"Proverbios y cantares", de Antonio MachadoEn Nuevas canciones, y bajo el número CLXI se agrupan 99 “Proverbios y cantares”, dedicados a José Ortega y Gasset. Y hemos elegido cinco de estos “proverbios” (los números II, XXIV, XLIX, LXVII y LXIII), y no precisamente al azar; porque cualquiera de ellos constituye una verdadera sentencia; esto es, expresa un “dicho grave y sucinto que encierra doctrina o moralidad” (DRAE); y además, no ha perdido la menor vigencia, y su agudeza eleva el rango de lo que habitualmente llamamos “sentido común”: la escucha activa para un diálogo fructífero (II); el esfuerzo personal como expresión de una personalidad sólida (XXIV); la denuncia de las “medias verdades” (XLIX); el antídoto contra la soledad: compartir sentimientos y afectos (LXVI); y el reconocimiento del valor emocional como virtud (LXVIII).
II
Para dialogar,
preguntad primero;
después ... escuchad.
Tres versos hexasílabos con rima asonante aguda /á/ el primero y el tercero, mientras que el tercer verso queda libre, formando la estrofa denominada soledad. De forma sencilla, Machado nos da la clave de lo que es "saber escuchar". Porque, en efecto, los participantes en un dialogo -entendiendo como tal la “plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afecto” (DRAE)- deben saber escuchar con la atención debida a quien esté hablando, sin interrumpirle; y, respetando el turno de palabra, intervendrán solo cuando les corresponda, en defensa de sus propias opiniones. En caso contrario, si todos hablan a la vez -o manifiestan con gestos y cuchicheos su acuerdo o desacuerdo en relación con lo que acaban de oír-, nadie entenderá nada, y no habrá ocasión para que todos -escuchándose con atención los unos a los otros- se enteren de lo que cada cual piensa. Por tanto, la palabra poética de Antonio Machado es, en este sentido, concluyente: “Para dialogar, / preguntad primero; / después... escuchad.”. Además, las sucesivas intervenciones en un diálogo deberán venir justificadas por lo que se haya oído con anterioridad y, por tanto, tomarán en consideración cuanto hayan dicho los demás participantes en dicho diálogo. En definitiva, el secreto de una vida socialmente pacífica reside en la tolerancia bien entendida: respetando las ideas, prácticas o creencias de los demás cuando son diferentes o contrarias a las nuestras; lo que no implica el consentimiento de algo que se tenga expresamente por ilícito. Porque la armonía de la convivencia parte del diálogo fructífero; y para que este se produzca es necesario saber escuchar con la atención debida. Algo que Machado tenía por evidente.
XXIV
Despacito y buena letra:
el hacer las cosas bien
importa más que el hacerlas.
En otra soledad -ahora con tres versos octosílabos, con rima asonante /é-a/ los impares, mientras que el segundo queda libre, Machado nos exhorta a que realicemos bien nuestro trabajo, dedicándole la atención y el esfuerzo que requiere. Este pensamiento ya lo habíamos leído en san Juan Bautista de La Salle (1651-1719), que afirmaba: “No os preocupéis tanto de saber cómo hay que hacer las cosas, sino de hacerlas lo mejor que sabéis. Porque haciéndolas todo lo perfectas que sabéis, mereceréis aprender y saber lo que todavía no sabéis”. (Cf. Vida y pensamiento de san Juan Bautista de la Salle. 2 volúmenes. Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos [BAC], Saturnino Gallego Iriarte, editor). Y con anterioridad, Cervantes ya había aludido a la indolencia y a la chapuza, males congénitos de carácter nacional, y frente a los que se sitúa don Quijote como adalid del esfuerzo personal, única forma de progresar en la vida. Don Quijote -por citar un ejemplo emblemático- se va a enfrentar en duelo al Caballero de la Blanca Luna -que no es otro que el bachiller Sansón Carrasco-, porque ha tenido el atrevimiento de poner la belleza de su dama por encima de la de Dulcinea del Toboso. Ambos pactan las condiciones del duelo. Si vence el Caballero de la Blanca Luna, “serán tuyos los despojos de mis armas y caballo -dice este a don Quijote-, y pasará a la tuya la fama de mis hazañas”. Y don Quijote acepta otras condiciones, pero no esta: “Solo exceptúo -le responde don Quijote- de las condiciones la de que se pase a mí la fama de vuestras hazañas, porque no sé cuáles ni qué tales sean: con las mías me contento, tales cuales ellas son”. Es este un explícito reconocimiento de que cada cual es el artífice de su propia biografía. Y así lo reconoce don Quijote (en el capítulo LXVI de la segunda parte): “Lo que te sé decir, Sancho, es que no hay fortuna en el mundo, ni las cosas que en él suceden, buenas o malas que sean, vienen acaso, sino por particular providencia de los cielos, y de aquí viene lo que suele decirse: que cada uno es artífice de su ventura”. Es decir, que cada cual tendrá el futuro al que le haga acreedor su trabajo responsable y honrado; lo cual entronca con el pensamiento de Claudio Apio el Ciego: “El hombre labra su propia fortuna” (Faber est suae quisque fortunae).
XLIX
¿Dijiste media verdad?
Dirán que mientes dos veces
si dices la otra mitad
Esta vez Machado agrupa los tres versos en una tercerilla, ya que el primero y el tercero riman en consonante (rima aguda /-ád/), mientras que el segundo verso queda libre. Razón tiene Machado cuando previene de que las medias verdades son verdades engañosas, porque, aun cuando incluyen algún elemento verdadero, no abarcan la totalidad de la verdad; lo cual es especialmente significativo si el propósito último es el de engañar, por lo que sus efectos pueden ser incluso más perniciosos que sustentar mentiras. En definitiva, una “verdad a medias” será, tarde o temprano, una “mentira completa”; y, desde luego, el mejor antídoto contra las “medias verdades” es la sinceridad, el comportarse de forma libre de fingimientos. Porque, como decía Thomas Jefferson, “El hombre que no teme las a verdades, nada tiene que temer de las mentiras”.
LXVI
Poned atención:
un corazón solitario
no es un corazón.
Nueva tercerilla: los versos primero y tercero son hexasílabos, con rima consonante aguda /-ón/, y el segundo, octosílabo, carece de rima, si bien en las palabras de este verso existe rima interna, producida por la repetición de las mismas vocales (o-a-o). La recurrencia de la palabra corazón -a principio del verso 2 y al final del verso 3- es un claro ejemplo de epanadiplosis. Machado sabe mucho de soledades -la muerte de su mujer, la estancia en una Baeza en la que no encuentra acomodo ni cultural ni emocional...- . De hecho, en el poema CXXV, escrito en Lora del Río el 4 de abril de 1913, y en el verso 2, llega a confesar: “y extranjero en los campos de mi tierra”. En este otro breve poema -el LXVI- afirma el poeta que lo que podríamos llamar “el corazón compartido” es la mejor forma de ahuyentar la soledad. Quizá por eso la palabra “solitario” figure flanqueada por la palabra “corazón”: dos corazones que laten al unísono.
LXVIII
Todo necio
confunde valor y precio.
Es difícil expresar un pensamiento tan profundo con menos palabras; en un pareado con versos de cuatro y ocho, sílabas, respectivamente, y rima asonante /-é-o/. Cada palabra de este poema requiere, para su correcta interpretación, la determinación de su significado exacto: necio es aquel que, por falta de inteligencia, no sabe lo que podía o debía saber; o bien que muestra tozudez en lo que hace o dice; confundir implica la mezcolanza de cosas diversas, de manera que no puedan reconocerse o distinguirse, lo que trae aparejado cierto grado de desconcierto; valor alude al conjunto de cualidades por la que algo o alguien está bien considerado; y precio es el valor pecuniario en que se estima algo. El adagio de Machado contiene, pues, un mensaje nítido: llama necios a los que, aferrados a posturas erróneas o equivocadas -a través de las cuales se manifiesta su poca inteligencia- son incapaces de distinguir entre lo que es valioso -esto es, trascendente por sus cualidades meritorias-, y lo que no pasa de ser apreciado por su validez monetaria. Y, conociendo el pensamiento de Machado, es fácil colegir que estos dos versos encierran un compendio de su filosofía vital: son muchas las cosas que pueden tener un bajo precio y un alto valor simbólico y sentimental.
********** Y para finalizar, “escuchemos” una clase de Retórica y Poética de Juan de Mairena, que sirve para definir alegóricamente el ideal poético de Antonio Machado:
-Señor Pérez, salga usted a la pizarra y escriba: “Los eventos consuetudinarios que acontecen en la vía”. El alumno escribe lo que se le dicta. -Vaya usted poniendo eso en lenguaje poético. El alumno, después de meditar, escribe. “Lo que pasa en la calle”. Mairena: No está mal. Antonio Machado: Juan de Mairena: sentencias, donaires,apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo. Madrid, Espasa-Calpe, 1936.
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