¿Qué Una atención primaria a un soplo de la implosión, según en qué territorios hasta dos mil pacientes por facultativo, consultas a paso de carga. Y toda la carga, toda la responsabilidad, proyectada sobre aquellos que no tienen nada de enfermos imaginarios, sino más bien de médicos a palos.
Esto no es una comedia de Molière. Hablamos de una situación sangrante agravada por el borrador de Estatuto Marco implementado por una ministra de Sanidad, colegiada en el ramo, pero no diagnosticada de un grave problema ocular: no ver lo evidente y empecinarse en defender lo indefendible.
Por quinta vez desde el pasado junio, los médicos salen a la calle con un calendario de huelgas que se prolongará hasta el próximo. ¿Qué reclaman? De entrada, un Estatuto Marco diferenciado que contemple mejoras perentorias en sus condiciones de trabajo de manera que no se vean forzados a realizar guardias de veinticuatro horas y al día siguiente seguir trabajando.
También mejoras en sus retribuciones, no sólo en función de su jornada laboral y sus responsabilidades. Incluyamos la fuga de talento precipitada por las condiciones operantes en otros países de nuestro entorno. Junto con todo eso, reclaman igualmente reforzar las plantillas tanto como la atención primaria. Y, por supuesto, más tiempo para atender a sus pacientes, incluidos los que se amontonan en los pasillos de los grandes hospitales, también para su formación continua.
En Francia, Italia, Portugal y Suiza, cuentan con un marco profesional propio y diferenciado desde hace años. En Alemania y en los países nórdicos lo pueden negociar personalmente ¿Por qué tanta obcecación en la presunta España progresista? No hay respuesta. Formulemos entonces otra pregunta: ¿Hasta qué punto nuestro sistema sanitario podrá seguir manteniendo sus estándares de calidad, cuando quienes la sostienen se consideran maltratados y malpagados, desoídos y silenciados, despreciados hasta por el ministerio que debería estar al frente de sus demandas?
Si no inviertes en salud estás invirtiendo en enfermedad, y la de los médicos debería importarnos tanto como la nuestra. Un síndrome callado, pero pandémico entre ellos -el del burnout, el médico quemado-, nos recuerda que la suya es una profesión de riesgo a todas las escalas -biológica, física, mental y emocional-. Esta no es una huelga corporativa, es una alerta médica sobre la viabilidad del sistema.
Hoy la pregunta no es ¿qué me pasa, doctor? Sino qué les pasa a los doctores. ¿Quién cuida de ellos? Defenderlos es defender la Sanidad Pública.
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