Tragedia personal y creatividad: La vida de Manuel AltolaguirreManuel Altolaguirre fue poeta -encuadrado en la Generación del 27-, crítico literario, editor e impresor. A él se le debe la creación de revistas que resultaron fundamentales en el panorama poético español: títulos como Ambos (en colaboración con José María Hinojosa y José María Souviron); Litoral (junto a Emilio Prados); Héroe (junto a su mujer Concha Méndez). Caballo Verde para la Poesía (dirigida por Pablo Neruda)...
Era mi dolor tan alto
Era mi dolor tan alto,
que la puerta de la casa de donde salí llorando me llegaba a la cintura. ¡Qué pequeños resultaban
los hombres que iban conmigo! Crecí como una alta llama de tela blanca y cabellos. Si derribaran mi frente
los toros bravos saldrían, luto en desorden, dementes, contra los cuerpos humanos. Era mi dolor tan alto,
que miraba al otro mundo por encima del ocaso.
Manuel Altolaguirre, Soledades juntas.Madrid, Editorial Plutarco, 1931
La labor de Manuel Altoaguirre como editor e impresor continuó en el exilio mexicano y cubano. Sin embargo, su principal actividad -ya fijada su residencia en México- se centró en el mundo del cine; y como guionista obtuvo el Premio de la Crítica en Cannes (1952) por «Subida al cielo», dirigida por Luis Buñuel. En 1959 volvió a España para presentar su película «Cantar de los Cantares», en el festival de San Sebastián; pero de vuelta a Madrid -el 23 de julio de 1959- tuvo un accidente automovilístico en el pueblo burgalés de Cubo de Bureba, Su segunda esposa -se había divorciado de Concha Méndeaz en 1944 y contraído nuevo matrimonio con la mecenas cubana María Luisa Gómez Mena- murió en el acto y el poeta tres días más tarde, en la Clínica de San Juan de Dios, en Burgos. Tenía 54 años de edad. Su muerte dejó inconclusa la edición de sus Poesías completas, que terminó publicando Luis Cernuda (México, Fondo de Cultura Económica, 1960). Aunque compuso varias obras teatrales (entre 1930 y 1958) y guiones cinematográficos (una docena, escritos entre 1947 -”La casa de la Troya”- y 1959 -”Vuelta al paraíso”), nos centramos en su labor poética. Esta es una relación de sus obras más destacadas: Las islas invitadas y otros poemas (1926), Poema del agua (1927), Ejemplo (1927), Soledades juntas (1931), La lenta libertad (1936), Nube temporal (1939), Fin de un amor (1949), Poemas cubanos (1955). Poemas en América (1955). [La obra Las islas invitadas se reedita en 1936; en 1944, Poemas de las islas invitadas; y en 1946, Nuevos poemas de las islas invitadas]. En el año 2006, y en la Colección Letras Hispánicas, la Editorial Cátedra publicó las Poesías completas, de Manuel Altolaguirre, edición a cargo de Margarita Smerdou y Milagros Arizmendi.
Por su parte, Renacimiento (Sevilla, 2008) publica, en once volúmenes, y a cargo de distintos editores, el conjunto de los libros de poesía de Altolaguirre. Información editorial: https://www.editorialrenacimiento.com/otros-titulos/1166-poesia-completa.html
********** Y volvemos al libro de Altolaguirre Soledades juntas, que el poeta dedica a su madre, fallecida el 8 de septiembre de 1926. En esta misma revista digital analizamos sucintamente el poema “Antes”, que encabeza la obra. En el siguiente enlace se tiene acceso al artículo publicado el 12 de septiembre de 2025 con el título “Manuel Altolaguirre: Un poeta vanguardista y crítico literario de la Generación del 27”: El poema que ahora afrontamos de identifica con el primer verso: “Era mi dolor tan alto…”; un poema de gran intensidad dramática, en la que el poeta se presenta a sí mismo como la personificación del dolor, si bien en el poema no se indican las causas que lo provocan, y que hay que buscar en la coincidencia de un cúmulo de reveses personales que le afligen seriamente en esta etapa de su vida. En primer lugar, la pérdida de su madre que, aun cuando ocurrió en 1926, sigue gravitando sobre el poeta: su ausencia ha dejado en él un sentimiento de angustiosa soledad Y, en segundo lugar, la quiebra de la revista Litoral, en 1930, que fundó y dirigió, y que lo sumió en una profunda crisis que le llevó a alejarse de su entorno más cercano, tanto profesional como de relaciones personales. De hecho, emprendió en solitario la aventura de la revista Poesía en Málaga (de sus cinco números, los dos últimos se editaron en París, en 1931, lugar en el que el poeta residió una temporada). Y ese sentimiento de orfandad y desarraigo, manifestación de una crisis existencial, es el que plasma en un poema en el que el da rienda suelta a su dolor con tintes propios de la melancolía neorromántica, solo que quizá más exacerbados. Sea como fuere, el poema entra de lleno en uno de los rasgos que mejor caracterizan la poesía de Altolaguirre: la plasmación espiritual de sus propias vivencias. Conforman el poema 15 versos octosílabos distribuidos en tres coplas asonantadas y una soleá:
Copla 1: versos 1-4. Rima asonante /á-o/ en los impares (“alto/llorando”) y libres los versos pares. Copla 2: versos 5-8. Rima asonante /á-a/ en los impares (“resultaban/llama”), y libres los versos pares. En el verso 7 se percibe con nitidez la aliteración del fonema vocálico /a/: “Crecí como una alta llama”. Copla 3: versos 9-12. Rima asonante /é-é/ en los impares (“frente/dementes”) y libres los versos pares. El verso 11, el único pausado, contiene una aliteración de dentales: “luto en desorden, dementes”. Soleá: versos 13-15. Rima asonante /á-o/ en los versos impares (“alto/ocaso”), y libre el verso 14. El verso 13 es repetición del verso 1.
De la intensidad del dolor del poeta es buena muestra el tipo de estructura gramatical que ha elegido para comenzar y terminar el poema: “Era tan+adjetivo [alto]+que”, usada para expresar una consecuencia exagerada basada en una cualidad: lo alto (es decir, lo vivo, agudo y penetrante del dolor; y, de este modo, el poeta enfatiza, además el grado de intensidad de dicha cualidad en el pasado. Sin duda, su dolor alcanza dimensiones hiperbólicas -como confirma el desarrollo del poema-, hasta tales extremos que llega a modificar la percepción del mundo, empequeñeciendo y hasta deformando todo cuanto constituye la realidad cotidiana; una forma esta de materializar, engrandecido, el dolor, para que el lector lo perciba como algo tangible y demoledor. Y así, la puerta de su casa, que atraviesa con lágrimas, le parece tan pequeña. en comparación con su dolor, que “me llegaba a la cintura” (verso 4). Las categorías gramaticales empleadas son propias de la primera persona: “mi dolor” (verso 1), “salí llorando” (verso 3). “me llegaba” (verso 4). Es el propio poeta quien “se adelgaza” al máximo, transido por un angustioso dolor. Y hasta los seres que le eran más próximos (verso 6: “los hombres que iban conmigo”) quedan empequeñecidos (verso 5: “Qué pequeños resultaban”) ante lo descomunal de su dolor, convertido en una “alta llama” (verso 7) que lo consume, hasta el punto de que su cuerpo es ya su propio sudario (verso 8: “de tela blanca y cabellos”). Y de nuevo las categorías gramaticales de primera persona señalan inequívocamente al poeta: “iban conmigo” (verso 6), “crecí” (verso 7). El dolor sigue, pues, haciendo estragos y distorsionando la concepción que de la realidad más inmediata tiene. Pero es, sin duda, la estrofa tercera la de mayor intensidad metafórica, y en la que el dolor se manifiesta de forma tan agresiva como violenta: la frente del poeta se asemeja a un toril, que es el lugar donde se encierran los toros que han de lidiarse; y de igual manera que estos saltan a la plaza desde los chiqueros, con fuerza “demencial” y “contra los cuerpos humanos” (verso 12) que se están jugando la vida -la imagen del verso 11 no puede ser más patética: “luto en desorden”-, así el dolor del poeta se contagia de esa embrutecida irracionalidad cuando se exterioriza. La soleá que cierra el poema está introducida por el mismo verso con el que comienza: “Era mi dolor tan alto…”. Pero ahora el poeta adopta una actitud trascendente”, hasta el punto de que “miraba el más allá / por encima del ocaso” (versos 14-15); lo cual no pasa de ser -conocido el contexto del poema y el conjunto de esta obra- una alusión a la madre ausente, que le provoca un dolor en el que se aúnan el componente físico y espiritual. Lo que no alcanzamos a ver es el dolor del desterrado -en el que otros comentaristas insisten-, pues el poema está escrito con anterioridad a la Guerra Civil. Puedes comprar el libro en:
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