www.todoliteratura.es

Nuestro poema de cada día
Federico García Lorca en la Huerta de San Vicente “el refugio que inspiró a Lorca”
Ampliar
Federico García Lorca en la Huerta de San Vicente “el refugio que inspiró a Lorca”

Frente a la anécdota narrativa, la emoción lírica de la “Canción del jinete”, de García Lorca

Una de las secciones de mayor interés lírico del poemario Canciones es la IV, titulada “Andaluzas”. Y en ella hay dos poemas con el mismo título: “Canción del jinete”. El primero de ellos lleva bajo el título una fecha: 1860. Es el poema que reproducimos y comentamos seguidamente.

Federico García Lorca: Canciones. 1921-1924. Alianza Editorial, 1981.
Federico García Lorca: Canciones. 1921-1924. Alianza Editorial, 1981.
Canción del jinete
(1860)
En la luna negra
de los bandoleros,
cantan las espuelas.
Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto? 5
...Las duras espuelas
del bandido inmóvil
que perdió las riendas.
Caballito frío.
¡Qué perfume de flor de cuchillo! 10
En la luna negra
sangraba el costado
de Sierra Morena.
Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto? 15
La noche espolea
sus negros ijares
clavándose estrellas.
Caballito frío.
¡Qué perfume de flor de cuchillo! 20
En la luna negra,
¡un grito! y el cuerno
largo de la hoguera.
Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto? 25

Federico García Lorca: Canciones. 1921-1924.
Alianza Editorial, 1981.

El poema se compone de 25 versos, distribuidos en cinco estrofas que reciben el nombre de soleá, compuestas por tres versos hexasílabos en los que riman el primero con el tercero en asonante /é-a/ (versos 1-3, 6-8, 11-13, 16-18, 21-23; y en estas combinaciones, el hexasílabo “En la luna negra” se repite hasta tres veces versos (1, 11 y 21), lo que intensifica el carácter lúgubre de la luna. Intercalados en estas cinco estrofas de tres hexasílabos figuran dos estribillos, que se repiten vertebrando el texto, dísticos formados por un verso hexasílabo seguido de otro decasílabo, por lo general con asonancia monorrima: versos 4-5, 14-15 y 24-25, primer estribillo con asonante /é-o/ (“Caballito negro. / ¿Dónde llevas tu jinete muerto?”; la relación “caballito negro”/“jinete muerto”, así como la interrogación retórica, aumentan la tensión dramática y crean un clima de desconcierto); versos 9-10 y 19-20, segundo estribillo con asonante /í-o/ (“Caballito frío. / ¡Qué perfume de flor de cuchillo!”); y ahora es la relación “caballito frío”/“flor de cuchillo” y la entonación exclamativas las encargadas de mantener el tono patético y dolorido. La coincidencia de la rima /é-o/ del verso 2 pone en situación de relevancia expresiva lka palabra “bandoleros”; en cambio, no tiene la menor transcendencia en la rítmica del poema que los versos 7 (/í-a/), 12 (/á-o/) y 17 (/á-e/) queden sueltos. Estos cambios de ritmo y de rima crean una dualidad musical muy propia de las canciones populares. El mayor dinamismo del poema en algunos momentos es fruto de los encabalgamientos que se producen entre los versos 1-2 (“En la luna negra / de los bandoleros” y 6-7, 7-8 (“…Las duras espuelas / del bandido inmóvil / que perdió las riendas”) y 22-23 (“¡un grito y el cuerno / largo de la hoguera”). No obstante, lo más llamativo del poema, al margen de las construcciones paralelísticas y de la simplicidad sintáctica, es la densidad metafórica.

El poema está desprovisto de anécdota narrativa, suprimida en beneficio de la emoción lírica: un bandido, muerto en no se sabe qué circunstancias, es conducido por su caballo, sin saber adónde se dirige, mientras la naturaleza muestra su consternación.

Ya en el primer verso hace acto de presencia “la luna negra”, que reaparece en los versos 11 y 21; presente en el poema, pero no en el cielo real, ya que -como fenómeno astronómico- al encontrarse de espaldas al Sol, no puede ser vista desde la tierra; y suele asociarse en el imaginario popular con acontecimientos luctuosos. De ahí el interés que la repetición de este verso tiene a lo largo del poema, porque lo tiñe de oscuridad ambiental. El encabalgamiento entre los versos 1 y 2 asocia a los “bandoleros” este tipo de luna, haciéndola suya y, por tanto, sumergiéndolos en un ambiente sórdido y marginal en el que “cantan las espuelas” (verso 3; es decir, que “pican” a sus cabalgaduras, avivándolas, por lo que la forma verbal “cantan” adquiere un significado metafórico; ya an el Poema del Cid, el anónimo juglar habla de que los infantes de Lara “aguijan a espolón”).

E irrumpe el primero de los estribillos, en forma de interrogación retórica: es la pregunta desesperada, y a la vez emotiva de la voz lírica al propio caballo -nombre que figura en su variante diminutiva, con valor afectivo-, por el destino al que se dirige llevando al jinete muerto; un destino errático. La combinación de adjetivos (“negra” -la luna-, “negro” -el caballito-, y “muerto” -el jinete- crean un cuadro fantasmal que acrecienta el carácter fúnebre de la escena.

En la segunda soleá (versos 6-8), el poeta cambia “jinete” por “bandido” y “muerto” por “inmóvil”, y de ahí que haya perdido las riendas, y que el caballo vaya desbocado, espoleado con dureza en sus ijares. Los puntos suspensivos a principio de verso enlazan esta segunda soleá con la primera, tras el estribillo, y amplían el significación del verso 3 (“cantan las espuelas”). La adjetivación se hace cada vez más siniestra y facilita un quiasmo “adjetivo+nombre/nombre+adjetivo” (versos 6-7: “…Las duras espuelas” / del bandido inmóvil”).

Un segundo estribillo, distinto del primero, traslada la frialdad de la muerte del jinete al caballo, nombre que continúa en su variante diminutiva (verso 9: “Caballito frío”; claro ejemplo de desplazamiento calificativo). Y en verso 10 -una frase exclamativa-, el poeta crea una extraordinaria metáfora que vincula el arma homicida con el olor de la sangre derramada: “¡Qué perfume de flor de cuchillo!”. La plasticidad de la imagen, en la que se funden vida y muerte, es absoluta. (García Lorca recurrirá, en múltiples ocasiones, a asociaciones similares; y así, por ejemplo, en el “Romance sonámbulo” escribe: “Trescientas rosas morenas / lleva tu pechera blanca. / Tu sangre rezuma y huele / alrededor de tu faja”; versos 41-44).

En la tercera soleá (versos 11-13), se reitera el verso inicial del poema, que sigue irradiando sus connotaciones funestas, y que ahora salpican a Sierra Moreno, que sangra al igual que el costado del jinete muerto. El hipérbaton, con la forma verbal en pasado imperfectivo antepuesta, le confiere una mayor fuerza visual a la imagen (“En la luna negra / sangraba el costado / de Sierra Morena”). Y a continuación se repite el primero de los estribillos, que ahora adquiere un tono de mayor patetismo, al toparnos de nuevo con el “caballito negro” y el “jinete muerto” (versos 14-15).

En la cuarta soleá (verso 16-18), la noche se metaforiza en caballo y las estrellas en punzantes espuelas que se clavan en sus propios ijares, igualmente negros. Y para la continuidad de la imagen, el poeta ha recurrido a dos verbos cuyo contenido semántico encierra la idea de “daño” (verso 16: “espolea”; verso 18: “clavándose”, construcción pronominal que hace más intenso el dolor que la naturaleza sufre). Y no es casual el esquema rítmico de los hexasílabos, que imitan el pie clásico anfíbraco (tres sílabas, una larga entre dos breves); es decir: [oóo / oóo], y, de esta forma, se incrementa la viveza del cabalgar de la noche en medio de su profunda aflicción. [En el poema de Rafael Alberti “A galopar” -una invitación a las clases obreras a no desfallecer, a perseverar en su espíritu de lucha por lograr conquistas sociales-, el poeta, empleando el mismo esquema rítmico, ha imprimido al galope del caballo la aceleración requerida: “Galopa, caballo cuatralbo, / jinete del pueblo / al sol y a la luna. [...])”]. Y enlazando la cuarta y quinta soleá, reaparece el segundo de los estribillos (versos 19-20), que contribuye a aumentar el clima lúgubre del poema.

Y en la quinta soleá, otra vez -la tercera- hace acto de presencia “la luna negra” (verso 21), y resuena en el ambiente -del que forma parte la llama de una hoguera, convertida en un largo cuerno, cuyo tamaño aumenta el encabalgamiento- un grito que los signos de exclamación convierten en estridente alarido: la muerte lo llena todo y convulsiona la naturaleza (versos 21-23: “En la luna negra, / ¡un grito! y el cuerno / largo de la hoguera”). Y de ahí la eficacia de la reiteración del primero de los estribillos para cerrar el poema: el “caballito negro” sigue adelante con trágica carga: un bandido del que solo sabemos que esta “muerto”. El argumento se ha reemplazado por la emoción lírica y el clímax emocional logrado -como si de un antiguo romance medieval se tratara- deja en suspenso el ánimo...

Versiones musicales.

Paco Ibáñez.

https://www.youtube.com/watch?v=AY7t6pxpdaE

Chavela Vargas.

Perteneciente a “La luna grande. Homenaje de Chavela Vargas a Federico García Lorca” (2012), último álbum de la artista.

https://www.youtube.com/watch?v=m-mb0a60Whg

Pedro Ávila.

https://www.youtube.com/watch?v=cdttRfSn0Uc

Inma Márquez, voz. Paco Luque, guitarra.

Café Teatro PAYPAY. Cádiz, 25 ABRIL 2024.

https://www.youtube.com/watch?v=Vo3cF6y7cBM

Puedes comprar el libro en:

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios