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Feijóo y Sánchez
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Feijóo y Sánchez

I WOULD PREFER NOT TO (ABSTENCIÓN EXISTENCIAL)

martes 3 de noviembre de 2026, 18:17h

Es exactamente así como aparece en el texto original. No leemos nada como “I would prefer not to do it”, por ejemplo. La estructura formal confiere a la frase en inglés un matiz terminante. Bartleby, simplemente, preferiría no: absolutamente no. Sospecho que Melville, más allá del tiempo terrenal, en el confuso país de los sueños, reconoció a Kafka en alguno de los corredores de la biblioteca infinita de Borges. Debió de vislumbrarlo en algún cruce o al final de una escalera, o tal vez lo confundió con su propio y taciturno reflejo en uno de esos espejos picados que separan armarios y anaqueles. Bartleby se ha convertido para la humanidad lectora en el emblema de la abstinencia, de la negación terne pero indolente. Es el gran negligente metafísico, el rebelde pasivo y ontológico que habita más allá de la mera y vulgar procrastinación.

Bartleby, el escribiente
Bartleby, el escribiente

Yo también, muy a menudo, prefiero no hacerlo. Por ejemplo, ahora que se nos vienen encima las elecciones. Los lectores más obtusos (pero ninguno de ustedes, los que me siguen fielmente) querrán saber, antes de seguir leyendo, a quién pienso votar. Pues… se lo digo. A nadie. A ningún partido. Como dice el maestro Miyagi en Karate Kid, el mejor bloqueo es no estar allí. Así que, sencillamente, no iré a votar.

Tengo dos amigos, los llamaremos aquí A. y B. pero les garantizo que esas iniciales corresponden a personas reales. A. está convencido de que la felicidad de la mayoría depende enteramente, y de la forma más directa, de que no gane la derecha. Hace poco se compró un apartamento en La Manga. Me llamó para decírmelo, porque es listo y sabía que yo me enteraría de todos modos, ya que tenemos amigos comunes. Estaba algo avergonzado, o fingía estarlo. Lo absolví y le dije que lo entendía. Por muy solidario que se sea, si uno es profesor y su mujer enfermera y baja el consumo familiar por la pandemia… algo habrá que hacer con los ahorros, ¿verdad? Él sabe que yo soy vagamente socialdemócrata, conoce y respeta mi supuesta autoridad intelectual y me tiene (erróneamente) por una buena persona. Sabe que no comparto, por tanto, trinchera con el enemigo. Lo absolví y se quedó más tranquilo.

El otro amigo (B.) está convencido, con fanatismo de hasshasin, de que todos los males de su vida se deben a una mortífera conspiración Woke  internacional. En realidad, sus amigos más cercanos sabemos bien que sus problemas son muy otros, y nada tienen que ver con las acreditadas prácticas satánicas y de canibalismo infanticida de Pedro Sánchez y sus acólitos. Un matrimonio insatisfactorio, fallido, una herencia genética con acusada tendencia a la melancolía y una empresa que no termina de funcionar son causas más probables de su sufrimiento que las campañas de devastación de la horda roja, pero sería inútil explicárselo. De hecho, es inútil tratar de explicarles, a cualquiera de los dos, que lo que va a decidir en el periférico reino de España (vale, sí: la cuarta economía de una decadente y empobrecida Unión Europea) el gobierno que salga de las urnas, supondrá, como mucho, el destino del 5% de los presupuestos generales del Estado.    

Cuando el lacayo del felón Abascal (el jovenzuelo Figaredo, que tiene cara de sádico estuprador de criadas de la era victoriana) dijo que se iban a cargar las pensiones, tuvieron que sacar rápidamente a  Feijóo del tanque de formol para que dijera que de eso nasti de plastic, y que él era casi tan socialdemócrata como Pedro, aunque mejor persona. En España, el margen para gobernar es muy estrecho. Estamos sometidos al rígido control de los burócratas de Bruselas y el estado del bienestar es innegociable para el 85% de la población. Y así como Podemos y Sumar han sido (preguntad a Maricarmen) decorativos en este gobierno, presumiblemente VOX no será más que la casa de la bruja para asustar a los niños los fines de semana en el gobierno popular. Por supuesto, todos se empeñan en exagerar las cosas. El público demanda espectáculo (¡qué bien lo vio Vargas Llosa!) y no se puede defraudar al personal. Por eso Óscar Puente –a quien Sánchez mantiene encerrado bajo su trono, como el monstruo de Jabba el Hutt- sale a gritar, entre los hierros retorcidos de los trenes, que hay que parar a los fascistas. Y la decorticada Ione Belarra dice que no hubo una Guerra Civil, ya que ese es el relato franquista. Por eso Aznar amenaza con un fin de régimen y de era geológica, y cósmica, si vuelve a ganar Sánchez. Por cierto, ya que he comparado a Puente con un ogro, podría compensar comparando al expresidente con un muñeco Pinocho tallado por Fraga. Aunque a Aznar no le crece nada (visible) cuando miente.

En fin… todo es pura chirigota. Les dirán que no ir a votar es incívico. Mentira. Es lo más cívico que se puede hacer en estas circunstancias. Y podría ser el principio de algo tan interesante como lo de Serbia. No se trata de una impugnación del sistema, sino de un acto de rebelde libertad. Quien dice que en una democracia liberal ir a votar es un imperativo ético, no tiene ni zorruna idea de filosofía, de ética, ni de historia de las ideas políticas. Díganselo de mi parte. Nuestra democracia está mucho más amenazada hoy por muñecas ignorantes como Ayuso -que abraza al populismo libertario- o por un presidente inmoral y degenerado, que presume en televisión de lo bien que folla tras promulgar una amnistía deletérea y consentir la más putrefacta corrupción a su alrededor, así como por los votantes de ambos, que por la digna minoría abstencionista.

Me considero un liberal de centroizquierda a quien le gustaría votar a un partido que rompiera cualquier colaboración con independentistas, que defendiera las fronteras y la unidad nacional a toda costa y que mantuviese una política racional de acogida a la inmigración. Pero ese partido hoy no existe. Así que el próximo 29 no iré a votar y les invito a imitar, sin miedo ni esperanza, mi conducta. Reserven el 29 para hablar con sus hijos o con su pareja. Pónganse buen calzado y salgan a hollar cualquier cumbre cercana. Gocen de su soledad. Naden en agua fría. Admiren el vuelo de la garza real. Piensen un poco en su propia muerte y en esos 14 fantasmas de Sapiens que les precedieron sobre la tierra. Den gracias por haber crecido y vivido sin una guerra cercana. Recen ese día, si se atreven. Escuchen a Bach o a Astor Piazzolla. Vean una de Hitchcock o pónganse falda de muselina y salgan cantando al bosque con siete enanos... Cualquier cosa será mejor que participar en la fiesta de la marmota oligofrénica. Griten… (no, mejor) susurren conmigo: I would prefer not to.

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