El dolor de Bécquer: La desgarradora Rima XLII y la traición amorosaLa Rima XLII de Bécquer expresa el profundo dolor del poeta tras enterarse de la infidelidad de su esposa. A través de imágenes de frío y abandono, refleja su angustia y rabia. La obra destaca por su estructura rítmica y el uso de la puntuación para intensificar el sentimiento de traición.
Rima XLII
Cuando me lo contaron, sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas; me apoyé contra el muro, y un instante la conciencia perdí de dónde estaba. Cayó sobre mi espíritu la noche,
en ira y en piedad se anegó el alma, ¡y entonces comprendí por qué se llora!, ¡y entonces comprendí por qué se mata!”. Pasó la noche de dolor.... con pena;
logré balbucear breves palabras... ¿Quién me dio la noticia?... Un fiel amigo... Me hacía un gran favor. Le di las gracias.
Gustavo Adolfo Bécquer: Rimas. Madrid,Espasa Calpe, 1989. Clásicos Castellanos,nueva serie, núm. 22. Edición crítica de Russell P. Sebold.
Esta Rima figura en el Libro de los gorriones con el número 16 (edición de 1871). Y aunque empleamos la edición de Rusell P. Sebold, por el enorme interés que tienen las explicaciones que va dando de cada Rima, mantenemos los versos de la edición original, así como la puntuación. En este sentido, en el verso 1 no hay coma; en el verso 9 figura la palabra “nube”, en lugar de “noche”; los versos 7 y 8 están enmarcados por una única exclamación; y en el último verso hay que añadir tres puntos suspensivos detrás de la palabra “favor”.
Recitación de Agustín González. https://www.youtube.com/watch?v=eAHG64lvfuM
El 2 de octubre de 2025, en esta misma revista digital, publicamos el comentario de la Rima XLI de Bécquer (“Tú eras el huracán y yo la alta…”), en un artículo titulado “Estilo y sencillez: La voz inconfundible de Bécquer en sus Rimas”. A dicho artículo se puede acceder en este enlace:
Completamos ahora lo allí dicho ofreciendo esta otra Rima, la XLII, que tiene como tema la expresión del dolor del poeta ante la infidelidad de su mujer, Casta Esteban. Esta es la opinión de Sbold, que escribe al respecto: “El amor de Bécquer a Julia Espín [cuya ruptura se produjo hacia 1860-1861], por apasionado que pueda haber parecido en algún momento, fue siempre más bien ideal y platónico, y en el feroz y glacial realismo clínico del presente poema, cuyo tono contrasta tan marcadamente con el de la mayor parte de las Rimas, parece reflejarse la imposible situación, la vergüenza y indecible indignación y pesar del poeta al enterarse de una traición que fue el remate de siete años de una desgraciada vida conyugal de la que nunca quería hablar ni con sus amigos más íntimos.” (op. cit., pág. 269). El poema se compone de doce versos endecasílabos, distribuidos en tres estrofas cuatro versos con rima asonante /á-a/ en los pares. El encabalgamiento solo está presente en los versos 1-2 (“el frío / de una hoja de acero”). Y en la tercera de la estrofas, los continuos puntos suspensivos en todos los versos introducen un ritmo entrecortado que ayuda a sugerir una situación de absoluta congoja. De igual manera, la rabia e impotencia queda reflejada en los versos 7-8, en los que los signos de exclamación aportan la necesaria entonación que enfatiza una situación colérica. En este sentido, la puntuación ortográfica es, sin duda, un coadyuvante en la expresión de un estado en el que la rabia y el dolor van al unísono. Porque, en efecto, la Rima expresa el desgarrador sentimiento que anega el alma de quien ha sido traicionado. En la primera estrofa (versos 1-4) destacan las imágenes que aluden a la frialdad del abandono. Basta con reparar en los elementos léxicos o figurativos, cuatro en concreto -uno por verso-: “sentí el frío” (verso 1); “hoja de acero” (verso 2), “muro” (verso 3), “la conciencia perdí” (verso 4, que contiene un leve hipérbaton). La segunda estrofa (versos 5-8), extensión conceptual de la anterior y consecuencia de la misma, es la situación de abatimiento absoluto, manifestado, igualmente, en cada uno de los versos: “el espíritu de la noche” (verso 5) que todo lo trastorna, “el alma” destrozada por contradictorios sentimientos de cólera y conmiseración (verso 6), el llanto incontenible (verso 7), la propia muerte en vida (verso 8). Precisamente estos dos versos -el 7 y el 8- están montados sobre un perfecto paralelismo rítmico y morfosinttactico:
¡y (A1) entónces (B1) comprendí (C1) por qué (D1) se llóra (E1), 2.ª 6.ª 8.ª 10.ª ¡y (A2) entónces (B2) comprendí (C2) por qué (D2) se máta (E2)!”. 2.ª 6.ª 8.ª 10.ª
Esta es la Rima completa:
Al ver mis horas de fiebre
e insomnio lentas pasar,
a la orilla de mi lecho,
¿quién se sentará?
Cuando la trémula mano
tienda, próximo a expirar,
buscando una mano amiga,
¿quién la estrechará?
Cuando la muerte vidríe
de mis ojos el cristal,
mis párpados aún abiertos,
¿quién los cerrará?
Cuando la campana suene
(si suena, en mi funeral),
una oración al oírla,
¿quién murmurará?
Cuando mis pálidos restos
oprima la tierra ya,
sobre la olvidada fosa,
¿quién vendrá a llorar?
¿Quién, en fin, al otro día,
cuando el sol vuelva a brillar,
de que pasé por el mundo,
¿quién se acordará?
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