• Diario Digital | Viernes, 17 de Agosto de 2018
  • Actualizado 09:43

MÀXIM HUERTA REHIZO SU VIDA EN LA CIUDAD DEL SENA

Cuando los ministros de Cultura y Deportes vienen de Paris

Si la memoria no me falla, cosa que dudo, son dos los ministros de Cultura y Deporte que vinieron de Paris, como los hijos durante el franquismo. El primero lo trajo Felipe González y fue el grandísimo escritor Jorge Semprún, más conocido como Federico Sánchez; el segundo es el recientemente estrenado ministro, Màxim Huerta, que lo ha traído otro Sánchez, esta vez Pedro.

Màxim Huerta
Màxim Huerta
Cuando los ministros de Cultura y Deportes vienen de Paris

La verdad es que no sé muy bien que tiene que ver la cultura con el deporte. Ahora todo es cultura, que si la cultura gastronómica, que si la cultura musical, que si cultura religiosa, etc. La cultura que más domina el nuevo ministro valenciano-parisino es la cultura literaria. Periodista y escritor, tiene publicadas seis novelas y varios libros, infantiles y de viajes. Su libro favorito mío es “Mi lugar en el mundo”, un libro ilustrado por Javier Jubera y que contiene fotografías del propio ministro cuando ni soñaba que podría llegar a ministro.

“La maleta, mi maleta, ha sido el hogar en el que me empadroné”, escribe en ese libro. Su maleta no tendrá que hacerla porque siempre la tiene preparada; el padrón ya lo lleva en ella, por eso no tendrá que empadronarse en la sede del ministerio, sito en el lugar donde se ubicó por más de un siglo el antiguo Circo Price, otra tropelía inmobiliaria más del franquismo que vio como la piqueta lo demolía en 1970 llevándose los sueños de miles y miles de niños que soñaron en algún momento volar en el trapecio como Pinito del Oro, domesticar fieras de la selva como la intrépida Mabel Stark o hacer reír como Charlie Rivel. Màxim Huerta siempre estará empadronado en su maleta, lo que no quiere decir que vaya a estar poco tiempo al mando de tan polémico y catastrófico ministerio.

En ese libro recorre las ciudades que le han dejado huella, comienza por París pero deambula por Bruselas, New York, Praga, Buenos Aires, Venecia, Formentor, Oporto… Y en cada ciudad se queda con un escritor, con su maestra Ana María Matute, entre otros. Ahora, me imagino, tendrá que volver a recorrer esas ciudades y otras muchas más para fomentar nuestra cultura y nuestra literatura. Volverá a coger su maleta siempre hecha y repleta de vivencias, y contar a todo el mundo lo pujante que es nuestra cultura y que poco la conocen. Quizá porque los anteriores ministros no han hecho mucho por ella. Vamos que no han dado ni palo.

Entre sus funciones tendrá que sustituir a muchos cargos incompetentes que en el ramo de la cultura hay. Direcciones Generales como la del Libro, como la de Bellas Artes, como la de Patrimonio Artístico y otras más necesitan un cambio radical, una brisa fresca que los modernice y se pongan al día con las nuevas tecnologías y las nuevas formas de comportarse. Esperemos que acierte y no se deje aconsejar por esos políticos profesionales que han conducido al país a ser un páramos cultural,  una de las naciones que tiene el menor índice de lectura en Europa. Su labor va a ser ardua y estoy seguro de que lo hará mejor que esas ministras del ramo que alguna no sabía quién era la escritora Sara Mago. Va a necesitar hacer magia para que España vuelva a leer y se vuelva a interesar por la cultura, pero de la cultura de verdad.

Esperemos que en estos tiempo no se vuelva a oír frases como “cuando oigo la palabra cultura, echo mano a la pistola”, frase atribuida a muchos oscuros personajes como Goebbles, Goering, Millán Astray… Este último también celebre por el grito de: ¡Muera la cultura! Rememoremos otra frase. ¡La cultura ha muerto, viva la cultura! Esa tendrá que ser su labor: que viva la cultura y que viva mejor, no como un pensionista. Tenemos fe en Màxim, tenemos fe en la literatura. Espero que el tiempo me dé la razón. Y que viva la literatura, esa literatura que llevamos defendiendo tantos años desde esta web de manera altruista, muchas veces, incluso, teniendo en contra a instituciones culturales. ¡Vivir para leer!