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Juanmaría G. Campal
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Juanmaría G. Campal

Entrevista a Juanmaría G. Campal: "No me defino como aforista, pero es verdad que tengo escritas algunas sentencias o breves reflexiones, yo las llamo “campaladas”.

domingo 01 de febrero de 2026, 08:07h
Actualizado el: 31 de enero de 2026, 15:44h

Juanmaría G. Campal es escritor y columnista, durante años cautivó a sus lectores desde las columnas “El tema de Lara”, “Con Lara”, “Lunes arriscado” y “Desde Bocamar”, de los diarios La Crónica de León y El Mundo-La Crónica de León. Colabora con una columna semanal en La Nueva Crónica de León y con entrevistas y reportajes en La Crítica.

Algunos nombres del tiempo
Algunos nombres del tiempo

Ha publicado Soledades y otros relatos cortos, caóticos y casuales (1996), Dos mujeres y un magnolio (1999 y 2013), Justas, necesarias, tardías palabras, en Palabras con ángel (2008), Escritos con Lara al fondo (2009), Textos al aire (2010), Pliego de quebrantos en reglones cortos, en «Tres voces, tres mundos (Poemas)» (2014), Cuadernos deshojados 2017), Pliegos del Sur en renglones cortos (poemas, 2018) y Algunos nombres del tiempo (poemas, 2022). Ha participado en las siguientes obras colectivas: Ágora de la Poesía (2014), 24 horas (2015), Poemas por Vidas (2016) y Cuento cuentos contigo / Historias para hacer historias (2016).

¿Podría usted contarnos un poco de su vida y actividad literaria?

Ayer he cumplido 71 años. Tengo una hija maravillosa que junto a su marido me han dado dos nietos que me sorprenden cada vez más. He trabajado, como jefe del Servicio de Gestión Económica en una universidad recién creada, la de León; he sido el primer Defensor de su comunidad universitaria de 1987 a 1991, el primero elegido en España y Director de Actividades Culturales y Artísticas de la ULE desde julio de 1997 a abril de 2000, periodo en el que se creó el Ateneo Cultural El Albéitar. Tengo 10 libros publicados además de haber participado en varias publicaciones colectivas y antologías. Mantengo una columna de opinión semanal en el diario La Nueva Crónica. Soy un vividor, en el sentido enseñado por José Luis Sampedro y un eterno enamoradizo, según el poeta y amigo Miguel Rojo. Total, que no me puedo quejar de nada, porque sería soberbia.

¿Cuáles fueron sus primeras lecturas aforísticas y qué autores le influyeron?

De aforismo soy más bien un lector tardío, mi primera vivencia con su lectura fue gracias a “El cazador de instantes” de Rafael Argullol, que representó una profunda e influyente experiencia para mí. Después, ya gocé y me enriquecí de otros autores como Miguel Catalán, José Luis Morante, Erika Martínez y Mario Pérez Antolín, entre otros.

¿Cómo definiría sus aforismos?

Yo no me atrevo a definirme como aforista, como tampoco me defino como poeta, sino como, en palabras de Juan Goytisolo, “un incurable aprendiz de escribidor” de renglones de varia longitud. Sí es verdad que tengo escritas algunas sentencias o breves reflexiones. Pero, en verdad, yo las llamo y titularé “campaladas”.

¿Cree que el poeta o el aforista "evoluciona" en su escritura? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje a lo largo de los años?

Estimo que todos evolucionamos en la escritura aun sea sin abandonar el propio estilo. Pero lo vamos, digamos, depurando. Personalmente creo que soy menos barroco, más sintético y concreto que al principio, pero tampoco me estudio ni juzgo en exceso, para eso están los otros. Supongo que será consecuencia de lo aprehendido leyendo a otros, los demonios, el infierno, parafraseando a Shakespeare y a Sartre.

¿Cómo siente que un aforismo está terminado y cómo lo corrige?

Pues como con cualquier cosa que escribo: dejándola enfriar y volviendo sobre ella meses más tarde. Si me sigue diciendo algo a mí, conmoviéndome, la corrijo buscando siempre que diga, lo más bello y claro posible, mi verdad, por si a alguien le pudiera servir para su mejor existir. Primero, expresarme yo, después servir de algo a alguien.

¿Cuál es el fin que le gustaría encontrar con su aforística?

Lo acabo de decir, el mismo que con todo lo que escribo: expresar mi verdad y, si es caso, servir a alguien de algo.

¿Qué lugar ocupa para usted las lecturas en vivo?

Me gustan siempre que no sean, digamos, competitivas, sino de sencilla expresión y comunicación, casi un diálogo.

¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs, etc.?

Todo medio de expresión es bueno en principio, permite darse a conocer, conocer la obra de otros, aprender… Pero que nunca nos alejen de la lectura de los maestros, de los grandes.

¿Podría recomendarnos un poema y un aforismo de otros autores que le haya gustado mucho?

Claro, cómo no, y conste que el citar a unos no es menospreciar a los otros. Poema, por gratitud y por admiración, “Para que yo me llame Ángel González”, de Ángel González y aforismo, pues, de Rafael Argullol, el número 83 de “El cazador de instantes” que dice: “La soledad involuntaria nos devuelve a la realidad de nuestro origen y nos delata el secreto mejor guardado desde los inicios de la humanidad: la compañía es ficción”.

¿Qué libro está leyendo actualmente?

Estoy leyendo dos: uno en prosa, “Secreto y pasión de la literatura”, de Juan Cruz Ruiz, en Tusquets y, de poesía, y empezado hoy mismo, día del libro, “Autorretratos poéticos”, antología de 140 autores, seleccionados por Alicia Arés y Enrique Gracia Trinidad, en Editorial Cuadernos del Laberinto.

¿Qué consejos le daría a un joven escritor que se inicia en este camino de la poesía o del aforismo?

Que lea. Que lea cuanto pueda de los maestros y grandes. Que no compita y que sea honrado con los demás y consigo mismo.

¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

Bastante mejor que hace unos años. Me parece admirable el número de editoriales existentes y su calidad, así como el número de libros que se editan. Es una industria donde se palpa cada riesgo y cada ventura. He conseguido publicar hasta yo.

¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no se la he hecho?

Pues sería -¿cree en la felicidad?- y le respondería: -mirar el mundo, en qué condiciones viven millones de personas, las guerras, las injusticias y considerarse feliz, es inmoral. A lo sumo que podemos aspirar es a mantenernos serenos y contentos pequeños instantes de la existencia.

¿Cuál es su mayor virtud?

No creo que deba ser yo quien, si es que tengo alguna, la diga. Deben ser quienes conocen mis comportamientos y mis actos.

¿Y su mayor fracaso?

No tengo conciencia de fracaso alguno porque nunca perseguí el éxito sino la serenidad y el contento; sí la tengo de ser, humana y artísticamente, manifiestamente mejorable.

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