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Humo visible en el Congreso de los Diputados de España durante una sesión parlamentaria.
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Humo visible en el Congreso de los Diputados de España durante una sesión parlamentaria. (Foto: Imagen generada por inteligencia artificial – Cibeles AI)

LOS MALOS HUMOS

Azucena del Valle vuelve a poner el dedo en la llaga. Si nuestros políticos actuales no dan la talla en el Congreso de los Diputados, nuestros académicos de la RAE no la dan en el sancta sanctorum de la lengua. Ahora, se descuelgan quitando del diccionario palabras tan esplendorosas como estrellas titilantes y otras palabras que escribió Miguel de Cervantes en "El Quijote". Ese consejo de sabios tendrían que jubilarse, últimamente no dan una. Aunque el Instituto Cervantes tampoco tiene mucho de lo que presumir. Necesitamos una renovación total, tanto en el Congreso como en la RAE. Nos lo cuenta en "Los malos humos". Por el humo, sabremos donde está el fuego.

- Echo de menos una buena discusión con argumentos, Vani. Ahora los encontronazos se saldan con cuatro rebuznos y veinte insultos, y cada mochuelo a su olivo. Los políticos han aparcado los debates de guante blanco, en los que primaba la cortesía, la elegancia y el tono civilizado, a pesar de discrepar profundamente.

- Qué tiempos aquellos en los que podías insultar haciendo parecer que el exabrupto era un elogio. El declive en la oratoria es palmario y manifiesto y hasta para decir memeces tienen que sacar la chuleta sus señorías. Estamos empobreciendo el lenguaje y el organismo encargado de purificar y dar esplendor a nuestra rica lengua parece, incluso, que favorece los vocablos vulgares.

- ¡Pasmada me quedé cuando admitieron asín! El famoso lema de la RAE: Limpia, fija y da esplendor, pierde su sentido admitiendo palabras como chundachunda, machirulo, perreo, crudivorismo, loguearse, microteatro, o turismofobia, y verbos como posturear, descarbonizar o pixelar, por mucho que las utilicen los modernos y hasta las abrevien en redes sociales. Puto guasap que prostituye la lengua de Cervantes.

- ¡Eso no es lo peor! Lo que más me ha bajotraído -que tampoco es correcto ya- es que se acabaron las estrellas titilantes, solo se admite que titilaban las estrellas.

- ¡Manda güevos! Tenemos que hacer algo para que palabras preciosas vuelvan a ponerse de moda y sean admitidas de nuevo por la Academia. Porque la cosa va de uso. ¿Qué no se escucha la música yeyé? La quitan de un plumazo. ¿Qué se lleva el baile de Puerto Rico? A perrear los inmortales -así se denomina coloquialmente a los académicos de número de la RAE-.

- Tía, y con los malos humos que sobrevuelan el universo al completo, podríamos aprovechar los hablantes para insultarnos de manera creativa. Otra oportunidad perdida que habrá que dar la vuelta. La gente echa las muelas desde que abre el ojo y sale a la calle y, si cogen el coche, ni te cuento…

- ¡Ya te digo! Se lían a darle al puto pito y a despertar a los pobres jubilados cuando aún no ha empezado el ruido de las obras. Vaya falta de consideración. Al final para decirse a gritos con el dedo inhiesto: ¡Imbécil!, ¡Cretino!, ¡Gilipollas!, ¡Cabrón!, ¿Dónde vas, desgraciado? ¡Cabra!, ¡Pedazo de animal!, ¡Tonto!, ¡Tontolaba!, ¡Retorcido!, ¡Asqueroso!, ¡Aprende a conducir!, ¡Cenutrio!

- Es que da asgo, tía. Con lo elegante que quedaría decir con una sonrisa: ¡Malandrín!, ¡Paparote!, ¡Sancirole!, ¡Gallinoso!, ¡Ñiquiñaque!

- Ay, Vani, a mi lo que me gusta son las sesiones plenarias ordinarias del Congreso de los Diputados los martes y miércoles. Es donde de verdad, con tanta descalificación, nuestros niños aprenden palabras malsonantes: cínico, cobarde, corrupto, fascista, filonazi, golpista, hipócrita, imbécil, indigno, ladrón, marrano, mentiroso, miserable, perroflauta, pintamonas, sinvergüenza, sudaca, tonto, traidor, tucumano, vendido… hay que reconocer que Alfonso Guerra estuvo sembrado cuando llamó a Soledad Becerril Carlos II vestido de Mariquita Pérez.

- Los insultos del S. de Oro si eran buenos, tía. Y seguro que el gran Cervantes no los utilizaba tanto por afán de ofender como de hacer gala de la riqueza del castellano que utilizaba con maestría incuestionable.

- Lo que significa que la mayoría de los que tienen El Quijote en casa ni lo han abierto…

- ¡Cien por cien, tía! ¿Imaginas a Rufián, esperanza de la izquierda a la izquierda, utilizando expresiones como destripaterrones, gañán, desuellacaras, faquín, belitre, patán rústico, pelarruecas, mentecato, sandio, menguado, mostrenco, truhan moderno, majadero antiguo, follón, vestiglo, cagalindes, zascandil, berzotas, hideputa, crapuloso, zurumbático, mangurrián, baldragas, chisgarabís, donillero, fementido, zampalimosnas o pelarruecas?

- ¡Ni de coña, tía! Ya se lo curró Ortega Smith cuando llamó a Pisarello montonero tucumano, pero tampoco le veo utilizando vocablos antiguos más elaborados, como Silo de bellaquerías, Corazón de mantequilla, Harto de ajos, Almario de embustes, que se lo podría llamar a quien yo me sé… porque significa mentiroso compulsivo...

- Si es que van a lo fácil. Ahora se lleva el insulto corto, soez y ácido, con intención de hacer daño. Les pueden la ira y el rencor. Eran otros tiempos cuando antes de hablar se paraban a pensar y eran elegantes dejando pasmado al adversario. Famosa se hizo la réplica mordaz de José María Gil-Robles y Quiñones de León, líder de la derecha española durante la Segunda República, en el Congreso de los Diputados, cuando un diputado de la oposición le gritó que era de los que todavía llevaban calzoncillos de seda. Después de una pausa, le contestó: "No sabía que la esposa de su señoría fuera tan indiscreta".

- ¡Qué arte, colega! Eran otros tiempos. ¡Ahí lo dejo!

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