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Paula Farias
Paula Farias (Foto: María Tejero)

Entrevista a Paula Farias, autora de "Dejarse llover"

"Mi novela está contada desde las tripas y hay mucha verdad en todo lo que cuento"

domingo 04 de octubre de 2015, 22:12h
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"Dejarse llover" es la primera novela de la cooperante española Paula Farias, la cual nos narra la vida del miembro de una ONG en medio de una guerra en el centro de Europa. Una novela intimista, diferente e insólita que relata con gran precisión el horror de todo conflicto bélico. En ella se ha inspirado el cineasta Fernando León de Aranoa para rodar su última película Un día perfecto, aclamada por la crítica en el festival de Cannes 2015.

Dejarse llover
Dejarse llover

En esta entrevista con su autora hemos comentado diversos temas relacionados con la novela, como lo que ha supuesto su reedición, los retos de los cooperantes en conflictos internacionales, la crueldad de dichos conflictos o la película basada en este libro.

¿Qué le llevó a escribir Dejarse llover?
Cuando regresé de Kosovo, que fue mi primera guerra, recuerdo que me sorprendí de cómo había sido mi modo de relacionarme con ciertas cosas: con el miedo, con la sensación de vulnerabilidad, con el azar, con la muerte.

Quería contar cómo puedes incorporar en tu vida cotidiana y normalizar cosas que nunca habrías imaginado, así que busqué un hilo conductor que diera lugar a una peripecia. Un cadáver que encontramos en un pozo se convirtió en ese hilo en el que colgar todas aquellas sensaciones, toda aquella sorpresa, toda aquella perplejidad.

¿Por qué escogió este título para la novela?
Porque refleja muy bien la esencia de lo que quería contar. De cómo las cosas te calan solo si te dejas. De cómo si no dejas que la vida te arañe es como si no la vivieras.

Dejarse en paz, darse permiso para sentir las cosas. Es, creo, una de las fórmulas secretas para andar por la vida y es mucho de lo que le pasa al protagonista. Podría haberse titulado algo así como “dejarse sentir” pero me parecía mucho mas sugerente “dejarse llover”, aparte de que la lluvia es también, junto con las minas, una de las protagonistas de la novela.

¿Qué ha supuesto para usted la reedición de esta novela?
Bueno, la primera edición no hizo casi ruido. Ésta es una segunda vida para la novela. A ver si ahora le son más favorables los vientos y navega lejos.

¿Cómo ha logrado poner tanta intensidad en una novela tan breve?
Supongo que porque está contada desde las tripas y hay mucha verdad en todo lo que cuento. En realidad, al escribirla el ejercicio era no tanto de narrar como de contener para que la intensidad no la convirtiera en algo demasiado denso.

Usted es cooperante al igual que el protagonista del libro. ¿Cuánto hay de usted en él?
Mucho. No todo.

¿Los hechos que suceden en la novela (o, al menos, algunos de ellos) están basados en vivencias reales de usted?
En realidad todo es cierto. No en ese orden ni contando esa historia. Hay cosas que están sacadas de otras guerras, de otros contextos, pero cada una de las escenas tiene su origen en situaciones reales. Bueno, todo es bastante cierto menos el final… que evidentemente es pura literatura.

¿Cuál ha sido el mayor obstáculo o reto al que ha tenido que hacer frente como cooperante?
El principal reto supongo que es el no dejarte vencer por la frustración, el ser capaz de enfocarte en lo logrado y no en todo lo que dejas sin hacer. Hay que ser capaz de vencer la tentación de bajar los brazos, ser capaz de atrincherarte en la sensación de equipo y convencerte de que desde ahí puedes con todo.

De entre todo lo que haya aprendido en sus labores de cooperación, ¿qué es lo que más ha querido transmitir a los lectores? ¿Por qué estas labores son tan necesarias?
Bueno, la acción humanitaria es necesaria porque pone su foco en los individuos, en las personas, aquí y ahora, sin permitir que éstas se conviertan en moneda de cambio, en números o estadísticas. La acción humanitaria no permite que las personas sean bajas asumibles en las grandes ecuaciones que parece que hoy rigen tantos rumbos. Por eso es necesaria. Porque hoy en nombre de las causas globales se cometen todo tipo de tropelías. Los actores humanitarios nos atrincheramos en la defensa del individuo e intentamos que nada nos saque de ahí.

¿Hasta dónde ha llegado la crueldad en los conflictos en los que ha ayudado?
Bueno, para empezar yo no creo que la crueldad sea exclusiva de los conflictos. Está presente en todas partes, lo que pasa es que para verla generalmente hay que rascar más. Aquí tenemos muchas capas de cebolla confundiendo, tapando, disfrazando. Construimos, argumentamos alrededor y así parece otra cosa. En la guerra todo es más visible. No hay lugar a claro oscuros. Todo es mucho más blanco o negro. Sin tiempo para que la retórica pretenda convertir la crueldad en otra cosa. Y eso también se agradece, porque también así puedes ponerle nombre. Pero la crueldad allí, en la guerra, por ser más explícita, no es peor que otras más elaboradas, más sofisticadas que tenemos alrededor. Yo prefiero poder llamar a las cosas por su nombre.

¿Cuál es su opinión acerca de la película Un día perfecto, la cual se ha basado en esta novela?
La peli es otra forma de contar una misma historia. El cine es un lenguaje distinto y por tanto sus herramientas también lo son. La novela, para ser narrada en cine, necesitaba más acción, más personajes, y eso es lo que ha hecho Fernando. A mí me gusta el resultado, refleja muy bien lo que quería contar, pero desde otro sitio. La peli y la novela, aunque Fernando y yo podamos compartir el tipo de gafas con que miramos al mundo, son dos cosas diferentes, dos formas de contar. Y creo que así debe ser.

¿Qué supuso para usted que el cineasta Fernando León de Aranoa tuviera este libro en tan alta consideración?
Bueno es que es una historia que viene ya de lejos. Fernando y yo nos conocimos contando otra historia, la de los niños soldados de Uganda, haciendo una pieza del documental “invisibles”. Allí descubrimos también que teníamos una forma parecida de mirar al mundo y también una forma parecida de contar. Fue entonces cuando leyó “Dejarse llover”. A partir de ahí hemos hecho un camino largo hasta llegar a la peli. Ha sido un proceso en el que compartir cosas con Fernando que ha sido todo un placer.

¿Está trabajando en alguna nueva novela?
Si, tengo una novela a punto de caramelo desde hace ya tiempo, lo que pasa es que no encuentro el ratito de sentarme y rematarla. Se titula “Fantasmas azules” y se desarrolla en Afganistán, otra de las guerras que me han arañado más.


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