiones y casi siempre heroica, de unos hechos que merecen ser rescatados del olvido y formar parte de la memoria colectiva hispanoamericana».

Esta obra, destacable, nos demuestra sin ambages lo positivo y lo negativo de la conquista y colonización del Nuevo Mundo o Las Indias o América Hispana, circunscrita a los actuales territorios de California, Nuevo México, Utah, Arizona, Luisiana, Nevada, Florida, etc.; los españoles, en puridad histórica e historiográfica serán los habitantes de los Reinos de Castilla y de León: castellanos, leoneses, vascos, cántabros, toledanos, gallegos, asturianos, extremeños andaluces, etc.; ya que los pertenecientes a los Reinos de Aragón lo hicieron más tarde. Siendo, por supuesto, conscientes de todos los errores cometidos, incluyendo aberraciones bélicas, pero las conquistas se comparan, y desde la metrópoli se trató de que los comportamientos fuesen los más decentes posibles para aquellos siglos XV, XVI y XVII, todo lo contrario que hicieron los ingleses, holandeses o franceses, e incluso los portugueses mientras fueron al margen de España. La autocrítica ya se produce en el siglo XVI con el emperador Carlos V, quien duda fehacientemente de la moralidad de la conquista y conversión de los indígenas.

En términos generales no existe genocidio o exterminio militar consciente de los amerindios, ya que se crean ciudades, no se les esclaviza, nacen iglesias o catedrales, estudian en las universidades, se ennoblece a muchos de ellos, y los matrimonios en igualdad de condiciones son habituales. Leyes de Indias/ 9 libros), Cartas de Relación entre Hernán Cortés y Carlos V, Leyes de Valladolid (28 de julio de 1513. Requerimiento indiano. Normativas para reconocer derechos y deberes de los amerindios) y Burgos (1512. ‘Para el buen Regimiento y Tratamiento de los indios’), Escuela de Salamanca/Reino de León (Renacimiento del pensamiento en el Siglo de Oro/XVI-XVII. Derecho internacional), etc., enriquecen el encuentro que se produjo allí entre los españoles y los aborígenes norteamericanos. Tatanka Yotanka/Toro Sentado/Sitting Bull (Siux-Hunkpappa) decía que los españoles (en las Floridas) trataban muy bien a sus indios. Por consiguiente, recomiendo esta obra lo máximo que se pueda. «Si fas endo plagas caelestum ascenderé cuiquam est mi soli caeli maxima porta patet».

Puedes comprar el libro en:

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios