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Esa dama

11/04/2024@16:16:00

En el cincuenta aniversario de la muerte de la novelista irlandesa Kate O’Brien (Limerick, Irlanda, 1897 – Canterbury, Reino Unido,1974) nos ocupamos de su figura como escritora de proyección internacional, como mujer, como feminista, como admiradora del genio de Santa Teresa, como abulense de sentimiento, como viajera enamorada de Castilla, como ilustre vecina protagonista del callejero abulense, como icono del festival literario que lleva su nombre en Limerick, como brigadista literaria en la guerra civil española, como embajadora de Ávila en la cultura anglosajona, y como nexo de unión entre Irlanda y España.

Si el rey Felipe II utilizaba esa expresión, para nombrar despectiva y vengativamente a Ana de Mendoza, Princesa de Éboli, Kate O’Brien la resignificó al utilizarla como título de su séptima novela, publicada en 1947. Bien podemos utilizarla ahora, en un sentido muy diferente, para referirnos a la escritora, por su calidad literaria, su amor por España; su interés en figuras literarias e históricas españolas (Teresa de Jesús, Ana de Mendoza, Jacinto Benavente y Miguel de Cervantes); su valentía al abordar temas que le valieron la prohibición de dos de sus novelas (Mary Lavelle (1936) y Land of spices (1941) en Irlanda por contradecir los rígidos parámetros de moral sexual impuestos por el gobierno de Eamon de Valera, y la prohibición de otra en España, por el gobierno franquista, Farewell Spain (1937), por su decidida defensa de los valores de la República y su condena del golpe militar; y el carácter feminista de su literatura, en que nos muestra mujeres independientes, capaces de tomar decisiones y defender aquello en lo que creen, como sucede en la novela que comentamos.

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Este año se celebra el 50° aniversario de la muerte de Kate O’Brien y alguno se preguntará quién era esa buena señora. Es natural porque yo no supe de su existencia hasta que llegué a Irlanda como embajador de España. Allí tuve conocimiento de esa escritora, que fue un relevante exponente de las letras angloirlandesas en la primera mitad del siglo XX, y pude leer sus obras, muchas de ellas inspiradas en motivos españoles. Con 25 años se fue a Portugalete (Bilbao) a trabajar como institutriz en casa de los Areilza, donde fue profesora de inglés de José María, Conde de Motrico, que sería embajador de España y ministro de Asuntos Exteriores.