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Fernando García Calderón
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Fernando García Calderón (Foto: cedida por el autor)

Entrevista a Fernando García Calderón: "El camino de Santiago es fuente de conocimiento"

Autor de "Argonautas en el laberinto"
lunes 20 de julio de 2026, 17:16h

Nacido en un caluroso agosto de finales de los años cincuenta, Fernando García Calderón es originario de Sevilla. Su trayectoria literaria comenzó con el cuento, donde logró reconocimiento al ser premiado en diversos certámenes a lo largo del país. Entre las obras que reflejan su larga dedicación se encuentran El mal de tu ausencia (2000), Sedimentos en un pantano (2004), Diario de ausencias y acomodos (2015) y La sonrisa del observador (2024). En el ámbito de la novela, sus dos primeras obras, El vuelo de los halcones en la noche (1998) y El hombre más perseguido (1999), recibieron los premios Félix Urabayen y Ateneo-Ciudad de Valladolid, respectivamente. Con una narrativa que abarca desde los claroscuros del siglo XV hasta las sombras del presente turbulento, sus trabajos más recientes, De lo visible y lo invisible (2018) y Para olvidar quién fuiste (2019), son representativos de su labor actual.

Argonautas en el laberinto
Argonautas en el laberinto

Con "Argonautas en el laberinto" se ha hecho con el III Premio de Novela Camino de Santiago. En esta obra, el lector se convierte en un viajero que avanza de casilla en casilla, al igual que en el juego de la oca, mientras recorre el Camino de Santiago, rodeado de elementos simbólicos e históricos. Al despertar, Argus se encuentra con la pérdida de su memoria. Con ingenio y paciencia, decide embarcarse en la aventura de recuperarla, acompañado por sus dos Erres favoritas: Runa y Rodri. A medida que hacen descubrimientos y comparten confidencias, la amistad entre los tres se fortalecerá, abriéndoles las puertas a una exploración repleta de enigmas a lo largo del Camino de Santiago. Las construcciones y las andanzas de los caballeros templarios, así como el ancestral juego de la oca, ofrecerán pistas valiosas en su viaje. Además, un grupo de jóvenes alumnos se unirá a ellos en la búsqueda del mayor tesoro: el conocimiento sobre el ser humano y sobre sí mismos.

Fernando García Calderón, tras una amplia y exitosa carrera literaria, ha ganado el prestigioso III Premio de Novela Camino de Santiago, que convoca la Academia Xacobea. ¿Qué supone para un sevillano hacerse con uno de los galardones más importantes de las letras gallegas?

Un honor, sin duda, y la alegría de ver publicado un trabajo de siete años. Pero hemos de entender que la grandeza del Camino de Santiago reside en que es patrimonio de todos. Es universal. Lo que ciñe la cuestión a la elaboración de una obra literaria que enraíce en ese prodigioso trayecto y su simbología, captando el aprecio del jurado, y a la generosidad de la Academia Xacobea al crear y promocionar un premio que admite novelas escritas en gallego o en castellano. Mi gratitud por todo ello.

Ha sido Marcelino Agís Villaverde, presidente del jurado que le otorgó el premio, el encargado de traducir su obra al gallego. ¿Tiene en ese idioma, “un sabor especial”Argonautas en el laberinto?

El gallego aporta un timbre y un tono específicos, como he podido comprobar en el proceso de edición del libro. El texto adquiere una musicalidad que supone un cambio en el ritmo de lectura. Por la naturaleza de la novela, el uso de esta hermosa lengua probablemente ha proporcionado valor añadido a la obra. Y, desde luego, la posibilidad de ver publicada Argonautas en gallego fue un gran aliciente a la hora de presentarme a este concurso.

Se han escrito cientos de obras sobre el Camino de Santiago y los enigmas que le rodean. ¿Sigue habiendo buenas historias que contar, como demuestra el autor?

El Camino de Santiago es fuente de conocimiento. Obliga a profundizar en aspectos diversos que se relacionan con la espiritualidad más íntima, con la cultura, la historia y sus costumbres. Es legendario en toda la extensión del término y puede ser abordado desde tantos puntos de vista que el abanico de opciones a la hora de plantearse una narración es enorme. La conjunción de un argumento, unos personajes y un leitmotiv solo depende del ingenio del escritor. El marco siempre será insuperable.

El Juego de la Oca oculta un hondo simbolismo esotérico y espiritual, casi como una senda de iniciación, una alegoría de la vida en la que vamos superando pruebas hasta alcanzar el autoconocimiento. ¿Cuál es el punto de inflexión que le hizo utilizar este juego?

El tablero de la oca, como evolución del juego templario practicado sobre la concha del nautilus, es en sí mismo una representación del Camino de ida y vuelta desde San Juan Pie de Puerto hasta Santiago de Compostela. Podría decirse que son treinta y dos “casillas” a recorrer hasta alcanzar la catedral —y lo que espiritualmente significa— y otras tantas de regreso, consolidando los sentimientos adquiridos hasta rebasar la puerta del conocimiento, del autoconocimiento que menciona, para situarse en esa casilla sesenta y cuatro, centro carente de número de la espiral trazada.

Comprender la dimensión de este “mapa” del Camino me llevó a desear transitarlo. Si mi enfermedad crónica no me permitía cumplir este propósito, tendría que servirme de unos adolescentes para vivir esta aventura única. Ahí nace Argonautas en el laberinto.

Sin curiosidad no se aprende. ¿Qué importancia tiene la capacidad de preguntarse y preguntar para alcanzar la iluminación?

Entre otras, hay dos cualidades que definen al ser humano y que yo valoro especialmente. Una es la curiosidad, entendida como surtidor de ilusión y conocimiento; la otra es la perseverancia para conseguir lo que considera esencial. Aprender de la experiencia y saber formular las preguntas adecuadas en cada circunstancia nos hace crecer.

El autor involucra al lector en la trama constantemente. ¿La lectura solo puede ser activa? ¿Es un juego en el que el lector siempre gana?

Es un juego en el que el lector siempre gana si acepta el reto y se implica. No existe el libro puramente infantil o juvenil, a mi entender. Existen lectores que, por unas horas, aceptan el reto de rescatar las expectativas que fueron naturales en un periodo muy concreto de su vida.

La amistad exige sinceridad, atención a los detalles y comprensión

En su libro priman valores como la amistad y el compañerismo. ¿Hemos sobrevalorado los conceptos y dejado a un lado el significado en estos tiempos de tecnología e inmediatez?

La amistad exige sinceridad, atención a los detalles y comprensión. Ocupa tiempo. El compañerismo obliga a valorar las ideas del prójimo y organizarse. Implica esfuerzo. El individualismo ahorra tiempo y esfuerzo, pero no conoce la sinergia. Los argonautas de esta novela progresan en el camino de la armonización de ideas y actos, reconociéndose mejores unidos en un empeño común.

El Juego de la Oca también simboliza el viaje compartido: todos hacemos el mismo recorrido, aunque juguemos de manera individual. ¿También esto lo hemos olvidado?

La oca es un juego aparentemente trivial, que adquiere sentido cuando se asocia a su origen. La búsqueda del conocimiento tiene ese doble componente, individual y participativo. En el equilibrio se encuentra la solución. Pero hemos de asumir que difiere, en esencia, de la mayor parte de los juegos apreciados por los adolescentes de hoy en día. Ofrecer una nueva visión de la oca y su valor en el Camino de Santiago fue uno de los fundamentos de esta novela.

Sus protagonistas son adolescentes que leen tanto El Señor de los Anillos, como El Principito y los comics, que juegan al ajedrez y a la Oca… ¿A qué tipo de lectores dirige su obra?

En su fondo y trasfondo es una novela dirigida a los adolescentes que guardan cierto interés en esa aventura que es siempre sostener entre tus manos un libro y adentrarte en lo que sigue a la portada. Por su argumento, tono y forma, mi objetivo fue entretener a lectores de cualquier edad. Como dije antes, basta con aceptar el reto.

La pérdida de la memoria es una tragedia para cualquier persona, pero en un joven puede ser aún más terrible. ¿Qué mensaje quiere poner de manifiesto con su protagonista?

La memoria nos proporciona experiencia y nos recuerda quiénes somos y de dónde venimos. El esfuerzo de Argus, el protagonista, se centra en la manera de paliar el problema y en la búsqueda de su causa y conclusión. En el camino descubre que el entendimiento de los porqués en las materias que estudia supera con creces el mero acto de memorizar. Su lema acaba siendo mejor razonar como Sherlock Holmes que recitar como un papagayo.

Han definido Argonautas en el laberinto como un thriller histórico. ¿Qué añadiría el autor?

Si entendemos el thriller como una narración de intriga y suspense, esta novela desarrolla una trama que encaja en la definición. Cuenta con la historia como soporte para ir desvelando las pistas que conducen a la verdad, pero se encuadra en un tiempo reciente. En suma, refleja la iniciativa y determinación de un grupo de chavales que adoptan una actitud racional y detectivesca sin renunciar a la interpretación de construcciones, símbolos y acontecimientos pretéritos.

Simbolismo, enigmas, aventuras… ¿habrá que consultar la Mesa de Salomón para comprobar si la humanidad va por el buen camino?

Sería deseable que un instrumento tan magnífico estuviera a disposición de las personas de bien. Por desgracia, y como tantas veces ocurre, resultaría peligroso en malas manos. La codicia y el afán de poder corrompen cualquier buen propósito.

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