EL VALOR LÍRICO DE LA ELABORADA PROSA DE GABRIEL MIRÓ. I miércoles 16 de septiembre de 2026, 12:13h
Actualizado el: 16/09/2026 12:21h
Miró, amante apasionado de la belleza. Gabriel Miró (Alicante, 1879-Madrid, 1930) dedicó su vida a la redacción de una obra artística que refleja su temperamento melancólico, su aguda sensibilidad y un dominio absoluto de todos los recursos del lenguaje. Aun cuando su prosa se inscribe en la órbita modernista, se le adscribe a la Generación Novecentista, tanto por su edad como por su afán de depuración formal, exacerbada hasta el tales extremos que Ortega y Gasset llegó a definir su estilo como "fatigoso a fuerza de ser pulcro y solícito". Artista puro, Miró posee una delicada sensibilidad para percibir y expresar la belleza sensorial del paisaje levantino, que se incorpora a nuestra literatura a través de sus páginas con toda su luminosidad y fragancia.
La producción de Miró está integrada por un conjunto de relatos en los que el paisaje, profundamente humanizado, es más importante que la sencilla acción novelesca que lo tiene por escenario. Destacan las novelas tituladas Las cerezas del cementerio (1910), El libro de Sigüenza (1917), El humo dormido (1919), Nuestro Padre San Daniel (1921), El ángel, el molino y el caracol del faro: Estampas rurales (1921), Niño y grande (1922), El obispo leproso (1925), y Años y leguas (1928), obra con la que prácticamente se cierra su producción literaria. Y precisamente de este último libro ofrecemos un fragmento que pone de manifiesto la extraordinaria capacidad verbal de Gabriel Miró.
La llegada
[“Sigüenza regresa a los campos de la Marina”]
Tierra de labranza. Olivos y almendros subiendo por las laderas; arboledas recónditas junto a los casales; el árbol de olor del Paraíso; un ciprés y la vid en el portal; piteras, girasoles, geranios cerrando la redondez de la noria; escalones de viña; felpas de pinares; la escarpa cerril; las frentes desnudas de los montes, rojas y moradas, esculpidas en el cielo; y en el confín, el peñascal de Calpe, todo de grana, con pliegues gruesos, saliendo encantadamente del mar; una mar lisa, parada, ciega, mirando al sol redondo que forja de cobre lo más íntimo y pastoso de un sembrado, un tronco viejo, una arista de roca, un pañal tendido, y, encima de todo, el aliento de la anchura, el vaho de sal y de miel del verano levantino cuando cae la tarde. Y entonces Sigüenza percibe el grito interior sobrecogido: «¡Campo mío!». Ya se ve, sin verse, en el agua de los riegos que corría, en la cal de los cortinales, en el temblor de los chopos, en el azul, en todo lo que le rodeaba. Como en esa tarde vino en aquel tiempo. El olor de los viejos campos de la Marina, como el olor de su casa familiar en la felicidad de los veranos de su primera juventud. Pero no pareciendo que «fuese ayer», o pareciéndolo precisamente porque entonces sentimos todo lo contrario. Y porque nos oprime la verdad del tiempo devanado tuvo más fuerza alucinante la emoción de esta hora que se había quedado inmóvil para Sigüenza desde entonces. Y hasta hizo un ademán suave de tocarla, de empujarla, queriendo que volviese a caminar a su lado. Una lente lírica le acercaba a sí mismo. En ese algarrobo desgarrado, en aquella quebrada, en un contorno de una colina, en una tonalidad, en un rasgo preciso, debió de dejarse más hincada su mirada, y ahora, entre todo, se le presentaba, no el recuerdo óptico y casuístico, sino la misma mirada, la sensación de su vida que se había envejecido allí, y ahora le salía para verle pasar, a veinte años de distancia...
Gabriel Miró: Años y leguas. Madrid,Biblioteca Nueva, 1928.
Edición digital: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: Gabriel Miró. http://www.cervantesvirtual.com/portales/gabriel_miro/
Apoyo léxico. Casal. Casería, casa de campo (con edificios dependientes y fincas rústicas unidas o cercanas a ella). Árbol del Paraíso. Árbol que alcanza unos diez metros de altura, con tronco tortuoso y gris, hojas estrechas, lanceoladas, blanquecinas y lustrosas, flores axilares, pequeñas, blancas por fuera y amarillas por dentro, y frutos drupáceos, ovoides y de color amarillo rojizo. (http://www.zoobotanicojerez.com/index.php?id=1223). Felpa. Tejido de seda, algodón, etc., que tiene pelo por la haz. (Felpar. Cubrir con vello u otra cosa a manera de felpa). Escarpa. Declive áspero de cualquier terreno. Cerril. Aplícase al terreno áspero y escabroso. Peñascal de Calpe. Peñón de Ifach, ubicado en la Marina Alta, al norte de la provincia de Alicante, en el término municipal de Calpe. En un paraje natural de 45 hectáreas, sobresale con sus 332 metros de altura. Sigüenza. Alter ego del autor. Cortinal. Pedazo de tierra cercado, inmediato a pueblo o casa de campo, que ordinariamente se siembra todos los años. Quebrada. Hendidura de una montaña. La prosa de Gabriel Miró une a la tradición cervantina los logros de los escritores modernistas y la renovación de la sintaxis llevada a cabo por Azorín. Amante apasionado de la belleza, Miró es autor de hermosísimas páginas que, por su fuerte impregnación lírica, han sido calificadas de prosa poética; y estas líneas son una buena muestra de ello. Ofrece Miró en ellasuna visión lírica del campo de la costa alicantina. El escritor -maestro en la recreación de este tipo de estampas- “va enfocando” diferentes planos del paisaje, enmarcándolos sucesivamente en riguroso orden (A+B+C+D...+N elementos): tierras de labranza, olivos, almendros, girasoles, viñas, montes... Y su aguda sensibilidad recoge, en bellas palabras, las sensaciones que le llegan del campo de Calpe: sensaciones visuales (“las frentes desnudas de los montes, rojas y moradas”...); sensaciones táctiles (los pliegues gruesos del peñascal de Calpe...); sensaciones olfativas y gustativas (“el vaho de sal y de miel del verano levantino cuando cae la tarde”...). A lo profuso de la adjetivación, rica en valores connotativos (“una mar lisa, parada, ciega”, “lo más íntimo y pastoso de un sembrado”, “el grito interior sobrecogido”, “no el recuerdo óptico y casuístico”...) hay que añadir las continuas esas construcciones paralelísticas en series enumerativas perfectamente organizadas con un número concreto de elementos (insistimos: A+B+C+D...,+N) que también -junto con la adjetivación- contribuyen a acrecentar la pausada y rítmica andadura del texto; citemos solo tres ejemplos de los muchos que abundan en el texto, desde el principio hasta el final, y en el las series paralelísticas constan de cinco miembros: “un tronco viejo (A), una arista de roca (B), un pañal tendido (C), y, encima de todo, el aliento de la anchura (D), el vaho de sal y de miel (E) del verano levantino cuando cae la tarde.”; “Ya se ve, sin verse, en el agua de los riegos (A) que corría, en la cal de los cortinales (B), en el temblor de los chopos (C), en el azul (D), en todo (E) lo que le rodeaba.”; “Una lente lírica le acercaba a sí mismo. En ese algarrobo desgarrado (A), en aquella quebrada (B), en un contorno de una colina (C), en una tonalidad (D), en un rasgo preciso (E), debió de dejarse más hincada su mirada”.
Bibliografía. Cf. Lozano Marco, Miguel Ángel: “Años y leguas. Ensayo de aproximación a un libro complejo”. En Nuevas perspectivas sobre Gabriel Miró. Miguel Ángel Lozano Marco (coordinador). Alicante, Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones/Diputación Provincial de Alicante. Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, 2008; págs. 127-164. https://dialnet.unirioja.es/servlet/libro?codigo=288978
Rafael Narbona: “Años y leguas”. El imparcial, 16 de mayo de 2015. https://www.elimparcial.es/noticia/151315/opinion/anos-y-leguas.html
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