El presente libro es una destacada novela-histórica sobre uno de los grandes reyes de la Alta Edad Media, el más eximio de la primera mitad del siglo X. Tendría múltiples calificativos, desde Magnus Basileus hasta el insulto islámico que era el del ‘el narizotas o el tirano infiel’. Me estoy refiriendo al Rey Ramiro II “el Grande o el Invicto” de León. Sorprenden algunos calificativos sobre lo que representaba el REINO DE LEÓN o REGNUM IMPERIUM LEGIONENSIS en la Alta Edad Media hispana o europea, que refieren un enorme desconocimiento sobre su importancia. El monarca de este libro es conocido y valorado hasta por el obispo Liutprando de Cremona, quien da noticias fidedignas sobre la victoria legionense en Simancas frente a las tropas de Abd Al-Rahman III Al-Nasir, el autodenominado primer califa omeya de Córdoba, En este libro he tenido el honor de realizar un prólogo, en el que he puesto el máximo interés posible, tratando de esclarecer lo que representó el Reino de León y su monarca en este siglo X d.C. En la urbe leonesa de Zamora, nos encontramos la figura del monarca Alfonso III “el Magno”, quien como monarca del susodicho reino leonés comprende que ha llegado su hora. Una crítica, Alfonso III nunca engrandeció el reino de Asturias, entre otras razones de menor enjundia porque la nomenclatura de su reino pre-legionense es el Reino de Oviedo u Obetao Regnum, con una nómina diferente, ya que la curia regia se encuentra en el río Duero, es decir en Zamora u Occellum Durii. La muerte del monarca leonés, que se produce en el mes de diciembre del año 910, dará paso en el trono a su primogénito, quien ya firmará como Rex Legionis. Aunque León no es ni mucho menos un reino escuálido, ni un pequeño reducto; ya que presenta una estructura socio-política perfectamente sistematizada, con una corte de eclesiásticos y laicos muy activos y emprendedores, junto a ellos están los mozárabes o cristianos provenientes del territorio andalusí, estos últimos conformarán una rica pléyade cultural muy fiel a los designios regios de los soberanos de León. El reinado de Ramiro II de León está cualificado por el incesante trabajo de un monarca que no sabía descansar. La estructura sociopolítica de Córdoba no es más que, en ese siglo X, un gigante con pies de barro; ya que la monarquía de León se ha ido fortaleciendo desde la época del rey Ordoño II de León, precisamente el padre inculcador de las necesarias virtudes para poder gobernar a su tercer hijo varón, Ramiro Ordóñez. Es indudable la calidad narrativa de esta obra, plagada de un léxico más que rico y esclarecedor, ejemplificador de la preparación e ilusión del autor, muy volcado hacia el Reino de León. “El rey Alfonso III, el rey que más engrandeció el reino de Asturias, volvía de una de las incursiones que cada año asturianos y leoneses, juntos o por separado, realizaban adentrándose al sur del Duero. Zamora era una de las plazas mejor fortificadas en manos cristianas y, desde ella, Alfonso penetró con su tropa en la parte septentrional de la llamada tierra de nadie, a la altura de Coímbra. Allí se topó con una avanzadilla musulmana de reconocimiento procedente de Mérida que, sorprendida, poco pudo hacer ante el empuje del asturiano. Triste botín fue su resultado, reducido a una pequeña cantidad de cautivos, por lo que, siendo este el aliciente principal, si no único, para la soldadesca, esta volvía desalentada, sin compensación por el riego vivido. Hacía ya dos horas de la llegada. El sol se había, dando entrada a una noche negra y fría, típica de la fecha. Todos estaban ya cobijados en la imponente fortaleza zamorana; con la tropa acuartelada, los nobles se disponían a celebrar el regreso, para lo cual se habían reunido en el salón central de la fortaleza. Solo faltaba Alfonso”. Está claro que el autor ha estudiado y analizado, pormenorizadamente, los nombres y lugares de repoblación y mando de la nobleza de la época, siempre tan activa en la defensa de los lugares reconquistados. Deseo destacar la magnificencia ilustradora de la portada, que representa al gran monarca de León, destacando su característica fenotípica patognomónica, es decir su nariz, que curiosamente había heredado de su abuelo, el citado Alfonso Ordoñez III de León. Ramiro Ordóñez como tercer hijo varón no estaba destinado a llegar al trono imperial de León. El primogénito se llamará Sancho Ordóñez, el cual reinará en las tierras de la Galicia lucense, pero, paradójicamente, supeditado a su segundo hermano, Alfonso IV Ordóñez “el Monje, que es Rey de León. El tercero y centra de esta estupenda novela-histórica será precisamente Ramiro Ordóñez, para el que estará destinado el trono de la Galicia bracarense hasta el Duero, con capitalidad en Viseo. Será, precisamente, por los extraños comportamientos psicológicos del Rey Monje, por medio de los cuales llegará al trono-imperial de León. «Doscientos años después de la invasión árabe de la península ibérica, solo un pequeño reducto, el Reino de León, seguía siendo cristiano. Abderramán, el califa cordobés, en el año 939 decide acabar con esta situación y extender el Islam a la totalidad del territorio íbero. Las fuerzas en litigio eran muy diferentes. Frente al gigante árabe, León era casi insignificante, pero contaba con un hombre excepcional: Ramiro Ordóñez, su rey, contra el que se estrellará la inmensa maquinaria musulmana». Es lógico indicar que la territorialidad de Al-Andalus en este momento histórico está conformada por tres grupos sociales prístinos: la aristocracia árabe rectora, que es quien decide la política global y de confrontación con los cristianos, suele estar en Córdoba y rige el mando de la milicia para las aceifas contra los infieles politeístas del norte; y, en tercer, está un extraño grupo denominado los eslavones, que podrían ser esclavos de la Europa Oriental manumitidos, y que, por su enorme valía y fidelidad al khalifa estarán en la cima del poder cordobés político y militar, en relación directa con los califas omeyas cordobeses. Corrección desde la educación y sensibilidad más absolutas, página 206, no existe el concepto de Castilla tal cual y en igualdad con León y Pamplona (muy bien este dato, ya que Navarra nace con Sancho VI el Sabio, y antes aparece una sola vez con Sancho Abarca), ya que la titulación es condal y no es equiparable a los dos reinos acompañantes en el texto. En este momento histórico, siglo X, la titulación mahometana vaga sobre Al-Qila se refiere a territorio de castillos o fortalezas; el conde Fernán González se intitula como conde imperante en Burgos.
“Eres rey y te debes a tu reino, debes protegerlo y eso exige dar pasos difíciles. Las vidas de tus súbditos dependen de ti, de tus decisiones. En este momento, debes tomar una de las más importante… Además, Urraca es hermosa, se ha formado para reina”. Recomiendo esta novela-histórica, que enriquece la historiografía esencial de Ramiro II “el Invicto”. «Arma virumque cano. ET. Fidem erga populum punicum». Puedes comprar el libro en:
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