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"En palabras sencillas", de Richard Ford

Editorial Fetrinelli. 2026
sábado 12 de septiembre de 2026, 18:17h
En palabras sencillas
En palabras sencillas

Nos hallamos ante un libro de Richard Ford que no es ni una autobiografía ni un libro sobre escritura. Se trata de una reflexión muy breve (ciento veinticuatro páginas para ser exactos) sobre el significado de la escritura política. La pregunta que plantea Ford es tan simple como insidiosa: ¿he sido alguna vez un escritor político? A través de la reconstrucción de sus primeras novelas, descubre que sí lo fue, quizás, sin darse cuenta. Las últimas páginas sobre la génesis del primer Bascombe son la mejor parte del texto. La historia de Frank Bascombe es la historia de Ford. O casi. Ford no es Bascombe, y se empeña en dejarlo claro (nunca se ha divorciado, ya que está casado con Kristina desde 1968), pero la trayectoria que lleva al nacimiento del personaje es tan parecida a la suya que convierte la novela en algo más que una simple novela con personajes reales.

Tras dos novelas con una acogida tibia, Ford probó suerte en el periodismo deportivo con Inside Sports. Cuando la revista cerró, se encontró desempleado antes de cumplir los cuarenta. Fue Kristina quien le animó a volver a la ficción. Ford contó que se encontraba holgazaneando en casa hasta que decidió escribir una novela sobre un hombre que trabajaba como periodista deportivo. La empezó el Domingo de Pascua de 1982. La ironía reside en que, como él mismo admitió, si la revista no hubiera quebrado, no habría escrito nada más. Se habría quedado allí, feliz.

La existencia de Frank Bascombe se debe al fracaso de un periódico y a la tenacidad de su esposa. Lo sorprendente, al releer la génesis de la novela a la luz del ensayo, es cómo Ford construyó a Bascombe a partir de material autobiográfico para llegar a algo completamente distinto de sí mismo. El personaje comparte con el autor su experiencia deportiva, su crisis de la mediana edad y Nueva Jersey. Pero mientras Ford se mantuvo íntegro en su matrimonio, en su escritura y en la continuidad de su vida, Bascombe se ha desmoronado. Es como si Ford le hubiera confiado al personaje todas las posibilidades de desviación que él mismo había rechazado, transformando su propia estabilidad en material narrativo por sustracción.

Esta distancia del yo, esta capacidad de habitar una voz profundamente distinta a la propia, tiene raíces lejanas. Ford nació en Jackson, Misisipi, la misma ciudad que Eudora Welty: de niño, asistió a la misma escuela primaria y vivió durante años frente a la casa donde Welty aún residía. Y luego estaba Faulkner, cuya sombra se cernía sobre toda la literatura de Misisipi como una presencia a la vez fundamental y asfixiante. Crecer en ese Sur significaba medirse con escritores que ya lo habían dicho todo, y mejor. La pregunta que Ford ha llevado consigo desde su debut —¿cómo se escribe después de Welty y Faulkner sin sentirse abrumado por ellos?— es, en última instancia, una pregunta sabia: ¿cómo se encuentra la propia voz cuando el territorio ya está tan densamente poblado? La respuesta fue marcharse.

Ford explicó que intuía, quizás inconscientemente, que aquellos grandes escritores sureños ya habían hecho lo que él habría intentado, y lo habían hecho mejor. Así que escribió una novela ambientada en México, luego otra en Nueva Jersey, y después una en Montana. El Sur permaneció en su interior —en la cadencia de sus frases, en ciertos silencios—, pero nunca se convirtió en su tema principal. Ford siempre se resistió a la etiqueta de escritor sureño, sosteniendo que Faulkner no era un gran escritor sureño, sino simplemente un gran escritor que vivió en el Sur. Es una distinción sutil pero reveladora, y dice mucho sobre la comprensión que Ford tenía de la relación entre identidad y literatura.

Y aquí es donde el ensayo podría haber profundizado realmente. Porque la pregunta "¿Soy un escritor político?" aplicada a Ford no se refiere al activismo explícito, sino a algo más difícil de definir: la capacidad de convertir a un personaje ordinario en una herramienta para comprender la sociedad estadounidense. Bascombe no pronuncia discursos políticos, no toma partido. Sin embargo, en las cinco novelas sobre él, desde Sportswriter en 1986 hasta Forever en 2023, se ofrece una radiografía de la América contemporánea que pocos escritores han logrado plasmar con tal precisión y discreción.

Es una verdadera lástima que estas reflexiones se hayan condensado en tan pocas páginas. No porque el libro sea malo ni mucho menos (ciertos pasajes poseen la densidad y la elegancia de lo mejor de Ford), sino porque el tema merecía mucho más. Las preguntas siguen abiertas y fructíferas. Las páginas dedicadas a Bascombe permanecen, y son las mejores. Y, al final, persiste la sensación de haber leído un libro escrito con prisas, impulsado por una urgencia histórica real —el trumpismo—, pero que aún no se ha transformado en una verdadera necesidad literaria.

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