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opinión

Argentina país de cultura. Sabor y bailes, este hermoso país es reconocido mundialmente por su tango, gastronomía, teatro, cultura y, por supuesto, por su gran literatura, la literatura de Buenos Aire es de gran relevancia gracias a sus escritores que se han dado a conocer por sus importantes obras, entre ellas están Rayuela, el Aleph, Cuentos de amor, de locura y de muerte, se han catalogado como grandes obras a través de los tiempos y entre esas importantes obras han salidos renombrables Frases de escritores Argentinos.

En los últimos cinco años estamos viviendo un florecimiento espectacular de la novela histórica. El pasado año, los dos premios de la editorial Planeta que tienen mayor dotación económica, el Planeta y el Fernando Lara, han recaído sobre sendas novelas históricas de Santiago Posteguillo y Jorge Molist. La primera es lo que antes llamábamos, despectivamente hace unos años, una novela de romanos; la segunda una aleccionadora historia sobre Pedro III de Aragón y su conquista de Sicilia.

Llevo varios días escuchando lamentos de editores, de periodistas, que se quejan de que en las pasadas campañas electorales a sus digitales no les ha llegado ni las migajas de lo que se han gastado los partidos políticos en sus campañas electorales.

Antóloga de la obra de Clara Campoamor “Del amor y otras pasiones”

Clara Campoamor fue una de las tres mujeres diputadas en la primera legislatura de la Segunda República, las otras dos fueron Victoria Kent y Margarita Nelken. Por aquel entonces, las mujeres no podían votar en nuestro país, pero sí, salir elegidas diputadas. Electoras sí, votantes no. Una gran contradicción, ya que los partidos de izquierdas no querían que votasen las mujeres. Clara Campoamor siempre se opuso a ello.

¿Qué es una novela histórica? Una historia ambientada en el pasado. ¿Y cuándo podemos hablar de pasado? El pasado comenzó ayer.

NUEVA TRIBUNA

La marginalidad de la literatura

En los últimos días, casi todos los medios de comunicación de este país se han hecho eco de esta noticia: “El 40% de los españoles no lee nunca”. El dato es terrorífico, porque del nunca al casi nunca pasamos enseguida al 60% restante, donde aparecen juntos y revueltos lectores de todo tipo y condición. En definitiva, parece ser que los lectores habituales, casi se me escapa “sospechosos habituales”, se han convertido en una consolidada minoría.

De Lichtenberg, ese gran aforista (¿o habría que decir, quizás, moralista?; ¿tal vez esteta, un esteta vital? ¿No podrían ser éstos algunos de los alegatos adjetivados que se podrían esgrimir en favor del aforista, del solitario aforista?), se ha dicho muchas veces que, de hecho, carece de una obra literaria propia. He aquí, sin embargo, que, teniendo como único bagaje literario sus cuadernos de aforismos, puede decirse que ha aportado al mundo de la creación mayor peso especifico y mayor influencia en sus contemporáneos como ningún otro había conseguido.

Ni el pensador más disciplinado, avezado en científicos métodos y críticas teóricas, es capaz de soslayar las angustias metafísicas, nacidas de los saberes independientes de la experiencia, copiosos, pues se multiplican en las soledades, amigas inseparables de parias y aristotélicos. Soñar vestiglos es ameno, mas oneroso cuando bregamos contra sus imposibles ardides creyéndonos reales en fantásticas tierras.

Cuando pienso en cómo empezamos y en lo que hemos logrado hasta ahora no logro hacerme a la idea. Éramos un pez pequeño en el océano buscando un pequeño foco de iluminación en la zona abisal. Desorientado y hambriento. Llamábamos a diferentes puertas que rara vez se abrían tratando de apelar a la bondad del ser humano, a la solidaridad de la mujer y madre luchadoras en una sociedad aún desconcertante.

Contemplando la panoplia de las bellísimas y prósperas ciudades actuales de Méjico, como Veracruz, Méjico D.F., Guanajuato, Guadalajara, Medellín o Zacatecas, recordando las Leyes Nuevas promulgadas por el emperador Carlos, las universidades y centros asistenciales creados por el Virreinato, el cese de una religión sangrienta y prehistórica y la obligada filosofía que debía acompañar a los conquistadores y frailes en la conquista de Nuevo Mundo, resulta incomprensible la petición del perdón solicitada por el presidente López Obrador, que demuestra una ignorancia supina de la historia de su país y una malevolencia política muy considerable.

¿Qué es un aforismo sino pensar bellamente y de forma concisa, añadiendo fulguración a la ideación? Se trata de decir mucho con poco, valiéndose de la capacidad sugeridora de la poesía y de la capacidad analítica de la filosofía. Esta mixtura planta cara a los estándares preestablecidos porque rompe los rígidos encuadramientos de los géneros y encuentra ubicación en lo fronterizo. Ese lugar de contacto donde el intercambio genera riqueza de sentidos.

Dicen que en estos días se puede observar en nuestro cielo marino del norte peninsular las nubes de nácar. Son unas nubes melancólicas, blandamente blancas, de un movimiento apenas perceptible –su aparente quietud no expresa movimiento a la mirada, pero sí la sensación de vida, otra forma de movimiento- Son más propias del norte boreal, pero tal vez debido a los desconsuelos de la atmósfera, aquí se pueden apreciar en ocasiones.

FIRMA INVITADA

Álvaro Arbina nos cuenta en exclusiva lo que le ha supuesto el éxito de su novela "La mujer del reloj"

Siempre he fantaseado con lo que se oculta tras los libros. Cuando era niño solía quedarme absorto, con la historia detenida, abierta sus fauces ante mí. Acariciaba la piel encuadernada, el ocre ancestral de las páginas, me dejaba seducir por el olor a polvo, a viejo, a magia. Contemplaba los rostros de aquellos escritores, que parecían vivir con sus personajes, en el mismo universo de ensueño que me seducía tanto y ocupaba mi pensamiento incluso cuando no leía.

Es la noche camino incierto, pedregoso, hacia el día, lugar calmo. Por la noche soñamos, es decir, llevamos nuestra alma a los lugares que soñó el divino Platón. Soñar en los sueños de Platón, ser parte de otro sueño, diría Borges, es una pesadilla. Traduzcamos lo dicho a términos terrenales. A la gloria llega quien sale de la guerra, pero al infierno llega quien sale de la paz.

El Museo del Quijote, situado en la Ronda de Alarcos, 1, de Ciudad Real, fue escenario de la presentación del libro de artículos “Cesta de Dulcinea”, escrito por Nieves Fernández Rodríguez y editado por Ediciones C&G. El acto contó con la participación, además de la propia autora, del director del diario de La Tribuna de Ciudad Real, Diego Murillo Herrera, el presidente del Grupo Literario Guadiana, Eugenio Arce Lérida, prologuista del libro y el editor Julio Criado.